Diario y Radio Universidad Chile

Año XIV, 1 de octubre de 2022

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Juan no es muy Sutil

Columna de opinión por Nataly Campusano Díaz 
Martes 19 de enero 2021 18:43 hrs.


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El domingo de la semana pasada se entrevistó al presidente de la CPC, Juan Sutil, en el programa Pauta Libre, quien entre muchas frases polémicas afirmó que el sueldo promedio en Chile era de unos 690 mil pesos, que ese monto se ganaba como mínimo en muchos sectores de la producción empresarial y en la agroindustria este podía subir a los 800 mil e incluso superar el millón de pesos.

Ante la mirada atónita de los panelistas del programa político de La Red, quienes replicaban que sus dichos no se reflejaban en las cifras reales que entregan expertos de diversas fundaciones, como SOL y que afirman que el ingreso promedio del 70% de las familias está entre los 400 y 500 mil pesos, Sutil insistió y agregó que aquel promedio se debe a que el 40% del país “opta” por la informalidad y que es un desafío del país avanzar a la formalidad del empleo.

Las palabras del Presidente de la CPC muestran una clara desconexión del mundo empresarial con la realidad que se vive en las poblaciones, y cuando las cifras  no coinciden con los datos que la macroeconomía dice tener o generar en Chile, la responsabilidad no es de la ambigüedad o abstracción con que se trabajan los índices económicos, sino de la ciudadanía que no es parte de los grandes círculos empresariales, de la ciudadanía excluida del llamado “milagro económico” chileno.

Aquello no termina solamente ahí, porque si analizamos incluso las cifras reales que se manejan en gran parte de los empleos de quienes “optan” por la informalidad laboral, veremos que en la mayoría la cifra de 690 mil pesos no se alcanza ni de cerca. 

Gran parte de esa fuerza laboral informal tuvo alguna experiencia en lo formal, trabajando para empresas del mundo del retail en donde los sueldos rara vez superan el mínimo y si es que llegan hacerlo, el ingreso promedio en esos lugares no es mayor a los 400 mil pesos, pues no hablamos de cargos de ejecutivos ni de gerentes de empresas, sino que de reponedores, cajeras, guardias, auxiliares, promotores, vendedores de secciones, etc.

Por otra parte, hay un grave error al decir que se “elige” la informalidad, sobre todo, cuando quienes trabajan en el comercio ambulante en su mayoría son mujeres que no tienen otra posibilidad de empleo, ya que el Estado no les ayuda con la labor de cuidados de sus hijos e hijas o adultos mayores y cuyo trabajo no remunerado ocupa en promedio 6 horas diarias —3 más que los hombres — con un valor que en el PIB podría ser de un 28%.

Esas no fueron las únicas palabras de Juan Sutil durante la semana, también en el discurso de la ENADE habló del proceso constituyente, el que catalogó como una oportunidad de construir un Estado nuevo y avanzar hacia las ideas que la sociedad anhela, no sin antes mencionar que eso no puede desconocer lo que se ha logrado en estas décadas, dónde, según sus palabras, Chile se volvió un ejemplo para la región al aumentar su PIB en más de un 25%, disminuir la pobreza extrema de un 70% a un 10% y establecerse como un “amigo” del mundo al tener rutas comerciales con el 87% de este. 

Nuevamente cifras macroeconómicas que no son fieles a la realidad, porque durante estos 30 años que se lograron todas esas “maravillas” a ojos del empresariado, el chileno y la chilena común y corriente no tuvo acceso a la educación superior, a la salud, a la vivienda, a los bienes comunes naturales, a un trabajo digno, y solamente vio como el costo de la vida aumentaba al mismo ritmo que el llamado crecimiento económico beneficio tan solo al 1%  de Chile, el que incluso en plena pandemia, mientras gran parte de la sociedad ha recurrido a las ollas comunes para alimentarse, algunos “afortunados” han logrado aumentar su capitales, sin sentir los reales efectos de esta crisis sanitaria, social y económica que  se vive en las poblaciones. 

Finalmente, en ese mismo discurso, Sutil dejó de manifiesto que el empresariado, luego de optar por el Rechazo, hoy quiere instalar nuevamente el neoliberalismo y el Estado subsidiario en la nueva Constitución con conceptos ambiguos como el de democracia robustaEstado confiable y creando falsos clivajes, dejando a  la política como el actor negativo de la sociedad y al empresariado como el positivo. Para evitar aquello debemos ir con la claridad y fuerza necesaria que termine con el país de las maravillas en las que vive Juan Sutil, en el que como decía Parra “hay dos panes en la mesa, yo me como 2 y tu ninguno, consumo promedio por persona: uno”. 

El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor y no refleja necesariamente la posición de Diario y Radio Universidad de Chile.