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Revisitando a Raúl Ruiz

La retrospectiva al trabajo de Raúl Ruiz que se inaugura el próximo martes en la Cineteca Nacional nos da la oportunidad de reencontrarnos con el más internacional de los directores chilenos. La revisión de parte fundamental de su cinematografía nos permite acercarnos a este ejercicio tan potente de mirarnos con distancia, descubriendo claves de nuestra idiosincrasia que Raúl Ruiz supo poner como nadie en pantalla grande.

Antonella Estévez

  Sábado 2 de julio 2016 14:47 hrs. 
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No hay dudas de que Ruiz es el más reconocido y más prolífico director chileno. Son más de doscientas obras audiovisuales las que desarrolló principalmente en Europa, aunque siempre refiriéndose –de una u otra manera- a su Chile imaginario, ese que está lleno de los detalles propios del carácter nacional, y en muchas ocasiones de la personalidad específica de la gente de Chiloé, donde tenía sus raíces el director. Mucho antes de salir del país, Ruiz había demostrado la agudeza de su mirada para representar esa distintiva manera de ser de los habitantes de esta región, su primer largometraje “Tres tristes tigres” de 1968 –basada en la obra teatral de Alejandro Sieveking- expresaba ya la capacidad del director para poner en escena esta lateralidad del carácter chileno, que expresa sin decir, que calla y comunica y que se mueve inquieto e inseguro de un lado a otro de la capital. Es esta misma película, en versión restaurada, la que abrirá esta muestra en la Cineteca Nacional y que permitirá, tanto a aquellos que la vimos en unas copias de sospecho calidad y a esos espectadores que no la conocen aun, reconocer porqué se considera que es una de las películas centrales del cine chileno.

La retrospectiva “Celebrando a Ruiz”, que estará con funciones hasta finales del mes de agosto, es una interesante selección de la producción del cineasta en sus más cinco décadas de trabajo y mezcla películas realizadas en Chile y en el extranjero, nueve de ellas recientemente restauradas por la Cineteca Nacional y la Cinemateca Francesa. Otra cosa que me parece notable de esta selección es que incluye algunos trabajos realizados por el director para la televisión chilena: “Cofralandes. Rapsodia Chilena” -una serie de cuatro capítulos exhibida en 2002 y en donde el realizador utiliza las posibilidades de la tecnología digital para hacer algunas reflexiones sobre el ser chileno, y que ganó el premio Fripreci en el Festival de Cine de Montreal- y “Litoral” una serie también de 4 capítulos que se mostró en Televisión Nacional en 2008, que permiten ver el despliegue del lenguaje y estilo ruiziano en estos otros formatos.

Son en total veinte obras, algunas de ellas nunca estrenadas en Chile, las que podrán ser vistas durante estas semanas. Desde las seminales “Tres tristes tigres” y “Palomita Blanca” hasta producciones recientes como la estrenada postumamente “La vereda del frente” (2012) y  “Misterios de Lisboa” (2010) un filme de 266 minutos, organizado en dos partes que es una excelente muestra de la perfección del manejo del audiovisual y narrativo que Ruiz había alcanzado en su cine hacia el final de su vida.

Mucho se ha dicho del genio de Ruiz, cuando falleció hace casi cinco años en todo el mundo se escribieron largas columnas para alabar la potente y personal cinematografía del realizador, su mente inquieta y voraz, llena de anécdotas de los más diversos orígenes; su capacidad barroca de organizar el caos y llenar de detalles historias que venían dentro de otras historias, como unas interminables muñecas rusas, y su mirada cinematográfica que convirtió en imágenes aquello que nos parece tan irrepresentable como un espejo. Y aunque siempre es bueno leer sobre Ruiz, esta vez tenemos la posibilidad de acercarnos directamente a experimentar su obra en pantalla grande, a revisionar el trabajo de un maestro, reflexionar sobre él en una serie de foros y debates, y de paso reconocernos en aquellas historias que recogió, re armó y nos contó.