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Año XIII, 27 de septiembre de 2021

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Fallo de La Haya

Todos descontentos

No veo cómo un país que perdió una provincia entera en la Guerra del Pacífico pueda conformarse con que le regalen ahora una línea oblicua en el mar. Las autoridades chilenas, en este sentido, han sido más explícitas en evidenciar su rictus de descontento y frustración, pese a que se ha confirmado nuestra demarcación terrestre y acceso a la zona más rica de la pesca nacional, explotada por unos poquitos pescadores artesanales y sustancialmente por un reducido número de empresas privadas.

Juan Pablo Cárdenas

  Martes 28 de enero 2014 9:16 hrs. 
piñera humala


Mientras más escuchamos las razones y sinrazones del fallo del Tribunal de la Haya sobre nuestra controversia de límites con el Perú solo concluimos que éste ha dejado descontentos a los dos países. Por más que lo gobernantes de allá y de acá se esmeren en interpretar a su favor esta resolución, para nuestro país no puede ser un triunfo que lo hayan obligado a cederle al Perú 20 mil kilómetros cuadrados de nuestro mar patrimonial. Asimismo, no podemos creer que nuestro vecino se conforme con ganar soberanía en alta mar, donde la pesca casi no existe y donde -a no ser que en el futuro se encuentren grandes riquezas en el abismo oceánico- lo único que le va a significar esta posesión es más gastos y recursos militares para vigilar la zona e imponer su acotada propiedad, puesto que en materia de navegación marítima y aérea seguirá siendo una zona de libre tránsito internacional.

No veo cómo un país que perdió una provincia entera en la Guerra del Pacífico pueda conformarse con que le regalen ahora una línea oblicua en el mar y un premio de consuelo en la inmensidad de nuestro común Océano Pacífico. Las autoridades chilenas, en este sentido, han sido más explícitas en evidenciar su rictus de descontento y frustración, pese que, en lo que realmente importa, se ha confirmado nuestra demarcación terrestre y acceso a la zona más rica de la pesca nacional. Explotada, claro, por unos poquitos pescadores artesanales pero, sustancialmente, por ese reducido número de empresas privadas que controlan dicha actividad y tienen en peligro de extinción a nuestra fauna.

Bueno sería que en algún día ambos países transparenten el millonario gasto en que han debido incurrir para impugnarse mutuamente en la Corte Internacional de la Haya. Los cuantiosos gastos pagados en honorarios que no se informan, viajes aéreos, viáticos y otra suerte de egresos encubiertos que implican siempre estas operaciones diplomáticas. Que se aclare lo que ha significado sustentar por más de 6 años a un conjunto de empolvados embajadores, presumidos “juristas” y políticos que no fueron capaces de ponerse de acuerdo entre ellos para darle solución a un conflicto que, como en los juegos infantiles, ha concluido con un par de rayas, solo que ahora en el agua.

¡Cuánto dinero gastado para recurrir a una Corte de jueces más empolvados todavía, que aún lucen atuendos decimonónicos y que se han tomado todo el tiempo del mundo para llegar a una solución salomónica que deje contentos a los dos países pero, en realidad, muy inconformes a ambas partes! ¡Para ponerse en manos de un grupo añoso de magistrados que, mientras más postergan sus resoluciones, más dinero ganan y más cortesías reciben de los países en litigio, incluyendo también sus salidas intercontinentales a terreno, más viáticos y prebendas!

Un fallo conforme a derecho, se dice, que mucho más parece una sentencia conciliatoria, oportunista y completamente arbitraria desde el momento que no se justifica, por ejemplo, por qué el limite paralelo de Chile ahora se va a cortar a las 80 millas y no a las 200 de antes… o cuando le regala al Perú un montón de agua salada sin tampoco señalar si ésta le pertenecía legítimamente. Un fallo nada más que para empatar una contienda y seguir presumiendo desde sus rimbombantes curules de “magistrados del mundo”, cuando en realidad se trata de meros representantes de las grandes potencias o de serviles magistraditos del Tercer Mundo, convertidos en adláteres de quienes controlan las decisiones de las Naciones Unidas y de su Consejo de Seguridad.

Ojalá ambos países saquen ahora cuentas del ingente gasto y de todo lo que podrían haber hecho con este dinero tan malgastado y se dispongan a que, en el futuro, sus controversias sean resueltas, mejor, en una cena bien regada entre sus representantes. En que la solución, por último, sea echada a la suerte, o se le confíe a un grupo de niños de peruanos y chilenos que seguramente sería capaz de encontrar una solución más armónica que salomónica.

Quiera Dios que la vergüenza se apodere de nuestros embajadores y juristas y eviten el show de otro litigio ante el mismo tribunal de la Haya. Que ahora con Bolivia se busque directamente una solución a su justa demanda de salir al Pacífico por el riquísimo territorio que se le arrebató en una guerra injusta. En la misma región que estamos explotando, por más de un siglo, los yacimientos de cobre más ricos de la Tierra, y que se han constituido en nuestra “viga maestra”, nuestro “sueldo nacional”, como se ha dicho. Que esta vez Chile y Bolivia acuerden una raya efectiva y soberana que cruce nuestro enorme desierto y, en esa enorme costa que tenemos, le otorguemos un pedacito de soberanía a los bolivianos en compensación de todo lo que se le quitó por la fuerza.

Que nos sacudamos de tantos burócratas y arrogantes diplomáticos, y busquemos soberanamente un arreglo bilateral a este pendiente con Bolivia y que, de tener que recurrir al extranjero, más bien prefiramos un arbitraje de nuestros países amigos y vecinos. Que destinemos todos estos recursos para consolidar amistad, conectividad, infraestructura, comercio común y una sólida área de paz.
Inspirados en el ejemplo de lo que por sí mismos lograron los habitantes de Tacna y Arica, alejados más que nadie de la controversia, la sospecha y la agresión fomentada por lo políticos oportunistas, la prensa irresponsable y esa suerte de provocadores y mercenarios ignorantes que ayer salieron a la calle a despotricar racismo, odio y resentimiento, tanto allá y acá, pero que felizmente no tuvieron éxito en este cometido fratricida.

Que liberemos alguna vez esos enormes gastos militares que se disponen en uno y otro país para mantener ejércitos ociosos que se preparan para una guerra que ya no puede ser posible y que con sus armas, allá y acá, más bien apuntan y hieren a sus propios connacionales.
Uniformados que gozan de privilegios irritantes y permanentes, de buenos sueldos, seguridad social, salud, justicia propia, entre otros despropósitos para “velar por nuestra soberanía”. Cuando en realidad ya se han acostumbrado a interrumpir la vocación republicana de nuestras naciones, se han cebado con la sangre de los pobres y de los jóvenes y sólo hacen ahora de guardia pretoriana de los inversionistas extranjeros y las clases pudientes de nuestras naciones sumidas en la desigualdad flagrante.

*Versión de su comentario radial

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