Diario y Radio U Chile

Año XII, 4 de agosto de 2020

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Hoy, hace veintitrés años

  Miércoles 8 de septiembre 2010 17:25 hrs. 




José Carrasco Tapia, Pepone, caía asesinado al igual que Felipe Rivera Gajardo, Gastón Vidaurrazaga Manríquez y Abraham Muskatblit Eidelstein a manos de un comando de la Central Nacional de Inteligencia (CNI). Si envío este recordatorio es porque Pepone fue colega y compañero de mi madre y yo tuve el privilegio de conocerle y quererle y de conocer y de querer a su compañera Silvia y a sus hijos Luciano e Iván.

En fin, siempre las semblanzas o los homenajes me quedan cortos y fríos, por ello me permito reenviarles esta nota de la periodista Agueda Saez.

Un abrazo pleno de memoria
María Eugenia

Incansable, temerario, conjugador de palabras prohibidas y transgresor. De estudiante   a periodista apasionado,  militante e integrante del comité Central del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR),  Consejero Metropolitano del Colegio de Periodistas, editor de la revista Análisis,  el “Pepe” Carrasco fue siempre trabajador incansable por el socialismo.

La vendetta pinochetista post atentado, 1986, activó la lista de los opositores que “estaban condenados a muerte”  por ser enemigos férreos de Pinochet y su régimen. En la embestida rabiosa del dictador, fueron asesinados junto a Pepe Carrasco Tapia, Gastón Vidaurrázaga Manríquez, Felipe Rivera Gajardo y Abraham Muskatblit Eidelstein. Todos sacados de sus casas en la madrugada y asesinados por los servicios de seguridad de Pinochet.

José Carrasco fue violentamente reducido en su casa en presencia de Silvia Vera, su compañera y sus hijos Iván, Luciano y Alfredo.  A medio vestir, descalzo y maniatado fue acribillado en  el muro perimetral del cementerio Parque del Recuerdo. Similar, fue el crimen de los otros tres compañeros asesinados esa madrugada.

Pepe Carrasco trabajó en las revistas Gol y Gol, Siete Días, Punto Final. Además, en el diario La Tercera, radio Minería y en Canal 9 de Televisión de la Universidad de Chile. Al momento de su asesinato era editor internacional de la revista Análisis, medio que se caracterizó por la investigación y denuncia periodísticas de los crímenes, negociados y demás ilícitos de la dictadura y en especial de la familia Pinochet.

Detenido en 1974, torturado en la base naval de Talcahuano y Villa Grimaldi. Luego aparece en campo de concentración de Puchuncaví. Allí junto a los otros compañeros organizó la primera huelga de hambre para denunciar el asesinato de las 119 personas desaparecidas por los servicios de seguridad de varios países cómplices.

Liberado en 1976, inició su exilio en Venezuela en 1977, luego se radica en México, desde donde como periodista y militante de izquierda denunció en forma permanente  el carácter de la dictadura chilena.  En 1984 puede volver a Chile y se integra de inmediato a la lucha antidictatorial, organizando, denunciando y acompañando las peleas cotidianas de miles de chilenos que ya protestaban masivamente en las calles.

Allí estaba Pepe, alto y macizo,  igual que sus ideas: indoblegable, solidario cálido, con  palabras precisas y seductoras en su boca. Con sus ojos tras los gruesos cristales recorriendo el mundo que nos desafiaba y nos desafía.