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Chile: primavera en vez de otoño en marzo

Patricio López

  Lunes 2 de marzo 2020 17:50 hrs. 
A partir del 18 de octubre de 2019 Chile vivió un denominado 'estallido social' que levantó demandas de la ciudadanía en torno a mayor igualdad en el país y la impugnación a una clase política fuertemente elitista. Foto: Archivo.


Hoy, lunes 2 de marzo, empieza en términos simbólicos y concretos un año histórico, probablemente el más importante para el futuro del país desde 1990. La voluntad de transformación contenida durante décadas que estalló el pasado 18 de octubre ha sido, lamentable y dolorosamente, objeto de una represión inusitada y de las violaciones a los derechos humanos más graves desde la dictadura de Pinochet, en palabras de Amnistía Internacional, pero al mismo tiempo de una fuerza ciudadana que no ha podido ser sometida ni por la violencia, ni por el descrédito ni por el bloqueo mediático.

Durante los días previos a este día llamado ya sin gracia “súper lunes”, el Gobierno fue objeto de críticas y señalamientos a través de movilizaciones ciudadanas, en los estadios, en los festivales musicales veraniegos como el Festival de Viña e incluso ayer en Montevideo, durante el cambio de mando que invistió al presidente Luis Lacalle Pou. La sensación de que asistimos a un mes que será extraordinariamente convulsionado está extendida, lo cual se azuza por un discurso del Gobierno completamente cerrado a las causas del malestar y que insiste en el vandalismo sin contexto como el único asunto del cual ocuparse. Especialmente llamativas fueron las declaraciones anoche en televisión del presidente Piñera, donde todas sus preocupaciones como mandatario giraron en torno al orden público, sobre la base de dos ideas fuerza: la primera es dividir al país entre violentistas y pacifistas, incluyéndose él en el último grupo; y segundo, insistir en la idea de una violencia organizada, sin que como en todas las veces anteriores se dieran pruebas sobre quienes estarían detrás de este plan siniestro. Incluso hizo mención a violentistas que quemaron hospitales con pacientes dentro, asunto respecto al cual como medio de comunicación no hemos tenido ningún indicio en estos meses.

La alusión al vandalismo no solo preocupa porque puede ser usado como una justificación para mantener o incrementar la represión, sino porque se está tratando de instalar un discurso elitario que usa este argumento para deslegitimar e incluso para desbaratar el plebiscito constitucional del próximo 26 de abril. Es notorio un guion, aunque se pretenda que sea invisible, que transforma en un coro la opinión de dirigentes políticos, editoriales mediáticas y analistas, los cuales, a pesar de su evidente homogeneidad, vienen siendo presentados hace décadas como expresión de la diversidad de la sociedad chilena.

Frente a estas jugadas, cuyo objetivo último es perpetuar el Chile injusto y desprovisto de la dimensión pública que se ha fraguado en las últimas décadas, se hace indispensable una gran voluntad ciudadana. Diversa, tolerante, con voluntad de una saludable politización de la sociedad chilena, que conciba un país que nos aglutine en torno a bienes comunes de los que todas y todos nos sintamos responsables y al mismo tiempo beneficiarios, que no se encierre en las casas por miedo a los desconocidos, que ocupe las plazas para que no sean peligrosas y que ocupe las calles para que no estén solo a disposición de la vida displicente de quienes van y vienen en automóvil. Chile florece y a pesar de los pesares no hay que dejar que el miedo se apodere de este marzo inédito en el que, en vez de llegar el otoño, podría llegar la primavera.

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