Parisi vs. Parisi

  • 31-05-2026

El PDG de 2025 obtuvo más del doble de votos que el de 2021. Pero ya no es el mismo partido. Lo que nació como protesta antisistema se transformó, en cuatro años, en la bisagra más codiciada del sistema.

En noviembre de 2021, Franco Parisi obtuvo 900 mil votos sin pisar Chile. Hacía campaña desde Alabama por YouTube y Facebook, denunciaba a la “oligarquía” con la gramática simple del outsider y capitalizaba el hartazgo post estallido de un electorado que buscaba algo que no se pareciera a nada conocido. Cuatro años después, en noviembre de 2025, obtuvo 2,55 millones de votos: casi el triple. Hizo campaña en terreno, cerró en La Pintana, llegó a Concepción con autos “enchulados” y construyó una lista que eligió 14 diputados. Y, en el camino, se convirtió en lo que decía combatir: una fuerza política que el sistema necesita para funcionar y con la que todos quieren negociar.

Parisi 2021 vs. 2025 — datos clave

Votos presidenciales 2021 900.000 · 12,8%

Votos presidenciales 2025 2.550.000 · 19,7%

Diputados 2021–2022 6 electos · bancada disuelta en diciembre 2022

Diputados 2025 14 electos · segunda fuerza parlamentaria

Campaña 2021 100% digital · desde EE.UU.

Campaña 2025 Mixta · territorial + digital

La primera tentación al leer los resultados de 2025 es la del crecimiento lineal: Parisi creció, el PDG creció, el fenómeno se consolidó. Pero los datos de opinión pública complican esa lectura. Con voto obligatorio, Parisi capturó a un segmento específico que en 2021 simplemente no votaba: el 37% de quienes no votaron en 2021 votaron por Parisi en 2025, cifra que duplica la de Kast y cuadruplica la de Kaiser. Es decir, una parte significativa de su crecimiento no refleja una adhesión más profunda al proyecto político del PDG sino la incorporación masiva de nuevos votantes que encontraron en Parisi la opción menos política de las disponibles. Solo el 35,6% de quienes lo apoyaron en la presidencial votó por el PDG en diputados, lo que revela algo fundamental: es un voto por la persona, no por el partido.

Los 14 diputados del PDG son, en términos políticos, un experimento de heterogeneidad extrema. Entre los electos figura Cristián Contreras, conocido como “Dr. File“, conferencista de contenidos esotéricos y conspirativos que llegó al Congreso con 52.286 votos; Tamara Ramírez, electa en su tercera candidatura; y Zandra Parisi, hermana del líder del partido. Lo que los une no es una visión programática compartida sino la lista y el nombre. Eso es exactamente lo que destruyó a la primera bancada del PDG entre 2022 y 2024: a lo largo del período, cinco diputados renunciaron a la militancia por conflictos internos y uno fue expulsado por el Tribunal Supremo del partido, llevando a la disolución de la bancada en diciembre de 2022. La pregunta que la nueva bancada hereda es la misma que no se respondió la primera vez: ¿qué mantiene unidos a 14 parlamentarios que no comparten nada salvo el apellido de su líder?

La incorporación de Pamela Jiles al PDG en agosto de 2025 fue el movimiento más inteligente y más arriesgado del ciclo electoral. Inteligente porque ella estuvo detrás del diseño de una estrategia electoral que permitió al PDG elegir 13 nuevos diputados además de ella misma. Arriesgado porque Jiles es mucho más que una militante típica: es una marca en sí misma, con agenda y estilo propio, alguien que usa los partidos como plataforma y no como proyecto. La tensión fue inmediata: en diciembre de 2025, la bancada eligió a Juan Marcelo Valenzuela como jefe, imponiéndose en elección interna a la propia Jiles. Primera señal de que la “abuela” y el partido de Parisi no son lo mismo.

El episodio de la presidencia de la Cámara completó el cuadro. El PDG negoció con el oficialismo y la DC para que Jiles presidiera la corporación. Pero el acuerdo se desmoronó en la votación del 11 de marzo: Jaime Mulet y Felipe Camaño se descolgaron, mientras que Jorge Alessandri ganó con 78 votos contra 75 de Jiles. Parisi acusó “manos negras”. El diputado Cristián Contreras del PDG optó por votar por Juan Valenzuela, su correligionario, en lugar de por Jiles. Tres votos perdidos desde adentro y desde afuera. El PDG, con 14 diputados y el poder de ser bisagra, no pudo retener su propio acuerdo. La historia de la primera bancada se repitió, esta vez no en meses sino en el primer día.

La paradoja central del PDG en este ciclo es que su poder de negociación es real pero su capacidad de ejecutar los acuerdos es débil. Pamela Jiles lo dijo con claridad después de las elecciones: “ninguno de los candidatos que sea electo va a poder hacer nada en el legislativo sin el PDG“. Eso es cierto en términos aritméticos. Pero la aritmética parlamentaria supone disciplina de bancada, y la disciplina de bancada supone cohesión interna, y la cohesión interna supone algo que el PDG no tiene: un programa compartido que trascienda la figura del líder. Sin eso, el poder de negociación se transforma en ruido: todos quieren los votos del PDG, pero nadie puede garantizar que los obtendrá porque el PDG mismo no puede garantizarlo. Es el partido más codiciado y el menos confiable del sistema. Una combinación que, paradójicamente, lo hace imprescindible pero quizá irrelevante al mismo tiempo.

Franco Parisi ya habla de 2030. Es lógico: obtuvo casi el 20% en su tercera candidatura, tiene la segunda bancada más grande de la Cámara y opera como bisagra en un Congreso fragmentado; el ascenso es real. Pero los partidos que se construyen sobre el carisma de un líder y el voto de protesta tienen un problema estructural cuando el sistema los necesita: dejan de ser antisistema, y comienzan a arriesgar que el segmento que los votó precisamente por eso —el 37% que no había votado antes, el votante que buscaba “algo que no se pareciera a nada conocido”— tiene que decidir si los sigue o busca el próximo outsider disponible.

El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor y no refleja necesariamente la posición de Diario y Radio Universidad de Chile.

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