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Afganistán: El terror nuestro de cada día

Al menos 80 personas murieron y otras 140 resultaron heridas en la explosión suicida registrada este viernes en una mezquita chií de la ciudad de Kunduz, al noreste de Afganistán, según fuentes médicas. Este es el golpe más duro que recibe el recién nacido Emirato Islámico de Afganistán desde que un kamikaze se inmoló el 26 de agosto en uno de los accesos del aeropuerto matando al menos a 170 personas.

Luis Hernán Schwaner

  Sábado 9 de octubre 2021 10:34 hrs. 
Afganistan


La explosión se produjo durante la oración de mediodía, la más concurrida de los viernes, día de descanso musulmán, y los testigos describieron escenas atroces. Las duras imágenes del interior de la mezquita permitían apreciar un número considerable de cadáveres, algunos mutilados, mientras en el exterior se producían escenas de pánico, con mujeres y niños llorando, invocando a Alá a gritos y corriendo en todas direcciones. “Hasta ahora hemos recibido 35 cadáveres y más de 50 heridos”, dijo a la Agencia France Press un médico del hospital central de Kunduz, que pidió reserva de su identidad.

“Vi al menos 40 cuerpos ensangrentados en el suelo”, dijo a France Presse un comerciante local, Zalmai Alokzai, que se dirigió inmediatamente al hospital para donar sangre para las víctimas. “Las ambulancias iban y venían para transportar los cadáveres”, explicó. Otro hombre en el lugar, Hassan Aminullah, señaló que cuando escuchó la explosión, llamó a su hermano porque sabía que había concurrido a la oración, pero éste no respondió. “Entonces fui a la mezquita y lo encontré herido y desmayado. Rápidamente lo llevamos al hospital de Médicos Sin Frontera”, agregó. Por su parte Amina, una profesora que vive cerca de la mezquita, relató que todo era aterrador y caótico. “Algunos vecinos murieron, otros están heridos. Un muchacho de 16 años, también vecino, falleció en el lugar y sólo pudimos encontrar la mitad de su cuerpo”, dijo.

Un vocero local de la ONG Médicos Sin Fronteras informó que su clínica en Kunduz recibió “a más de 90 heridos y al menos 15 cadáveres”. Poco después de producirse la explosión, el portavoz de los talibanes, Zabihullah Muhajid, confirmó los hechos y, aunque en ese momento no se sabía exactamente el número de víctimas, previó que habría muchas pérdidas humanas. “Esta tarde se produjo una explosión en una mezquita de nuestros compatriotas chiitas en el distrito de Khan Abad, en Bandar, la capital de la provincia de Kunduz, que ha causado muchos muertos y heridos”, declaró en ese momento.

En horas de la tarde, el grupo yihadista Estado Islámico de la Provincia de Jorasán (ISKP) reivindicó la autoría del atentado suicida a través de su red Telegram, agregando que el autor del atentado pertenecía a la minoría étnica uigur. Estado Islámico prioriza, además, atacar a las comunidades chiíes y otras facciones religiosas minoritarias dentro de Oriente Medio, teniendo en cuenta que los chiitas representan sólo el 20% de la población de Afganistán. Muchos de ellos son de la etnia hazara, perseguido en el país durante décadas.

Por su parte, los talibanes han lanzado operaciones masivas contra el Estado Islámico en varias provincias de Afganistán, con el objeto de acabar con la que consideran es la principal amenaza contra su Gobierno. Es que Estado Islámico es  más violento que al Qaeda y aparte de llevar adelante una guerra santa contra Occidente, también incluyen en ella -en una lucha sectaria y fratricida- a otros musulmanes que no comparten su ideología ni sus métodos.

Pero este no es el único modo como se manifiesta el terror en Afganistán. Ahora que los talibanes han vuelto en gloria y majestad al poder, las ejecuciones también han regresado a las plazas públicas con la misma brutalidad con que horrorizaron al mundo hace más de dos décadas. Y para ello buscan amedrentar del modo más drástico y sin pudor a la población como una manera de sentar ejemplo y recordar a los afganos quienes son los que mandan ahora.

Recién el martes, en Herat, hasta hace poco una de las ciudades más liberales del país, la población pudo ver, estremecida, que de las palas de dos enormes retroexcavadoras colgaban los cuerpos de tres presuntos asaltantes que, de acuerdo con el vice delegado del Gobierno talibán, Mawlawi Shir Ahmad Muhajir, habían tratado de penetrar en la propiedad de otro individuo, en el distrito de Obe. Al parecer ni siquiera pudieron consumar su robo, ni mucho menos su condena porque, a la vista de la multitud, los colgaron cuando ya estaban muertos. Los había abatido el dueño de la finca.

Como dijo tranquilamente a la agencia Associated Press el mulá Noruddin Turabi, nuevo Director Nacional de Prisiones, estas medidas: “son necesarias para la seguridad” en la nueva normalidad del flamante Emirato Islámico de Afganistán.

(Imagen: Familiares asisten al funeral de las víctimas del atentado a la mezquita de Kunduz. RFI- AFP)

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