La década de los 80 trajo tiempos complejos para el Reino Unido. En medio de un escenario global polarizado, las políticas económicas impulsadas por Margaret Thatcher y el alza en las cifras de desempleo, una generación de jóvenes crecía entre promesas de prosperidad y una realidad de desigualdades que sólo avecinaban un futuro incierto.
Entre ellos estaba Jarvis Cocker, un joven oriundo de uno de los tantos sectores populares de Sheffield que, por esos días, estudiaba Bellas Artes y Cine en el Saint Martin’s School of Art. “Una chica griega me dijo que quería mudarse a Hackney —entonces un barrio marginal de Londres— y vivir como la gente común“, recordaría años después en el documental “Live forever: the rise and fall of brit pop”. “Le dije que eso no podía pasar porque ella podía vivir en esas circunstancias, pero estaría actuando un papel porque sabría que siempre podía escapar“, aseguró entonces.
Un par de años después, en 1995 y luego de conquistar un lugar en la escena del britpop con la publicación del cuarto disco de Pulp, ese breve intercambio universitario terminó configurando el espíritu de “Different Class“. Acaso el trabajo más celebrado de su discografía y que logró imprimir el sentir de un grupo de jóvenes que observaban con desafecto las condiciones en que se movía el mundo moderno.

Fotografía de la portada de “Different Class”.
“En el britpop había mucho recuerdo y reflexión sobre cómo las bandas estaban aludiendo a su condición de clase obrera“, explicó sobre aquel fenómeno cultural la periodista y escritora Marisol García. “Me acuerdo que esa era una discusión, sobre todo por el protagonismo que tomó Oasis, cuya identidad, en parte, tenía que ver con ostentar ciertos códigos de la clase trabajadora británica“.
“Pero eso siempre me pareció una gran falacia en comparación a lo que hizo Pulp. Pulp sí que habla de clase, porque el disco ‘Different class’ va más allá de códigos banales o de gestos. Lo que tiene es una reflexión sobre cómo tu identidad e incluso tu destino de vida puede estar determinado por el origen económico y social del cual provienes. En Gran Bretaña, pero también, obviamente, en un montón de signos que resultaron universales”, agregó García.
Por eso, no resultaba extraño que lo de Cocker resonara tan fuerte en el Chile de los 90, con una juventud profundamente desigual y marcada por la transición política y económica que vino con el término de 17 años de dictadura civil-militar.
“Mi relación con Pulp viene de un gusto absolutamente identitario”, compartió al respecto el músico de la banda Columpios al Suelo, Juan Pablo Órdenes. “En la adolescencia es cuando uno se empieza a meter en toda esta onda alternativa, y dentro de eso, el puntal britpop es muy fuerte para los niños asiduos a la Blondie como yo“.

Pulp, emblemática banda del britpop.
“Me gustaba mucho ir, y dentro de eso me enamoré de las bandas que me gustaban incluso desde chico, como Blur u Oasis. A Pulp los conocí como a los 14 años, e inmediatamente me pegó una cosa bien fuerte con ellos por esa onda de ser un poco el underdog de la música. Y sin mayor pose. Me pegó mucho de lo que hablaban los temas, lo real de sus letras, la ausencia de la pose. Y esa cierta decadencia al reconocerse, que era súper diferente a esa onda medio Dios que tenía un poco el britpop”, reflexionó el artista.
“Oasis era súper working class, pero por ahí no tenían un discurso social tan elaborado como el que podía tener Jarvis Cocker, que era un cronista absoluto de estas realidades B, esas que se quieren barrer debajo de la alfombra. Él habla mucho de eso, de lo que ocurre en los espacios íntimos. Y me parece fascinante y muy en especial el caso de ‘Different Class’ que es la banda sonora, finalmente, de Pulp”, diferenció Órdenes respecto al lugar que ocupan respecto a sus contemporáneos.
Algo que también es puesto en valor por García: “Para mí, la ostentación de clase de muchas bandas que se jactan de eso es banal, no importa. Sin embargo, la reflexión realmente interesante, desafiante, incómoda y provocadora es, por lejos, la que hizo Pulp en ‘Different Class’. En ese sentido, me parece un disco de magnífica crónica social al cual uno puede volver todavía varias veces, y que demuestra que cuando se trabaja con inteligencia el pop logra sintetizar tendencias complejas y darnos pistas de cómo vivimos. Jarvis Cocker, como letrista, es magnífico en eso”.
Bailar y beber porque no hay nada más que hacer
En Chile, la emblemática discoteca Blondie fue el espacio que ejerció como un verdadero refugio para la juventud alternativa que resonaba con propuestas como la liderada por Cocker. “Tal como dicta la historia del local, en términos sociales convergía gente de todos los lugares de Santiago: Vitacura, Pudahuel, Lo Barnechea, Cerro Navia… La Blondie era jugar a que todos somos iguales. Hasta el día de hoy, en la Blondie no entran las mujeres gratis, como en otros conceptos de discoteca”, precisó Ariel Núñez, productor general del espacio y uno de los DJs que encabezan las fiestas dedicadas al britpop.
“Por eso es que convergen socialmente personas que, más que por un tema socioeconómico, estaban vinculadas a lo cultural, a ser distintos. Y eso, con más o menos luces, o con los cambios de infraestructura que ha tenido la Blondie, sigue siendo el sello”, añadió Núñez.
“Haciendo un paralelo con ‘Different Class’, también es algo que tenía que ver con eso. Con el ritual de ir a la ropa americana en la semana para buscar la camisa o la prenda que ibas a usar en una fiesta britpop el viernes en la Blondie. Se sumaban varios elementos. La Blondie siempre tuvo precios súper populares y un ambiente distinto, donde todo el mundo era muy igual, independiente del tema socioeconómico o de los estudios. Iban obreros, gente de la universidad, de facultades de arte, gente de la televisión. Y también estaba este ritual muy como reza el manual de Pulp, de prepararse en la antesala de salir a bailar el fin de semana”, reflexionó el disc-jockey.

Pulp, emblemática banda del britpop.
Finalmente, citando a Núñez, “en la pista de baile de la Blondie, al final, somos todos iguales. Todo el mundo necesita salir una vez a la semana a bailar, y eso yo creo que es un punto en común”.
Sin embargo, y más allá de ese espíritu construido hace 32 años, igualmente relevó esos guiños que reafirman la vigencia de una propuesta como la de los británicos en el Chile contemporáneo: “Es un disco que rompe el paradigma del britpop. Tiene un single como ‘Common People’, que se hace transversal no sólo para quienes lo pudimos escuchar en el año 95, sino que se empieza a asociar a movimientos sociales, y eso es muy loco“.
“Cuando fue el estallido social comenzaron a salir muchos memes políticos con la imagen de Jarvis Cocker y se le dio todo el sentido a la letra de ‘Common People’. Finalmente, son tópicos súper universales, a diferencia de lo que hacían sus pares en el 95, bandas como Blur u Oasis que tocaban cosas más locales. Creo que, al final, la historia le da la razón a ese disco. Porque justamente son temas que cruzan transversalmente a todas las sociedades, independiente del lugar del mundo donde estés”, reflexionó Núñez.
“Eso marca la diferencia en la composición de Jarvis Cocker frente a sus pares, como Damon Albarn, Brett Anderson o el mismo Morrissey, porque apunta a una fibra social que nos toca en todas partes del mundo”, agregó.
Lo anterior, con un componente probadamente intergeneracional. “La nostalgia lo que nos lleva a los lugares donde fuimos felices. Y que Oasis tenga un sold out tan rápido en nuestro país o que la curaduría de un festival como Fauna Primavera traiga a bandas como Pulp, a Blur o Weezer, tiene que ver justamente con eso: con tocarle la fibra a la persona de 40 años con la música y con esos lugares donde fuimos felices. Pero no se queda solo en eso porque hay una nueva generación redescubriendo estos discos. Hay una conexión súper bacán con la nueva generación”, observó, apelando a las propias experiencias vividas en diversas fiestas de Blondie, que celebrará los 30 años de “Different Class” con una fiesta agendada para el viernes 18 de octubre.

Afiche de la fiesta por los 30 años del disco “Different Class” en la discoteca Blondie.
Todo, en un debate que para el músico de Columpios al Suelo alza a “Common People” —la canción que mejor condensa el espíritu de este disco— como el mayor himno de la generación noventera. “Es, quizás, el hit más importante de los 90. Con el permiso de ‘Smells Like Teen Spirit’, creo que es el tema más grande de toda esa era, de toda esa generación, y finalmente el tema más importante de Pulp, le guste a quien le guste. Es aún más grande que sus autores. Quizás tampoco es mi canción favorita, pero sin duda que encierra una verdad, algo que nadie lo dijo de mejor manera que como lo dijo Jarvis”.
“Acá, en Chile, incluso el ‘Common People’ lo he visto mucho últimamente como un objeto medio ñuñoíno, de decir ‘yo también soy pueblo’, y que es parte de las trampas de estos tiempos. Cómo tu mensaje, de pronto, lo ves súper tergiversado en un carrete zorrón en Vitacura. Pero para otra tanta cantidad de personas es un himno absolutamente identitario y parte de un grito de insolencia que tenemos los que no estamos arriba. En ese sentido, Jarvis lo cantó bien porque tampoco era un ‘pobre cool’ como Oasis, que quizás eran más rudos y no les podías decir nada porque te agarraban a combos. Jarvis era un hueón flaco, chico, de Sheffield, que, a diferencia de Manchester, no tiene ningún glamour”, apuntó Órdenes.
Por último, el artista también destacó a Pulp “como el ejemplo de persistencia, de esa popularidad absoluta tan tardía. Me imagino que si a Jarvis alguien le decía ‘con este siguiente disco la vas a romper, vas a ser Dios’, el hueón se iba a reír, por más de que tuviera confianza en sí mismo. Y cuántas veces dieron bote. En ese sentido, qué apropiado que ‘Common People’ la cantaran ellos. Finalmente, es una banda muy entrañable, que por ahí no lo tienen tanto el resto de las bandas porque siento que es más real en el caso de Pulp”.




