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Escritorio

No leí los libros… pero vi las películas

Columna de opinión por Vivian Lavín A.
Viernes 3 de febrero 2012 11:12 hrs.


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No leí el libro pero vi la película es el título del conjunto de crónicas del escritor y dramaturgo chileno Mario Valdovinos que dice : “La literatura y el cine siempre han tenido, y siguen teniendo, una relación dulce o marga, conflictiva o apacible, cercana o lejana, repleta de rupturas y de reconciliaciones, llena de divorcios y de recomienzos, de versiones y perversiones. Dentro de esta relación, en la que las letras llevan siglos de ventaja en la constitución de su código, y el cinematógrafo, que nace de manera oficial en 1895, están los libros adaptados al lenguajes del cine y los desadaptados a él”. A esta última, es decir, en la categoría de los desadaptados habría que situar a la película La chica del dragón tatuado, la versión hollywodense del primer libro de la triología Millenium del autor sueco Stieg Larsson, dirigida por David Fincher. Y es que si bien, yo no leí la saga Millenium, sí vi la versión sueca que desde el mismo título manifiesta mayor fidelidad por la obra de Larsson, conservando el nombre de Los hombres que no amaban a las mujeres.

Resulta difícil entender porqué Hollywood insistió en la idea de hacer su propia versión de una película que ya había realizado espléndidamente el director danés Niels Arden y que más aún, está consagrada como la producción escandinava más exitosa de los últimos años, que no cayó en la detestable práctica de enganchar a medio mundo con una producción por entrega. La saga danesa está completa y desde hace años…por lo que los amantes de este thriller no tienen que esperar y por el contrario, es aconsejable la buena práctica de comparar. Ahí entenderán porqué la versión escandinava es muy superior.

Lo espectacular de la trilogía del periodista sueco que completa con La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina y La reina en el palacio de las corrientes de aire, sin embargo, es la manera cómo su creación se vincula con su propia vida.

Stieg Larsson hasta el año 2004 fue un periodista y reportero de guerra que hizo de su trabajo periodístico un compromiso de vida ejemplar. Trabajó en una agencia de noticias, es decir, una tarea bastante opaca dentro de la labor periodística que superó con la creación de la revista Expo, en la que de manera implacable se las batía en contra de los grupos de extrema derecha suecos. Tal era su experticie en el tema que además, consolidó el más completo archivo con todo el mapa de los nazis en Suecia. Esta cáustica información es lo que le valió un atentado en contra de su revista que no terminó con la vida de nadie, pero sí con la destrucción del inmueble y sus máquinas, lo que lo dejó prácticamente en la calle. Tal fue el escándalo de la sociedad sueca por el hecho, que una revista de corte derechista, imprimió varios meses la publicación en un intento por borrar la vergüenza de la intolerancia en un país que se jacta del respeto a sus ciudadanos. Parte de este trabajo periodístico está resumido en el libro La voz y la furia, que concentra crónicas, editoriales y reportajes seccionados por su amigo y compañero de trabajo Daniel Poohl, quien recuerda a Larsson escribiendo de forma “rápida, precisa y enérgica (…) aporreando el teclado como si estuviese frente a una máquina de escribir”.

Con la misma fuerza y valentía con que enfrentaba a los cada vez más poderosos grupos de derecha de la sociedad sueca, Larsson defendía a los inmigrantes, a las minorías sexuales y denunciaba el maltrato y la discriminación de las mujeres. Con todos estos rasgos surge el fascinante paralelismo entre Mikael Blomkvist, el protagonista de la saga Millenium, y el mismo Stieg Larsson, el periodista discreto que con tenacidad escribió durante cientos de noches entre café y cigarrillos las más de mil 500 páginas que se compilan en los tres libros de los que estaba seguro levantarían polémica.

El escritor sueco Stieg Larsson murió en 2004 a los 50 años de edad, sin siquiera ver publicadas las novelas, en medio de grandes estrecheces económicas y el asedio de los poderosos. Los millonarios derechos de sus publicaciones recayeron en su padre y un hermano a quienes no veía desde hace más de una década desplazando injustamente a su pareja y estrecha colaboradora, Eva Gabrielsson, con quien no quiso contraer matrimonio para no afectarla en caso de venganzas.

No leí los libros pero sí vi las películas…y ambos valen la pena en su versión escandinava.

El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor y no refleja necesariamente la posición de Diario y Radio Universidad de Chile.