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Jonás Chnaiderman

Probablemente usted

Jonás Chnaiderman | Jueves 13 de octubre 2011 9:11 hrs.


Si usted es un típico ciudadano chileno, es muy probable que no le gusten los “problemas” derivados del movimiento estudiantil de estos días: seguramente le molestan tantos desvíos de tránsito, los paros, la pinta de campo de batalla que toman las avenidas cuando se enfrentan carabineros y encapuchados, etc.

Al mismo tiempo, siendo un típico ciudadano chileno es muy probable que usted simpatice con la mayoría de demandas de los estudiantes tanto secundarios como universitarios, entre otras razones porque si es que no es en su familia directamente, entonces alguien cercano a su familia ha sido víctima ya sea de una mala formación básica/secundaria o de un interminable endeudamiento con los bancos para estudiar en alguna Universidad (no necesariamente muy buena…).

Finalmente, es muy probable que usted pertenezca al grupo de personas que no votó por el actual Presidente o que está arrepentido de haber votado por él (encuesta ICSO-UDP 2011).

Resumiendo, compatriota ciudadano, en su mundo ideal, Sebastián Piñera no sería Presidente, la educación sería de calidad y gratis y por lo tanto no habría protestas en las calles, porque no habría motivo para protestar.

Pero el mundo es como es y para peor, hay quienes no quieren que sea diferente.  Pero lo que es aún más grave es que quieren convencernos de que no puede ser diferente.  Y lo hacen de dos maneras: por un lado tratan de convencernos de que las utopías son cosa de extremistas (o “ultras” en el lenguaje moderno) y por otro lado tratan de convencernos de que los que “soñamos” diferente somos pocos.

Sépalo usted, no somos pocos.  Ellos son los pocos, ellos son los del 1% más rico del país que estrujan una estructura socio-económica que lo mantiene a usted esclavizado y a ellos satisfechos.  Sin embargo, tienen miedo.  Tienen miedo porque ellos sí saben que nosotros somos más, por eso quieren aislarnos, arrinconarnos a cada uno en nuestras casas, intimidándonos con sus “fuerzas del orden” que terminan obedeciendo órdenes que ni comprenden ni cuestionan (hombres y mujeres tan víctimas como usted, estimado compatriota típico…).

Pero es mentira que las únicas alternativas de este proceso son el caos o el orden: si hay algo que la historia ha enseñado es que ella no es ni blanca ni negra: siempre hay procesos grises, siempre hay períodos de transición hacia formas más desarrolladas de organización de las sociedades, y mejorar la educación chilena no es la excepción.

Felizmente, los líderes estudiantiles ya lo comprendieron: saben que para llegar a esa anhelada meta de educación de calidad y accesible para todos hay que planificar un proceso gradual.  Por lo tanto no le crea a los que acusan un supuesto “todo o nada”, no hay tal.  Los estudiantes apenas están incrédulos (tal como usted, probablemente) de que el sistema político actual pueda dar cuenta de ese recorrido que tanto usted como yo creemos que hay que recorrer: no confían porque la clase política que está en el poder no es confiable (usted probablemente también lo cree).  Por eso exigen compromisos verificables, no comisiones ni estudios (los diagnósticos sobran, inclusive desde la OECD).

Pero al igual que usted (probablemente), yo también valoro la democracia y por eso no quiero entrar en una espiral de violencia, aunque tampoco quiero que sigan condenando a mi familia a una mala educación.  Entonces, cómo avanzar sin caer en la violencia?  Ya presionamos en las calles, ya salimos centenas de miles a manifestarnos, ya ocurrieron actos culturales, foros, debates y sesiones especiales de la Comisión de Educación del Senado de la República.  Ahora qué?

El margen de acción de los típicos ciudadanos chilenos como usted se va estrechando cada vez más.  Quizás el pequeño margen de acción sin violencia que va quedando es el del caos económico: es muy posible que con el apoyo de sindicatos, juntas de vecinos, ONGs y otro tipo de grupos ciudadanos (como usted) se coordinen iniciativas para perjudicar procesos de la macroeconomía del país (huelgas, bloqueos de mercaderías, boicot de consumo, etc…), pero no es seguro que eso ocurra totalmente “libre de violencia”, pero es lo poco que va quedando para presionar por un cambio.  Los líderes de los estudiantes están viajando al exterior y seguramente lograrán coordinar mecanismos de presión ciudadana que vengan de otros países.

Después de este estrecho margen de acción, tendremos que elegir, amigo compatriota, entre aceptar el inmovilismo o aceptar que este gobierno optó por empujarnos a la violencia.  Probablemente usted y yo no queremos creer eso, verdad?

Jonás Chnaiderman es académico de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile y Senador Universitario.