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Año XIII, 7 de diciembre de 2021

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Cristina Dorador

Reivindicación del Desierto

Cristina Dorador | Miércoles 20 de octubre 2021 14:40 hrs.


Vengo del Desierto de Atacama, un lugar para muchos solitario, inhóspito y estéril. Sin embargo, es nuestro territorio, donde aprendimos a caminar y nadar, cuna de culturas y pueblos ancestrales, estrellas que caen en la noche, peces que vuelan junto a las garumas, cerros tutelares, aguas fósiles y nubes generosas. Vengo de una familia de mineros, pescadores, profesores y poetas del Desierto de Atacama. Tuve la suerte de crecer con música y poesía. Tuve la oportunidad de ser científica, de mirar lo invisible. Tuve el apoyo de miles de personas y organizaciones de la Región de Antofagasta para estar hoy aquí. Gracias nuevamente.

El ser humano explora nuevos planetas en busca de vida. El Desierto de Atacama es la meca de la Astronomía y Astrobiología, en el lugar más árido del planeta están las claves de la vida pasada, presente y futura de la Tierra. El desierto es vida, el desierto refleja las estrellas.

El Desierto de Atacama ha sido fundamental para el desarrollo económico de Chile, desde hace siglos se ha explotado el guano, salitre, cobre, molibdeno, litio, entre otros. Grandes obras que se han edificado en la insistente Capital de Chile se realizaron con dineros obtenidos por la explotación del salitre.

El romanticismo extractivista establecido en relatos sociales y políticos desde un centro que utiliza a los territorios a su antojo, ha hecho que poco o nada se cuestione la extracción de minerales en el Desierto de Atacama. La magnitud de las intervenciones es tal, que las inmensas piscinas de evaporación de litio, faenas mineras, entre otros pueden ser vistos desde el espacio.

¿Qué podemos aprender del Desierto y de la historia? La desigualdad estructural de Chile se debe en parte al inaceptable centralismo y a la invisibilización de los territorios. Algunos han ganado mucho, otros se han enfermado demasiado. La inequidad en los territorios del norte es histórica e interseccional. Nunca más olvidados. Nunca más invisibles. Esta Constitución también es una reivindicación del desierto.

Hace exactamente dos años en aquel noviembre de 2019, me encontraba en la Lickana, habíamos ido a tomar algunas muestras del Salar de Atacama para estudiar la vida microbiana. Sabíamos que habían grandes manifestaciones en el país, pero no conocíamos los detalles. El sol se reflejaba en la sal y en el agua; mientras nos explicábamos la relación entre bacterias y flamencos.

De regreso a Antofagasta, tanques, camiones y personal militar se aprestaba a ingresar a la ciudad. Se había declarado Estado de excepción constitucional. Con el alma atiborrada de sal y sol y temores antiguos, el alma se nos llenó de banderas.

Las calles de Antofagasta se llenaron de música, los bronces brillaban y la Orquesta Sinfónica de Antofagasta, heredera de Jorge Peña Hen, tocaba Victor Jara Sinfónico, porque Víctor vive en todas las memorias.

Los días y decisiones avanzaron y de repente la luz iluminó la escena. Me tocó sacar una de las fotos más compartidas de la instalación de la Convención Constitucional, aquella donde se ve a la lamngen Elisa Loncon y al Vicepresidente Jaime Bassa de espaldas, brillando hacia el futuro; éramos 155 encontrándonos y comenzando este camino de escribir una nueva Constitución.

Reivindicación de la naturaleza

La oportunidad que tenemos los pueblos de Chile de escribir una nueva Constitución es histórica. Nos hace repensar y empujar los límites de lo posible. Félix Guattari menciona “Existe al menos el riesgo que no haya nunca más historia humana, a no ser que la humanidad se comprometa a realizar una reconsideración radical de sí misma”. Este mensaje nos compromete a avanzar decididamente hacia una Constitución Ecológica, donde se reconozca el vínculo indisoluble entre el ser humano y la naturaleza.

La diversidad es lo único que nos queda. La diferencia es la salida. Lo distinto nos enriquece. No podemos seguir haciendo las cosas de la misma forma. Tenemos el derecho a pensar y cuestionarlo todo. Para ello, los múltiples conocimientos y saberes de los pueblos de Chile son fundamentales para construir nuevos futuros, junto con una Educación que de oportunidades para distintas expresiones, arte, música, ciencia, deporte, buen vivir para todas las infancias y personas.

No es posible que existan localidades que asuman como un destino trazado la enfermedad, la contaminación, la falta de agua, la falta de dignidad. No es posible que algunos sigan decidiendo por otros, ya sea a nivel político, social o económico. En Calama, las comunidades exigen un Centro Oncológico debido a los altos niveles de cáncer relacionado a la contaminación ambiental. Los vientos de la mañana y la tarde conjugan el polvo de las grandes mineras, como un remolino invisible de metales. El principio precautorio en la nueva Constitución debe ser la norma.

No somos zonas de sacrificio, porque no podemos permitir que en Chile alguien sea sacrificado.

La reivindicación de la naturaleza es un imperativo ético. Es inaceptable que se siga insistiendo en la destrucción de la naturaleza para ganancias de unos pocos. Lo que se destruye no sólo es nuestro hábitat y ecosistemas, es nuestra historia y patrimonio, memoria y futuro. El futuro de niñas, niños y jóvenes.

La evidencia científica es contundente. La crisis climática existe y los lugares donde crecimos ya nunca serán lo mismo. Chile es uno de los países más afectados por esta crisis, aumentará la desertificación y cambiarán los regímenes de lluvia. ¿Cuándo hacemos el duelo colectivo por las playas de Mejillones y Chañaral, por los campos de Petorca, por los glaciares de Atacama, por los suelos de Andacollo?

Esta nueva Constitución es una oportunidad para dejar atrás viejas prácticas y avanzar en nuevas formas de crecimiento o decrecimiento; de fomentar la ciencia y la tecnología en los territorios, de garantizar el acceso al arte y la cultura, de humanizar nuestra vida, de no precarizar el trabajo, de no discriminar, de avanzar en dignidad. En un país donde no haya más violencia contra las mujeres. La solidaridad, el trabajo colectivo, las interacciones y la valoración de la diferencia serán claves para este nuevo Chile que se construye desde todos los territorios.

Única solución: Ecoconstitución

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