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Columna de opinión por Veronica Rabb Saitis
Jueves 10 de noviembre 2022 18:00 hrs.


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Se empieza por un nacionalismo radical extravagante, el afecto iracundo a la bandera. De ahí se pasa al autoritarismo, a la discriminación, al racismo, a la defensa de todo lo que provenga del macho, a los colegios apartados de la realidad, a la anulación de lo público, al incremento de las armas de fuego y desde luego al gusto por mantener las diferencias entre las clases sociales, más conocido como clasismo.

Esta semana, en una entrevista de un matinal de televisión en la que tuvo el mérito de nuevamente intentar desinformar esta vez durante debate sobre la nueva reforma de pensiones, el senador republicano Rojo Edwards, al ser consultado sobre la parte de la propuesta del Ejecutivo en que se señala que un ente público sería el encargado de administrar las futuras pensiones, utilizó la ironía para responder: “Si es así, espero que usted tenga la razón. Lo que nosotros decimos es muy bien. Pero permitámosle a las personas elegir quién lo hace’, porque puede haber otros problemas.

Yo sé que son cosas distintas, pero el año 2008 en Argentina, se levantó Cristina Kirchner un día en la mañana…”, expuso Rojo. La respuesta generó algo de molestia en la periodista, quien frenó en seco al senador y rebatió: “Pero ahí expropiaron los fondos, estamos hablando de una cosa nada que ver. No es que, Rojo, de verdad, no desinformemos. Lo que hubo en Argentina fue una expropiación de los fondos de pensiones, esto estamos hablando de una reforma del sistema de pensiones, donde se garantiza la cotización individual, inexpropiable”, agregó. Yo no escuchaba algo semejante desde hace meses. Para ser más exacta, desde junio de este año. La mentira de Rojo Edward me devolvió a las palabras de la periodista Mónica Rincón quien también en vivo le paró los carros al senador republicano cuando se encontraba criticando duramente el borrador que la Convención Constitucional que se estaba terminando, la periodista lo interrumpió para corregirlo y desmentir las afirmaciones imprecisas que hizo el senador antes de terminar la entrevista. “Se nos acabó el tiempo. Más allá de las evaluaciones personales, en rigor de la información, debo decir que no es efectivo que diga claramente que los fondos de pensiones no van a ser nuestros”, emplazó la conductora. “El sistema le puede gustar a usted o no, pero no dice ‘claramente’ que los fondos no van a ser nuestros. (…) No dice lo que usted está señalando”, prosiguió Rincón, encarando a Edwards por su alocución. “Lo invito a leer el borrador para darse cuenta”, remató la periodista.

No es la primera vez que periodistas encaran en vivo y en directo al senador republicano. Así como mintió hasta que ganó el rechazo de la propuesta Constitucional, hará lo mismo hasta ver rechazada la reforma de pensiones. Y es que las desgracias nunca vienen solas, digo yo. Se empieza por un nacionalismo radical extravagante, el afecto iracundo a la bandera. De ahí se pasa al autoritarismo, por amor a Chile, a la discriminación, por amor a Chile, al racismo, por amor a Chile, a la defensa de todo lo que provenga del macho, por amor a Chile, a la anulación de lo público, por amor a Chile, al incremento de las armas de fuego, por amor a Chile, y desde luego al gusto por mantener las diferencias entre las clases sociales, por amor a Chile, más conocido como clasismo, base primordial de ese amor que Chile no ha suplicado y que nos causa arcadas a muchas chilenas y chilenos. Este señor Rojo pone un toque de color pero de estiércol. Y mediante slogans populistas, él y varios más que transitan por la misma vereda tratan de confundir, de llevar a las y los ciudadanos a una cultura aún más individualista, engañando para que no sea posible reducir las desigualdades. Por amor a Chile, eso sí. Por amor a Chile.

El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor y no refleja necesariamente la posición de Diario y Radio Universidad de Chile.