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Año XI, 7 de diciembre de 2019

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Análisis Económico

Revolución energética inteligente

A la hora de las nuevas inversiones en redes eléctricas en Chile ¿no sería inteligente analizar aspectos iniciales de integración digital a estas redes, preparándonos para el inevitable futuro?

Roberto Meza

  Miércoles 8 de mayo 2013 21:18 hrs. 
energía

Mientras en Chile aun nos debatimos en el equipamiento propiamente industrial de un sistema eléctrico nacional integrado para suplir las necesidades de energía que el país requiere para los próximos años, en naciones desarrolladas, dichas estructuras ya están dando sus primeros pasos en la revolución digital, hecho que promete un salto productivo de relevante impacto económico en los próximos años.

En efecto, en Chile coexisten cuatro sistemas eléctricos interconectados. El Sistema Interconectado del Norte Grande (SING), que cubre desde Arica a Antofagasta, con alrededor del 28% de la capacidad instalada; el Sistema Interconectado Central (SIC), entre Taltal y Chiloé, con 71%; el de Aysén que atiende el consumo de la XI Región con 0,3%; y el de Magallanes, que abastece la XII Región, con 0,6% de la capacidad del país.

En conjunto, tienen una capacidad instalada de alrededor de 16 mil MW, de los cuales más de la mitad corresponden a centrales térmicas a carbón, fuel, diesel y de ciclo combinado a gas natural, otro tanto a centrales hidráulicas de embalse y pasada y el resto a Energías Renovables No Convencionales (ERNC biomasa, hidráulicas, solares, eólicas), las que, según el último informe del Ministerio de Energía, suman a marzo recién pasado, 1.024 MW, es decir, una capacidad equivalente a una y media vez la hidroeléctrica Ralco o dos veces el complejo termoeléctrico de Ventanas. La proyección del Ministerio es que al cierre de 2013 las ERNC superarán los 1.300 MW, pues actualmente hay otros 449 MW en construcción.

Para cumplir la meta fijada en la normativa vigente (Ley Nº 20.257), que busca que al 2024 el 10% de la matriz sea ERNC, se requiere que cada año ingresen al sistema 165 MW de nueva capacidad. Hoy solo el 78% de la matriz ERNC (793 MW) es reconocida por dicha ley, pues son unidades que entraron después del 1º de enero de 2007.  Asimismo, la distribución de estas capacidades en las dos principales redes eléctricas es desigual: en el SIC funcionan 980 MW y en SING sólo 16,3 MW. En los sistemas medianos de Magallanes y Aysén, en tanto, hay 22,4 MW en operación. El 41% de la matriz ERNC, en tanto, corresponde a centrales de biomasa (419 MW), mientras que las unidades hidráulicas y eólicas empatan con 30% del total. Las solares quedan en último lugar con 2,5 MW, aunque se prevé un fuerte aumento de éstas dado el financiamiento de inversiones por US$ 50 millones conseguido recientemente por el Gobierno con el Clean Technology Fund y las eólicas, donde hay proyectos pendientes por unos 3.000 MW.

Así y todo, la generación de energía vive momentos complejos debido a la inestabilidad de los precios del petróleo, hecho que pone en riesgo la seguridad del suministro a nivel mundial. Tal situación ha estimulado el surgimiento de las llamadas “redes eléctricas inteligentes”. En una entrevista con DW, el presidente de WADE, (Asociación para el suministro descentralizado de energía) Sridhar Samudrala, quien trabaja en un plan piloto en Tailandia, dijo que una red inteligente tiene capacidad de intercomunicarse como una suerte de internet de recursos energéticos, de modo que cada dispositivo generador está conectado a una red informática que puede enviar y recibir información (datos).

En concreto, dice Samudrala, el sistema podría registrar, por ejemplo, nubes sobre los paneles solares en el sur de un país haciendo que, automáticamente el comando de la red envíe la orden de utilizar los parques eólicos de la costa del norte. Y si los parques eólicos en la costa no reciben suficiente viento, el sistema automáticamente empieza a utilizar energía proveniente de las plantas hidroeléctricas o de biogás en otras partes del país. Si se produce un excedente de energía, ésta se puede guardar como reserva en una planta de almacenamiento. Este papel lo cumple hoy en Chile el Centro de Despacho Económico de Carga.

Las redes inteligentes son sistemas híbridos, ya que incorporan tanto ERNC como otras generadas con combustibles fósiles. Según expertos, una red inteligente a gran escala que funcione exclusivamente con energía verde, utilizando la tecnología digital, es aún muy cara. Pero Marco Cotti, de Enel, afirma que “la red inteligente garantiza una distribución sostenible y segura de energía, manteniendo constante equilibrio entre oferta y demanda”. Enel desarrolló en Italia la primera y más grande red inteligente del mundo. Más de la mitad de los hogares italianos está equipado con “medidores inteligentes” que no sólo miden el consumo individual, sino que tienen la capacidad de encender, p ej., la lavadora o la secadora de ropa en el momento en que el flujo de electricidad de la red es mayor y, por lo tanto, su costo es inferior. En los últimos años se han lanzado otros proyectos de redes inteligentes en Portugal, Alemania, EE.UU. y Holanda.

Pero sin una restauración de las redes ya existentes, la revolución energética inteligente seguirá lejos en el futuro, predice Samudrala, y los países continuarán gastando ineficientemente energías convencionales y ERNC. Según el experto, para que la inversión en redes inteligentes sea económicamente rentable, los gobiernos deberían involucrar al sector manufacturero de manera de incluir, en el cálculo global, el consumo de energía de electrodomésticos y maquinarias con mayor precisión. Sostiene, asimismo, que esto significa que también el consumidor hogareño o industrial tendrá que hacer su inversión a la hora de comprar equipos más eficientes. Y aunque se trata de tecnologías todavía de alto costo para países de crecimiento medio, a la hora de las nuevas inversiones en redes eléctricas en Chile ¿no sería inteligente analizar aspectos iniciales de integración digital a estas redes, preparándonos para el inevitable futuro?