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Julio Hurtado

El mercado de la ciudad

Julio Hurtado | Lunes 12 de abril 2010 13:00 hrs.


En la sociedad moderna, tal como la entendemos hoy,  después de la caída de los socialismos reales, dos instrumentos de la economía y de la sociedad se han legitimado y posicionados como fundamentales e irreemplazables.

Me refiero al mercado, como principal asignador de recursos, y al sector privado, como el principal agente del desarrollo económico y social.

Sin duda, que estos dos instrumentos han sido fundamentales para entender el crecimiento económico y tecnológico, sin parangón en la historia de la humanidad, que se ha vivido desde finales del siglo XX hasta nuestros días. No nos referiremos en este comentario a la explotación de recursos naturales, ni a la desigualdad producida, que este crecimiento ha significado, ya que ello daría tema para muchos comentarios.

Más aún, estos instrumentos son aceptados e incorporados a su bagaje técnico, cultural y político por casi todos los grupos ideológico-políticos de nuestras sociedades.

En nuestro país, esta es una realidad evidente, que va desde la izquierda (ex?) marxista, hasta la derecha muy conservadora. Con matices, todo este amplio espectro ideológico acepta el mercado y la iniciativa privada como los principales instrumentos del desarrollo económico y social.

Pese a que este comentarista cabe dentro de ese amplio espectro ideológico, siempre he sostenido que el mercado y la iniciativa privada no bastan para la construcción de una ciudad eficiente, bella y democrática. Así lo ha demostrado la historia de todas las ciudades del mundo occidental y desarrollado (mundo al cual nuestras clases dirigentes y una gran mayoría de la población, soñamos pertenecer).

Ha sido la acción del mercado y de un sector privado maximizando sus ingresos, casi sin contrapesos (debido a una creciente ausencia del Estado), los que han convertido a nuestras ciudades, todas, en espacios segregados, ineficientes, inseguros y feos.

Aunque sea trágico pensarlo y decirlo, los daños y destrucción provocados por el terremoto pueden constituir una oportunidad para profundizar la acción del mercado y del sector privado, sin contrapesos, y esta vez impulsada por las autoridades.

No olvidemos (a veces lo urgente nos hace olvidar lo importante) que el patrimonio arquitectónico de nuestro país ha quedado muy mermado con el cataclismo que sufrimos. Es probable que los nuevos emprendimientos, fomentados sin cortapisas, se presenten como la oportunidad de la reconstrucción, dejen de lado todo respeto por lo patrimonial y profundicen, en aras de la eficiencia y el buen negocio, la construcción de una ciudad segregada, poco bella y no democrática.

No es exagerado sostener que, solos, sin la presencia planificadora y/o normativa del Estado, el mercado y la iniciativa privada, desde el punto de vista del patrimonio, han sido más devastadores que varios terremotos.

Del ciclo de comentarios “Ciudad y Sociedad” de Julio Hurtado, profesor de la Universidad de Chile

El contenido vertido en esta Columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de Diario y Radio Universidad de Chile.