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Museo de la democracia: una mala idea

Columna de opinión por Carla Peñaloza
Martes 11 de septiembre 2018 7:40 hrs.


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A primera vista, la creación de un museo de la democracia podría ser una buena iniciativa, sobre todo si esto fuera el fruto de una sociedad que cuenta con un acuerdo unánime que este es el mejor sistema de gobierno conocido y estuviera dispuesto a defenderlo bajo toda circunstancia.

El problema surge cuando se advierte que detrás de la idea, más que un interés por hablar de democracia se pretende justificar un golpe de estado, defender una dictadura y relativizar el dolor de las víctimas de los más condenables crímenes de lesa humanidad. Nada más alejado de lo que debiera ser un museo que pretende difundir valores democráticos.

En esta ocasión el Presidente Piñera lo reflota a partir de las declaraciones que le costaron la salida a Rojas, horas después de haber sido nombrado ministro de Cultura. Para el exministro, el Museo de la Memoria sería un “montaje” y su mayor defecto sería que no habla del contexto, por lo que podemos suponer que el futuro museo de la democracia sí lo hará, pero el contexto histórico en que se dan las violaciones a los derechos humanos es la dictadura. ¿El museo de la democracia hablará entonces de la dictadura? Parece un contrasentido. ¿Es necesario si ya lo hace el museo de la memoria?, o ¿acaso contará lo que denominan “la otra versión” de lo ocurrido? ¿Cuál es esa otra versión?

Las víctimas y sus heridas existen aunque hubiésemos preferido que nadie sufriera lo que ellos padecieron. Eso, lamentablemente, no podemos cambiarlo. Ante ello solo cabe, de acuerdo a todas las convenciones internacionales, y un mínimo sentido de humanidad, la reparación al daño cometido. Eso es, en parte lo que hace el Museo de la Memoria.

A juzgar por las declaraciones de todos los sectores de la sociedad chilena en estos días, ningún contexto justifica el terrorismo de estado. En esto, afortunadamente estaríamos todos de acuerdo. Pero hay más. El debate sigue abierto y sin acuerdo, en relación a las causas que provocaron el golpe de estado. Lo grave no es el debate, si no que, al día de hoy, todavía haya quienes pretendan justificarlo. Ninguna crisis política, económica o social, debiera justificar un golpe de estado, pero han querido convencernos que era inevitable, pero no solo no hicieron nada por evitarlo, sino que lo instigaron. Un golpe de estado, como cualquier acción humana, se puede evitar. Se puede evitar si hay respeto a las mayorías democráticas, subordinación de las fuerzas armadas al poder civil y apego a la Constitución. Uno de los mayores méritos de Salvador Allende fue ser el primer presidente socialista del mundo en llegar al poder a través de las elecciones, paradójicamente sus opositores recurrieron a la intervención extranjera y a la violencia para derrocarlo. ¿Cómo explicarlo? ¿Esa es la intención del propuesto museo de la democracia?.

Un museo que justifique el golpe de estado y sus crímenes no sería un museo de la democracia sino una apología de la dictadura y ningún estado debería crear, ni financiar un museo de estas características. La democracia no permite excepciones, y quien las justifica deja la puerta abierta a nuevas intervenciones militares con todas las dramáticas consecuencias que tristemente conocemos.

Antes que un museo, la democracia chilena merece ser protegida, profundizada y respetada por toda la ciudadanía y sus instituciones, sin excusas y en nombre de ella, honrar a todos los chilenos que fueron asesinados por defenderla.

*La autora es académica del departamento de Historia de la Facultad de Filosofía y Humanidades

El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor y no refleja necesariamente la posición de Diario y Radio Universidad de Chile.