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Año XI, 19 de noviembre de 2019

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Alberto Mayol: “Desde el interior de la elite no existe salida a la crisis política actual”

El sociólogo de la Universidad de Chile y académico de la Universidad de Santiago, conversó con Radio y Diario Universidad de Chile sobre su último libro “Autopsia, ¿de qué se murió la elite chilena?”, y planteó que no existe, hasta ahora, un liderazgo que desde fuera de la elite, impugne el pacto que en los últimos años ha hecho crisis en la escena política y social chilena.

Diario Uchile

  Miércoles 20 de julio 2016 16:25 hrs. 
Alberto Mayol

“Autopsia, ¿de qué se murió la elite chilena?”, se titula el último libro del sociólogo Alberto Mayol, en el que reflexiona sobre la impugnación que se ha venido produciendo en las elites chilenas en los últimos años, sus causas y consecuencias. También describe la eventual muerte de esta elite y se pregunta si su resurrección es posible.

En conversación con Radio y Diario Universidad de Chile, Mayol profundizó en algunos aspectos que aborda en su libro, haciendo énfasis en la crisis terminal de la elite que estamos viviendo, y de la cual sólo algunos podrán surgir, pero en ningún caso todos sus integrantes juntos.

-En una parte de tu libro planteas que nunca en la historia de la humanidad se había producido un desequilibrio de poder tan grande entre la dimensión económica y la dimensión política. ¿Qué relación tiene ese desequilibrio con la ruptura del pacto que tenía consagrado a un determinado tipo de elite en Chile?

Lo primero que es general, se manifiesta en todos los países y también en Chile, es que la capacidad de producir dinero como capital especulativo a nivel mundial es una posibilidad que trastoca por completo las posibilidades de una relación con lo político que sea saludable. Aristóteles ya decía, en una época donde el dinero era un bien bastante escaso y rudimentario, que cuando el dinero se desancla de los objetos lo que se destruye es la política. Lo que tenemos hoy día es una dimensión de capital especulativo tan grande en el mundo que evidentemente la relación entre los poderes económicos y los poderes políticos ha perdido toda dimensión. El escenario es de una gran bifurcación, porque por un lado tenemos una sociedad mundial que está con mucho malestar debido a esta acumulación de dinero, pero que no ve ninguna viabilidad de poder llevar a cabo sus propios proyectos. Por otro lado, este gran capital no tiene ninguna legitimidad, pero tiene toda la viabilidad. Esta gran paradoja es la que cruza la historia de la humanidad hoy en día.

-¿Eso también en Chile?

Si nos vamos al caso chileno, esto se expresó de un modo muy radical, pero en un periodo en que estuvo muy bien vestido, la transición chilena fue un momento donde se construyó un escenario que funcionó, donde se legitimó la idea de esta acumulación de capital y se dieron las condiciones para ello, se consideró que estas personas eran muy competentes, muy capaces y eso terminó de cuajar una base de legitimidad para este modelo y para este grupo que ostentaba el poder.

-Si la asimetría de poder es tan grande y la elite política chilena le debe cuentas a la elite económica y no a la ciudadanía que los elige, estamos ante un problema que no se reemplaza simplemente con la emergencia de otra elite.

Evidentemente. Lo que pasa es que hay distintos mecanismos de transformación de una elite, pero hay uno más grave y más complicado, que es que no haya reemplazo sin que se solucione el problema incluso. Uno de los elementos fundamentales de entender las elites es que son relaciones y las relaciones articuladas son pactos. Por lo tanto, toda elite está configurada sobre una especie de pacto, el que si uno lo mira macrohistóricamente tiene poco movimiento, pero si uno lo mira a treinta años plazo tiene algún nivel de movimiento. En el caso chileno, hubo un cambio muy radical de la elite histórica después de los años 60, básicamente porque hay un gran esfuerzo de desmontar esa elite por parte de un proceso social del cual los gobiernos se tienen que hacer cargo, desde Jorge Alessandri que es de derecha hasta Eduardo Frei Montalva, de centro, y termina con un Salvador Allende que consuma esto con la nacionalización del cobre y la reforma agraria. Eso destruye la elite oligárquica tradicional de Chile y en los años 80 se reconfigura este nuevo pacto de elite que reincorpora a este grupo anterior, pero con una posición secundaria. Aparecen en primer lugar los grandes grupos económicos nacientes, intensivos en capital. Luego, en los 90, esto se desdibuja por completo, cuando se les hace bajar en la posición a los militares, pagándoles prebendas para que bajen sin tener un trauma y se sube a la elite política primero a la Concertación, después a la Concertación más la derecha y al ala más conservadora de la Iglesia, que le otorgaba legitimidad al sistema. Ese es el pacto que hemos vivido, hay otros actores secundarios en esta escena, pero cuando viene una impugnación radical y se forma una crisis de esta elite, no es tan fácil saber cómo se va a salir. Lo que sí sabemos hoy día es que tal como está es imposible. La solución conservadora, a mi juicio, sería una asamblea constituyente, porque eso permitiría a la elite política rearticular su relación con lo social. El problema de esa solución, que es conservadora, es que cambia mucho más de lo que la elite está dispuesta a cambiar.

-¿Y en ese mapa, qué lugar tiene una candidatura de Sebastián Piñera o de Ricardo Lagos?

Un lugar muy clásico. Normalmente en crisis como esta, cuando los impugnadores han sido débiles, lo que pasa es que la ciudadanía elige a los que otorgan viabilidad y aparecen los nombres antiguos. Si uno mira la historia de Chile, algo muy parecido pasó el año 20, con la emergencia del proletariado como un sujeto social y no del todo político todavía y aparece un impugnador que es cooptado rápidamente, que es Arturo Alessandri y se producen 40 largos años en los cuales la elite está en crisis y al mismo tiempo no hay ningún impugnador capaz de reemplazarla. Y nos damos vueltas esos 40 años entre Arturo Alessandri y Carlos Ibáñez del Campo, ambos son dos veces presidentes y ministros sucesivamente en los gobiernos radicales, pendulando este proceso en dos liderazgos desde la derecha, desde tipos que no hacen parte directamente de la elite, pero sí defienden sus intereses. Por tanto, perfectamente puede pasar que una crisis de la elite no redunde en un gran triunfo de los sectores populares o la clase media, sino que simplemente en un proceso decadentista.

Hablabas de que toda elite era un pacto. ¿Qué le aportaba a ese pacto la Nueva Mayoría o la Concertación y qué le puede ofrecer ahora?

La Concertación fue muy importante porque el pacto que se firma en los 80 es el pacto que procura el plebiscito. El plebiscito no es esta cosa épica o heroica que nosotros queremos creer. Es importante sacar al dictador del gobierno, pero fue un proceso que se produce por movilización social, donde la dictadura ofrece esta salida del plebiscito. Y eso es un pacto largo, un pacto que se expresa en, por ejemplo, la venida de Juan Pablo II el 87 donde, literalmente, gobierno y oposición de ese entonces se reparten al Papa día por día, lo que se refleja en el plebiscito y en las 54 reformas constitucionales del 89, donde el 99 por ciento del país vota a favor de las reformas y solo una minoría muy pequeña discute sobre la necesidad de una nueva Constitución. Después hay ministros de Pinochet que pasan a ser ministros de Aylwin para poder viabilizar el cambio de mando, hay una serie de procesos que se van dando en este pacto. En ese proceso, la llegada de la Concertación era muy importante, porque lo proveía de legitimidad, que venía fundamentalmente del tema de los derechos humanos. Es decir, ellos dicen yo acepto con algún cuestionamiento el modelo político, casi sin ningún cuestionamiento el modelo económico, pero lo que no acepto es honrar a Pinochet, porque violentó los derechos humanos. Se tragan igual a Pinochet en términos de comandante en jefe, de senador después, en fin. Pero hay algo que no aceptan, que deja de serlo el 98 cuando defienden a Pinochet en Londres y cuestionan la propia doctrina de los derechos humanos en gran medida creada en Chile que decía que los derechos humanos son temas internacionales. En ese momento se desdibuja el mapa, e inmediatamente casi gana la derecha la elección, y de ahí se firma ya el pacto definitivo que es el pacto donde todo el sistema político concurre unido, consensuado a proveer de legitimidad al actor principal de este pacto que es el empresariado nuevo, el empresariado intensivo en capital financiero ante todo. La Concertación entregó un capital muy importante, junto con la Iglesia, y ese capital se fue desgastando hasta que llega la Nueva Mayoría que hace algo sin saberlo -esto es interesante- porque la coalición en su esfuerzo ‘gatopardista’ hace algo que no se da cuenta, porque no lo tenían conciencia de lo que significaba su acto, cuando ellos dicen ‘tenemos que hacer un par de reformas -inconsultas-, no podemos ir a consultarles a estos tipos porque sería impresentable’. Los tipos dicen ‘están rompiendo el pacto. Esto no se hace, la decisión puede ser X o Y, pero no pueden saltarme’. Esos tipos son el empresariado. Entonces, la Nueva Mayoría dice ‘no, no podemos ir a consultarles, tenemos que dar señales claras de que esto nosotros lo estamos controlando’. La Nueva Mayoría, en ese caso, lo que dice es que ‘yo estoy disponible para ponerme en el primer lugar del pacto, o al menos estar al mismo nivel que el empresariado’, y el empresariado eso es lo que resiente, y eso es lo que no acepta. La Reforma Tributaria uno, respecto de la Reforma Tributaria dos no modifica en gran medida la estructura del costo que significa para el empresariado, lo que modifica es la estructura política de la situación.

-Una hecha sin la participación del empresariado, y la otra hecha con las correcciones del empresariado.

E incluso, hecha por el empresariado, en gran medida, entendiendo que tenía que haber una recaudación ‘X’. ‘Deme la recaudación y yo veo cómo’.

-Uno siempre recurre a la reserva cuando le empieza a fallar lo que tiene, y por eso está el concepto de ‘reserva moral’, entonces de acuerdo al itinerario histórico que tú has hecho, había una época en la historia de nuestro país que las FFAA o el Ejecutivo violaban los derechos humanos, pero estaba la reserva moral de la Iglesia católica o de las iglesias, y el peso que eso tenía. Luego, la disputa política de los 90 recuerdo haber escuchado a los dirigentes de la Concertación decir algo con lo que la gran mayoría de los chilenos estaba de acuerdo, y era que ‘nosotros tenemos una superioridad moral sobre la derecha’, y era precisamente por la dimensión del exilio, de las violaciones a los DDHH, de la persecución, de la muerte de familiares y amigos, etc. Hoy día se acabaron las reservas morales, incluso para la derecha, las FFAA dejaron de ser una referencia en la medida que pudieron haber violado los DDHH, pero ahora aparecen como ladronas, y eso es algo que para el ethos de la derecha es imperdonable. ¿Qué es lo que ocurre cuando ya no queda nada a lo que recurrir para decirle a la sociedad, al pueblo que hay un camino de salida, o que hay alguien que puede tomar la posta?

Lo que ocurre es que no hay una posibilidad de una mera renovación de las élites. Las élites cuando están en dificultades pueden renovarse.

-Es decir, cuando hay reserva moral puede haber renovación

Claro, tú puedes llamar y decir ‘mira, estamos desgastados políticamente, la gente siente que somos incompetentes, traigamos gente muy experta, traigamos una tecnocracia fuerte. Hay soluciones’. Las crisis de las élites parten con una crisis moral, se transforman en una crisis política, y al final terminan nuevamente en la moral, y estamos, efectivamente, en este final donde la gente dice ‘a ver, aquí el punto es que nos engañaron, el punto es que nos mintieron, el punto es que estos tipos estaban vendidos’, ese es el punto. El punto de fondo es que nos habían dicho que ellos eran santos, y no sólo no eran santos sino que, además, nos habían traicionado y habían vendido nuestro derecho político en forma de mercancía. Ese es, básicamente, la crisis que tenemos hoy día, por eso digo que no hay salida desde dentro del pacto, tienen que haber una nueva articulación, y por eso es tan importante los otros actores, pero por eso mismo la élite se defiende y dice ‘tratemos de entrar en una decadencia total, porque si dejamos que otros actores tengan capacidad moral, nos podrían reemplazar’. Entonces, dicen ‘traigamos a Giorgio (Jackson), pero traicionemos a Giorgio para que quede enlodado’, entonces se va, pero dicen que ya lo debilitaron y ya no los puede atacar, entonces van viendo cómo enlodar todo porque eso permite, a las élites estar 30 o 40 años en la gelatina, hasta que finalmente logren encontrar algún liderazgo, algún nombre que les permita renovar la élite desde dentro. Eso, en general es bastante complicado, hoy día no se ven las condiciones porque no hay ningún actor que no esté cayendo.

-La Biblia nos enseña que luego de la muerte viene la resurrección. Lo que dice la Biblia es aplicable a la élite chilena, luego de haberse comprobado lo que podríamos llamar, al menos a la luz de tu libro, la muerte científica de la élite chilena. ¿Puede haber resurrección o ya no?

Los actores del pacto pueden encontrar una nueva configuración de pacto que les permite, a algunos de ellos, resucitar. Todos juntos no.

-Pero esa ya es una élite distinta

Así es. Todos juntos no pueden. Por eso ves que, hoy día, que después del caso Penta -es interesante este caso porque es el que marca esta fractura-, ha habido un retiro y renuncia a los partidos políticos de gran cantidad, pero además de gente muy conocida, y otros desconocidos que se van de los partidos. Eso es una fractura porque todos quieren abandonar ese barco, están buscando un nuevo horizonte. Creo que hay que ir mirando hacia dónde se van a dirigir los distintos actores, qué van a buscar. Mi impresión es que hay un grupo muy conservador que todavía considera que esto se puede apuntalar, se le puede organizar, pero creo que eso, además, es el error típico de las élites, es dispararse en el pie porque tú tratas de ponerle un muro de contención que evita la llegada del malestar social, y tienes que ir echando adelante recursos, y esos recursos hacen que se profundice la crisis, por ejemplo primero cae el Grupo Penta, pero después cae el Grupo Matte. El Grupo Penta son 30 años de historia, el Grupo Matte son ciento y tanto, entonces tú vas profundizando la crisis. Creo que la gran pregunta es si acaso va a haber un impugnador de la élite, con la capacidad de un Pablo Iglesias en España, de un Donald Trump en Estados Unidos, de cambiar la conversación completa respecto de la posibilidad de nuevos liderazgos, o si nos vamos a quedar con líderes impugnadores que después canjean sus acciones dentro de la misma Bolsa de Comercio.