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Análisis económico:

Grecia no se irá de Europa

Así, si bien Tsipras tiene un punto con su victoria en el referéndum, el juego de variables para una correcta decisión final de los negociadores implica que Atenas reconozca que la deuda existe, que ya hubo una quita que alivió buena parte de su situación, y acatar aspectos legítimos del plan del FMI para solventar su recuperación y pago de lo adeudado. Pero también, de parte del FMI, BCE y CE, reconocer que durante la “década de oro” la banca prestó sin precaución dineros ajenos, que se equivocaron en muchas de sus proyecciones económicas y que, por lo tanto, ahora, el sacrificio debe ser mutuo.

Roberto Meza

  Martes 7 de julio 2015 16:30 hrs. 
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Mark Twain decía que “un banquero es un señor que nos presta un paraguas cuando hace sol y nos lo exige cuando empieza a llover”. La situación de Grecia es un evidente ejemplo del aserto.  Pero no hay que alejarse tanto en busca de comprobación. Chile también lo ha sufrido en carne propia.

Pero ¿son tan desalmados los bancos? Por de pronto, se trata de entidades jurídicas que prestan y reciben dinero. De total que facilitan, una pequeña parte son recursos propios y una grande son ahorros de personas depositados a cambio de un premio–la tasa de interés- por “postergar su consumo”. El banco, a su turno, cobra una tasa mayor a la que pagó al ahorrante cuando le da crédito a un tercero que requiere esos recursos.

La rueda continúa cuando el banco decide a quién presta y a quien no y, en tal caso, la afirmación de Twain emerge cruda y directa. Dado que opera mayoritariamente dineros ajenos, quiere asegurarse que esos recursos retornarán para devolverlos al ahorrista con el interés prometido. Entonces ¿quién prestaría su dinero a alguien que, en mala situación económica, difícilmente podrá pagarlo? Quienes toman esos riesgos, los especuladores, lo hacen a cambio de tasas muy altas, aunque de paso, permiten al resto de los agentes conocer los precios límites al alza y la baja de determinada actividad.

Hasta hace algunas décadas, a Chile le prestaban poco y caro –incluso la URSS, su hermano mayor en la red mundial del socialismo, rehusó prestarle en tiempos de Salvador Allende-. El buen comportamiento económico posterior, así como su preocupación por pagar a tiempo, le fue ganando confianza mundial y, en los últimos años, Chile es la nación que capta los préstamos más baratos de América latina, lo que favorece la inversión y desarrollo de sus proyectos. Claro. Los bancos estiman que Chile es seguro y buen pagador, porque, al mismo tiempo, como Estado ya no sólo no es deudor, sino acreedor neto. Como se ve, el paraguas se presta cuando hay sol.

En los últimos años hemos asistido a las consecuencias de la crisis de 2008 desatada por malas prácticas de mega bancos internacionales, varios de los cuales cerraron, otros se han fusionado y/o han sido enajenados, mientras algunos sobrevivientes han debido pagar enormes multas por sus delitos. En tal entorno, Grecia fue sólo un eslabón de una cadena de prestatarios de dinero fácil que incluyó a Irlanda, Portugal, España, Italia y varios otros de la Europa oriental.

Como se sabe, grandes bancos y Wall Street crearon ingeniosos modelos de apalancamiento que, mediante “derivados” del dinero real de los ahorrantes, aumentaron artificial y bruscamente la masa de dinero a nivel mundial, generando una “sensación de abundancia” inexistente. Así podían prestar más dinero que el de los ahorristas, con menos exigencias y bajas tasas, incrementando sus utilidades y millonarios bonos para sus ejecutivos. Como resumen, el mundo llegó a tener asentamientos contables en derivados financieros por al menos 10 veces el PIB mundial.

La superación de este embrollo lleva casi siete años y seguramente demorará varios más. Como buena parte de las acreencias son por ahorros de largo plazo (hasta 40 años por fondos de jubilaciones o inversión) la mochila se irá arreglando en el camino. Mientras tanto, el dinero ha seguido circulando a la velocidad de la luz, gracias a las TIC’s, permitiéndole muchas vueltas en poco tiempo, en un proceso en que cada operación genera microganancias que multiplican la riqueza al poner los recursos en los lugares y tiempo preciso en que se requieren. De allí el enorme aumento de las principales fortunas del mundo, que han crecido sistemáticamente a mayor velocidad que el PIB del orbe.

El FMI, los Bancos Centrales y bancos privados, entonces, deben ajustar la relación entre esa enorme masa de dinero “ficto” con la actividad y producción real de la economía, razón por la que los emisores la han estado licuando con dinero impreso que permita al sistema financiero viable enfrentar sus obligaciones de pago sin romper la cadena del dinero. A su turno, los prestatarios han sido “estrujados” para pagar lo que deben y evitar -en parte- que la masa de liquidez de los QE detone una superinflación que arrastraría al desastre a todas las economías. El “moral hazard” que implicaría un arreglo para Grecia sin sacrificios por parte del prestatario, es otro factor político relevante: sectores duros galos y alemanes son partidarios de una salida de Grecia del Eurogrupo, dejar quebrar sus bancos y derrumbar su economía como lección universal del costo de no pagar.

Así, si bien Tsipras tiene un punto con su victoria en el referéndum, el juego de variables para una correcta decisión final de los negociadores implica que Atenas reconozca que la deuda existe, que ya hubo una quita que alivió buena parte de su situación, y acatar aspectos legítimos del plan del FMI para solventar su recuperación y pago de lo adeudado. Pero también, de parte del FMI, BCE y CE, reconocer que durante la “década de oro” la banca prestó sin precaución dineros ajenos, que se equivocaron en muchas de sus proyecciones económicas y que, por lo tanto, ahora, el sacrificio debe ser mutuo, tal como le ha pedido EE.UU. a Alemania y Francia, aunque por otras razones, las geopolíticas, vinculadas a la presencia de China y Rusia en el área, otro de los factores nada irrelevantes subsumidos en la tragedia griega y que probablemente impulsen una salida mixta que, estimamos, evitará finalmente que Grecia salga del Eurogrupo.

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