La Salud bajo ataque

  • 15-04-2026

Salud global en tiempos inciertos: avances frágiles, riesgos crecientes y desafíos para Chile

Cada 7 de abril, en el marco de la Organización Mundial de la Salud, el mundo conmemora el Día Mundial de la Salud. Este año, más que una celebración, el contexto exige una lectura crítica: nunca antes la humanidad había alcanzado mejores indicadores sanitarios globales, pero tampoco estos avances habían sido tan frágiles, desiguales y vulnerables a retrocesos abruptos.

Un presente paradojal: más salud, pero profundamente desigual

En las últimas décadas, la esperanza de vida global ha aumentado de manera sostenida, superando los 70 años, con importantes descensos en mortalidad infantil y en múltiples enfermedades infecciosas. Sin embargo, este progreso convive con desigualdades estructurales persistentes y, en algunos casos, crecientes.

Las enfermedades no transmisibles concentran hoy la mayor carga de enfermedad, mientras amplios sectores de la población mundial siguen enfrentando barreras de acceso a servicios básicos. La pandemia por COVID-19 evidenció con crudeza esta fragilidad: los avances pueden revertirse rápidamente cuando los sistemas de salud son tensionados o cuando falla la coordinación global.

La evidencia reciente es clara: estamos mejor que nunca, pero de manera profundamente desigual y expuesta a crisis múltiples.

Salud bajo presión: cambio climático, crisis sistémicas y tensiones globales

La salud global ya no puede entenderse solo desde lo sanitario. Hoy está atravesada por transformaciones estructurales:

  • Cambio climático, con impactos directos en mortalidad, enfermedades y seguridad alimentaria
  • Envejecimiento poblacional y aumento de enfermedades crónicas
  • Crisis de salud mental y consumo de sustancias
  • Resistencia antimicrobiana
  • Reducción y reconfiguración del financiamiento global en salud
  • Crisis de asociatividad y debilitamiento del tejido comunitario

A esto se suma un factor decisivo: la creciente inestabilidad geopolítica.

Salud en contextos de guerra y crisis humanitarias

Las guerras, ocupaciones y crisis humanitarias son determinantes estructurales de la salud.

Conflictos contemporáneos, como el genocidio en curso infringido a la población en Palestina —con destrucción deliberada de infraestructura sanitaria, ataques a población civil y colapso de las condiciones de vida—, junto a múltiples escenarios de violencia extrema en África y crisis prolongadas en América Latina y el Caribe, como Haití o territorios marcados por violencia estructural en Guatemala, obligan a reconocer que la salud global también se juega en el terreno de la guerra, la impunidad y la desigualdad radical.

En estos contextos se produce:

  • Destrucción de infraestructura sanitaria
  • Interrupción de programas de vacunación y control
  • Escasez de medicamentos e insumos
  • Desplazamientos masivos
  • Aumento de enfermedades infecciosas, desnutrición y trauma

 

Pero además ocurre algo más profundo: el debilitamiento del derecho internacional. Cuando los estándares que protegen la salud —incluido el resguardo de civiles y servicios sanitarios— se vulneran sistemáticamente, no solo se afecta a las poblaciones directamente involucradas, sino que se erosiona la capacidad global de respuesta.

En estos escenarios, sin embargo, también emergen —muchas veces en condiciones extremas— formas de cooperación internacional, redes humanitarias y respuestas comunitarias que buscan sostener la atención en salud, tanto en los territorios afectados como en contextos de desplazamiento y refugio.

Aun en medio del colapso, las propias comunidades desarrollan soluciones de supervivencia y cuidado. Es el caso de Enas Alghoul y su familia, quienes lograron construir un dispositivo doméstico para desalar agua y cocinar utilizando energía solar en un entorno donde el acceso a servicios básicos ha sido prácticamente anulado, y posteriormente lo distribuyeron entre familias en desplazamiento, ampliando su impacto más allá del ámbito doméstico.

Los países que declaran voluntad de colaboración no pueden improvisar. Deben contar con dispositivos preparados para acoger a personas en situación de refugio, con capacidad sanitaria real, mediación intercultural y pertinencia territorial.

Acoger no solo se materializa con el acto de recibir: es necesario comprender trayectorias atravesadas por la violencia, el desplazamiento y el trauma, y sostener respuestas que no reproduzcan exclusión, sino que permitan reconstruir cuidado, dignidad y comunidad. Y en ese proceso, también hay algo que no siempre se nombra en las políticas públicas, pero que resulta fundamental: el cuidado cotidiano, el trato digno, el acompañamiento sostenido. Les hemos dado mucho cariño, y ese gesto —lejos de ser menor— también es parte de la salud.

La crisis de la salud global no es inevitable: es el reflejo de prioridades políticas que han permitido que la vida de millones de personas sea subordinada a intereses económicos, conflictos armados y decisiones que profundizan la desigualdad.

 

 

¿Qué podemos esperar? Implicancias para sistemas y ciudadanía.

Para los equipos de salud

Los sistemas sanitarios enfrentarán una presión creciente:

  • Mayor demanda por envejecimiento poblacional
  • Aumento de enfermedades crónicas complejas
  • Necesidad de modelos integrados y centrados en la atención primaria
  • Incorporación de tecnologías digitales e inteligencia artificial

Esto exige fortalecer redes, mejorar coordinación y avanzar hacia modelos preventivos y comunitarios.

 

Para la ciudadanía

Para las personas, el escenario implica:

  • Mayor exposición a riesgos ambientales, sociales y sanitarios
  • Persistencia de desigualdades en acceso y resultados
  • Necesidad de alfabetización en salud y en información digital
  • Mayor protagonismo en el autocuidado en contextos de sistemas tensionados

 

La salud deja de ser solo una garantía institucional y se transforma también en una experiencia condicionada por el contexto social y político.

 

Universalidad en salud: un avance necesario, pero insuficiente

La universalidad en salud constituye uno de los avances más relevantes en políticas públicas. Sin embargo, en el contexto actual, resulta insuficiente si no se acompaña de estrategias complementarias.

Los sistemas pueden entrar en tensión frente a crisis simultáneas —sanitarias, climáticas, económicas o políticas—. Por ello, se vuelve imprescindible:

  • Fortalecer redes de colaboración transnacional
  • Desarrollar tejido comunitario robusto
  • Impulsar articulación intersectorial efectiva
  • Diversificar alianzas y capacidades de respuesta

La resiliencia sanitaria no depende solo de la cobertura, sino de la capacidad de sostener respuestas en escenarios complejos.

Reposicionar la salud como derecho ciudadano

En este escenario, es urgente recuperar el sentido del derecho a la salud como un derecho ciudadano efectivo, basado en estándares internacionales.

Esto implica:

  • Reafirmar marcos convencionales y acuerdos globales
  • Exigir protección de civiles y servicios de salud
  • Fortalecer mecanismos de rendición de cuentas
  • Evitar la subordinación de la salud a intereses económicos o geopolíticos

Sin este marco, la salud corre el riesgo de transformarse en un privilegio condicionado por el lugar donde se vive o por las dinámicas de poder global.

Salud bucal: la desigualdad más silenciosa

La salud bucal refleja de manera nítida estas tensiones.

A pesar de ser altamente prevenible, sigue siendo una de las áreas más desiguales en salud. Comparte factores de riesgo con las enfermedades crónicas —como el consumo de azúcares, tabaco y alcohol—, pero ha sido históricamente relegada en las políticas públicas.

En el contexto actual enfrenta desafíos adicionales:

  • Expansión de productos de nicotina no combustibles
  • Persistencia de barreras de acceso a atención odontológica
  • Impacto de determinantes sociales y comerciales
  • Escasa integración en estrategias de salud general

En contextos de crisis, además, es una de las primeras áreas en desaparecer de la atención formal, pese a que sus consecuencias pueden ser graves: infecciones, dolor crónico, impacto nutricional y deterioro de la calidad de vida.

Integrar la salud bucal en modelos de universalidad, en estrategias de atención primaria y en respuestas humanitarias no es un complemento: es una necesidad sanitaria.

Al Cierre…

El Día Mundial de la Salud nos encuentra en un momento crítico.

La evidencia muestra que avanzar es posible, pero también que esos avances pueden perderse rápidamente si no se sostienen con sistemas robustos, cooperación internacional y compromiso con la equidad.

El futuro de la salud no dependerá únicamente de avances tecnológicos, sino de la capacidad de los Estados y las sociedades de sostener políticas públicas basadas en estándares de derecho internaccional, cooperación y justicia social.

Y en ese desafío, la salud bucal —históricamente invisibilizada— tiene un rol estratégico que no puede seguir siendo postergado.

 

Referencias

  • Chang AY, et al. Epidemiological and demographic trends and projections in global health to 2050. Lancet. 2025.
  • Wyper, G.M. The global burden of disease study and Population Health MetricsPopul Health Metrics22, 35 (2024)
  • Schumacher A, Kyu H, Aali A et al. Global age-sex-specific mortality, life expectancy, and population estimates in 204 countries and territories and 811 subnational locations, 1950–2021, and the impact of the COVID-19 pandemic: a comprehensive demographic analysis for the Global Burden of Disease Study 2021- The Lancet, 2024; 403, 1989-2056
  • Romanello M, et al. The Lancet Countdown on health and climate change 2023–2024.
  • Schäferhoff M, Martinez S, Ogbuoji O, Sabin ML, Yamey G. Trends in global health financing. 2019 May 20;365:l2185.

 

El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor y no refleja necesariamente la posición de Diario y Radio Universidad de Chile.

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