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Hinzpeter, siembra vientos…


Jueves 13 de mayo 2010 16:52 hrs.


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Es un hecho que la UDI no puede dejar de gruñir. Es demasiado poderosa. En esos ruidos guturales hay también amenaza política. Que Sebastián Piñera no les haga caso en materias sustanciales les irrita. No les gusta, y les incomoda, que se ponga en cuestionamiento ciertos dogmas, sea constitucionales (legados por Pinochet y Jaime Guzmán), morales o de otra índole. Pero, particularmente, y es el caso actual, les desagrada que se contravengan los mandamientos del neoliberalismo. Es levantarle la mano a Dios.

Da lo mismo lo que diga Evelyn Matthei, que reacciona con histeria a todo desacuerdo con Sebastián Piñera, porque quienes se consideran custodios de la esencia de la UDI no piensan como ella. Es que Matthei es mujer de odios y amores que cambian de orientación como un tornado. Qué curioso que la UDI tenga en sus filas las tres políticas más agresivas de Chile: Matthei, Jacqueline van Rysselberghe y Marcela Cubillos. Si las tres hacen juntas un sobrevuelo por el país, se escucharía un castañeo de dientes. Pero, al margen de los desacuerdos doctrinarios, está también el factor humano. Los choques personales por ambiciones.

El ministro del Interior, Rodrigo Hinzpeter, entrevistado en La Segunda hace algunos días, dio cuenta de sus aspiraciones respecto a su cargo. Sus palabras fueron sorprendentes por su crudeza. Indicó que, a raíz del terremoto, podría haber dejado actuar a los ministros sectoriales, “pero siento que mi rol como jefe de gabinete está en estar en todos los aspectos que tengan que ver con el gobierno”. Añadió que quiere marcar su sello personal, revalorizando la figura de ministro del Interior y la jefatura de gabinete.

Afirmó que “durante muchos años la figura más importante del gabinete fue el ministro de Hacienda y hoy vamos a demostrar en la práctica que un modelo en que el ministro del Interior de una persona cercana al Presidente, con un diálogo permanente con él, en conjunto y no excluyendo al ministro de Hacienda, configura una estructura de gobierno mucho más eficaz y eficiente”.

Eso significa que no quiere tener al frente algún secretario de Estado con tanta voz y voto como Andrés Velasco, ejemplo reciente de una figura dominante en un gabinete. Él aspira a situarse por encima del ministro de Hacienda.

Evidentemente, para expresar algo así, Hinzpeter seguramente tiene la licencia del Presidente. O habla dentro de parámetros convenidos con anterioridad con Piñera, quizá cuando planificaban qué gobierno harían.  Pero al frente se le puso, en otra entrevista en la misma edición de La Segunda, el senador Pablo Longueira. Dijo que le preocupaba que se hubiera desatado un campeonato de “lealtad” para con Piñera, sobre la base de “quién tiene más acceso al Presidente”. También que se le hubiese aceptado a la Concertación la exigencia de retiro de la depreciación acelerada del paquete económico de la reconstrucción, dándole un triunfo sin discusión ninguna. Y luego, un raspacachos: es lamentable que haya “ministros que logran cosas y lo muestran como que le doblan la mano a otro. [Hinzpeter imponiendo su tesis impositiva sobre Felipe Larraín]. Cuando uno lee que se debilita al ministro de Hacienda porque otro le dobla la mano, es muy malo (…) y más grave cuando se trata del ministro de Hacienda, que debe tener siempre pleno y total respaldo”.

Detrás de la trayectoria que se ha fijado Hinzpeter se aprecia un evidente ánimo de transformarse en presidenciable. Personas con la misma aspiración suya ya van conformando un lote. Están la propia Matthei, Alberto Espina, Andrés Allamand, Joaquín Lavín y otros. No son muy sutiles para preparar el terreno.

Ya se ha hablado de posibles conflictos UDI v/s voluntad presidencial y RN. En este amplio campo, con las declaraciones de Hinzpeter y Longueira, se visualizan puntos específicos de roces: uno, quién se impone en el gabinete entre la visión pragmático-política (Hinzpeter) v/s los economistas neoliberales (Felipe Larraín y Juan Andrés Fontaine); el otro, en el terreno de la construcción de candidatos presidenciales.

En este último aspecto, resulta evidente que la UDI ya está pensando en que para el año 2013, debe tener su propia figura. Nunca quedaron definitivamente bajo tierra las viejas antipatías que despertaba Piñera en el gremialismo. Y los actuales desencuentros bien pueden estar reavivando los antiguos sentimientos. En este sentido, seguramente a la UDI le desagradarán los intentos de claro perfilamiento presidencial de la gente que no sea de sus filas, como el actual ministro del Interior, lo cual los llevará a tomar medidas de defensa y también de ataque.Hinzpeter, para su desgracia, les acaba de dar un pequeño triunfo con su expresión destemplada (como el violinista que saca una nota falsa) al referirse al diputado PS Fidel Espinoza. Sea por falta de experiencia, o porque no es tan soberano sobre sus reacciones como aparenta. Se anotó un punto en contra.