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Año XIV, 4 de julio de 2022

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Chile vs Argentina: querer con más ganas

Chile jugó un partido inteligente y dominó la posesión del balón pero mostró poca intensidad y convicción para buscar algo distinto en el marcador. La selección fue un equipo con frenos y con más precauciones que las que ameritaba el juego.

Francisco Cárdenas

  Viernes 24 de marzo 2017 7:45 hrs. 
Chile

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Volvieron las clasificatorias mundialistas y en la primera estación, la Selección Chilena enfrentaba un exigente compromiso contra Argentina en el estadio Monumental de Buenos Aires. Pese a que nuestro equipo nunca ha ganado un partido de esta fase en el país vecino, el entusiasmo de la reciente campaña movilizó a miles de fanáticos que acompañaron y alentaron incansablemente. Al final no se torció la historia, pero pudo ser diferente…

Porque Argentina, con Lionel Messi incluido, jugó de forma pragmática y buscando únicamente la obtención del resultado. El cuestionable penal les otorgó la única posibilidad real en todo el partido y, fieles a su objetivo, cumplieron con acierto. Después se dedicaron a defender esa ventaja, manejar los tiempos del juego y dejar correr los minutos. Terminaron, inusualmente, pidiendo la hora frente al tibio acoso chileno. Argentina hace rato no juega bien y hoy descansa únicamente en las virtudes del mejor jugador del mundo ( porque el resto corre e intenta pero están verdaderamente lejos del referente). Esta vez con muy poquito les alcanzó para quedarse con la victoria y meterse en la zona de clasificación directa.

Por el otro lado, Chile jugó un partido inteligente y dominó la posesión del balón pero mostró poca intensidad y convicción para buscar algo distinto en el marcador. La selección fue un equipo con frenos y con más precauciones que las que ameritaba el juego. Esta vez las labores colectivas tuvieron énfasis en la destrucción por sobre la creación y se dedicaron reducidos esfuerzos grupales a las tareas ofensivas. La disputa y el esfuerzo del medio campo chileno terminó por imponerse, aunque para ello se privilegió la defensa por sobre las habituales apariciones sorpresivas en el área. Eso también afectó negativamente el rendimiento de los delanteros y por supuesto el desenlace del partido. Pese a las marcadas y múltiples tareas defensivas, el esfuerzo y coordinación de Charles Aránguiz, Francisco Silva y Pedro Hernández fue digno de destacarse.

En defensa el trabajo de Claudio Bravo, Mauricio Isla, Gary Medel, Gonzalo Jara y Jean Beausejour fue realmente bueno y aunque faltó un poco de aceleración y claridad en la salida supieron imponerse a grandes delanteros. Las ausencias de Marcelo Díaz y sobre todo de Arturo Vidal, fueron notorias por la calidad de los jugadores, pero el trabajo colectivo se ejecutó de manera adecuada y fue efectivo también. Una vez más el bloque defensivo cumplió cabalmente, lo que otorga seguridad y tranquilidad para los desafíos venideros.

En la zona de ataque Eduardo Vargas se esforzó y luchó pero estuvo poco acertado con la pelota. Después cuando fue sobre el costado derecho en reemplazo de José Pedro Fuenzalida, participó muy poco del juego ofensivo pero se esforzó por cubrir defensivamente su carril. Alexis Sánchez estuvo más activo y jugó un buen partido aunque sus esfuerzos parecían siempre muy aislados. Solamente en el final, con el ingreso de Valdivia y la subida permanente de Beausejour, logró desequilibrar a su favor y generar algunas opciones peligrosas para los rojos. Entre ellas el tiro libre que se estrelló en el vertical de Sergio Romero y que pudo modificar el resultado del partido. Como es normal, su juego mejora ostensiblemente cuando todo el equipo asume el desafío de dañar el área rival. Fuenzalida por su parte, jugó un partido discreto en ataque pero su esfuerzo inagotable para tapar la salida del rival y proteger su zona es tremendamente funcional para el conjunto.

Fuera de la cancha los típicos y equivocados disparates de siempre. De ambos lados y de igual calibre.  Se olvida que es solo un juego de fútbol y que los odios y desprecios vulgares no otorgan ningún valor atractivo a la disputa deportiva. Y aunque un gran sector de la prensa se esmeraba en “calentar los ánimos” y subir la tensión, era un claro error querer construir una historia ficticia alrededor de este partido y edificarlo como una “revancha” por las finales ganadas en la Copa América. Ese enfoque no tenía ningún beneficio para los nuestros y al parecer, tampoco ejerció efecto negativo en el rival. Otra vez se equivocaron. Siempre se equivocan. En las clasificatorias, lo más valioso son los puntos que se imponen a los esquemas y formas. Chile debía jugar su partido y sumar algo pero al final se fue con las manos vacías. Entonces sacrificar el estilo para salir derrotado y debilitado no parece una decisión inteligente ni efectiva y merece la pena cuestionarla.

Lo cierto es que la selección jugó mejor que el rival y que si hubiera presionado con mayor intensidad y buscado el triunfo con decisión se podría haber ganado el partido. Por ejemplo, el tardío ingreso de Jorge Valdivia mejoró exponencialmente las opciones y durante esos minutos Chile se impuso y agredió con mejores armas. Quizá con algunos minutos más habría alcanzado, al menos,  para rescatar el empate. Pero como el hubiera no existe, de nada sirve imaginarlo. Esta vez se respetó en exceso y fiel al estilo de Juan Antonio Pizzi cuando se juega de visita, no se derrochó intensidad en ataque ni hubo presión adelantada. No hubo encanto ni vértigo.  La sensación amarga es porque parecía que era solo cuestión de quererlo con más ganas y se lograba. Que solo había que arriesgar algo más. Al final se pierden tres puntos importantes que nos alejan de la clasificación y obligan al equipo a ganar sin excusas frente a Venezuela. Ojalá ahora si aparezca el equipo que todos nos acostumbramos a admirar y aplaudir. En este difícil camino, otra vez resulta urgente.

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