Señor director,
El panorama que se vive todas las mañanas y las tardes en la mayoría de las estaciones de metro es desolador. A pesar del aumento en la frecuencia de los trenes, la dignidad humana y la idea de una satisfactoria experiencia usuaria son lejanas.
El metro, tanto en la mañana como en la tarde, logra sacar lo peor de las personas, que pierden humanidad empujándose, peleando y usando la ley del más fuerte, para meterse a como de lugar en un vagón atestado de gente, donde algunas personas también, como si se tratara de las cruzadas medievales pelea por bajar.
Ninguna estrategia es efectiva y suficiente ante el colapso de una ciudad, que está afectando progresivamente en la calidad de vida y mellando la deteriorada salud mental de los santiaguinos. Deja el auto en casa y prefiere el transporte público decía una campaña de hace un tiempo atrás. Solo alguien que no vive la experiencia todos los días, puede creer que eso es realmente posible.
¿Cuál es la solución? Ojalá los ingenieros, técnicos y autoridades se encarguen de buscarla y encontrarla pronto.
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