El cierre del estrecho de Ormuz por parte de EE.UU. marca una nueva fase en la guerra con Irán, elevando el riesgo global: sube el petróleo, se tensionan los mercados y crece la amenaza de una escalada que arrastre a la región a un punto sin retorno.
La tregua en Medio Oriente se desmorona antes de consolidarse. Sin consenso real, con ataques en curso y tensiones energéticas en aumento, el alto al fuego aparece más como una pausa inestable que como un camino hacia la paz.
Las hostilidades entraron en una fase más intensa, golpeando la energía global y tensionando a EE.UU. Mientras Trump enfrenta divisiones internas y presión internacional, el conflicto amenaza con desbordarse política y económicamente.
Tras la muerte de Alí Jamenei, el jefe de la diplomacia de Irán aseguró que el país activará sus mecanismos constitucionales para elegir su reemplazo. Sobre el paso naval, afirmó que no harán “nada que pueda interrumpir la navegación en esta etapa”.
Washington y Teherán hablan de avances en Ginebra, pero el despliegue militar más grande en décadas y evacuaciones masivas anticipan un posible choque. La ventana diplomática de está noche podría ser la última oportunidad para evitar hostilidades.
El líder supremo iraní aseguró que los ataques estadounidenses “no hicieron nada significativo” en las instalaciones nucleares de Irán. “No ganaron nada con esta guerra”, declaró el ayatolá.
El miedo de un conflicto mundial y el uso de armas nucleares se avivan mientras la negociaciones diplomáticas parecen abrirse paso entre mensajes ambiguos. En tanto, en Gaza, un nuevo ataque israelí deja 50 muertos y más de 200 heridos.
La respuesta no se hizo esperar: cientos de misiles fueron lanzados contra territorio israelí tras los bombardeos a las instalaciones nucleares iraníes. La nueva etapa de las tensiones en Medio Oriente atentan contra la estabilidad regional.