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Política

¿Quién cambia qué?

Columna de opinión por Yasna Lewin
Miércoles 19 de junio 2013 9:32 hrs.


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Los anuncios programáticos de los candidatos presidenciales y sus debates televisivos de la semana pasada demostraron que la agenda pública está dominada por un dilema que trasciende a lo constitucional y reordena al electorado en torno a un eje de continuidad versus cambio. Y no solo respecto de la institucionalidad política, sino del modelo nacional de desarrollo en su globalidad.

La oferta de transformaciones que formula la mayoría de los candidatos opositores está dejando en cierta orfandad al proyecto que muchos de ellos instauraron durante los 20 años de gobiernos de la Concertación. No obstante, el oficialismo no parece mostrar ningún inconveniente en asumir a plenitud su paternidad sobre ese legado, remontándolo, eso sí, a una década previa que corresponde al período dictatorial.

Como un coro suenan los candidatos oficialistas, las autoridades de gobierno y buena parte del empresariado, advirtiendo que está en juego el modelo de país construido en los últimos treinta años, sobre el cual se cierne la amenaza de una estampida de la inversión extranjera, la desaceleración económica, el desempleo y otros males, por causa de las propuestas de reforma tributaria y de una nueva constitución.

Así las cosas, el statuo quo, incluida la “obra de los veinte años de la Concertación”, es ahora la esencia de la propuesta oficialista, mientras el cambio vuelve a serle propio a los partidos que encarnan el pensamiento social cristiano y social demócrata. Ese mismo cambio que, con otro significado, enarbolara el ex presidenciable y hoy generalísimo de la campaña UDI, Joaquín Lavín.

La mutación de roles también ha involucrado a la apuesta política más audaz de los últimos años, la del PRO, con un Marco Enríquez-Ominami que comienza a perder novedad, cediendo espacio a expresiones más rupturistas como las del candidato del Partido Humanista, Marcel Claude; la abanderada del Partido Igualdad, Roxana Miranda; el presidenciable del Partido Ecologista Verde, Alfredo Sfeir; y el líder del Movimiento por la Asamblea Constituyente, Gustavo Ruz.

De esta forma, la oferta programática se está transformando en un reacomodo de identidades político-culturales a la antigua usanza, superando las ambigüedades heredadas de la transición a la democracia. El modelo actual de desarrollo es defendido por la derecha, mientras la idea de un Estado Social de Derecho tiene domicilio en las alternativas opositoras.

Sin embargo, es poco probable que esta aparente tendencia a la polarización se prolongue más allá de las primarias. Hasta el 31 de Junio los candidatos y candidatas interpelan a su electorado duro, aquel que irá a votar en una elección destinada a ciudadanos con adscripciones claras y opiniones formadas.

Recién después de esa elección, las campañas comenzarán a disputarse el llamado “voto blando”, compuesto por una suma de ciudadanos de centro, personas indecisas o gente de adhesión volátil y opinión abierta.

A ellos alude el precandidato UDI Pablo Longueira, cuando habla de un “centro social”, distinto del centro político; es decir, un segmento de personas despolitizadas, de cualquier segmento socioeconómico, con en el que podría sentirse identificado todo aquel que recela de los partidos políticos y se dice parte del híbrido de la clase media. Y pensando en ellos es que las ofertas programáticas podrían relativizarse o volver a la ambigüedad de las medias tintas, los lugares comunes y los compromisos fáciles.

 

El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor y no refleja necesariamente la posición de Diario y Radio Universidad de Chile.