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Brasil con y sin Lula

A pesar de la derrota sufrida por la izquierda brasileña con la destitución de la Presidenta Dilma Rousseff en 2016, hoy ese sector político ha recuperado su prestigio que se verifica en el amplio respaldo que tiene el ex Presidente Luis Inacio Lula da Silva de cara a la elección de octubre. Para el director del medio Opera Mundi, Breno Altman, la marginación de Lula del proceso electoral busca la privatización del país como por ejemplo de la empresa eléctrica y Petrobras.  

Raúl Martínez

  Lunes 27 de agosto 2018 8:09 hrs. 
lula



Aunque Lula lleva poco más de 140 días detenido en la Superintendencia de la Policía de Curitiba, en el sur de Brasil, todas las encuestas le dan un amplio respaldo para convertirse nuevamente en presidente del país más grande de América Latina en la elección del mes de octubre. Incluso el apoyo se refleja en encuestas que miden la intención de voto en regiones donde nunca obtuvo mayoría, como por ejemplo en Sao Paulo.

Esta fuerza electoral de Lula es la que lo tiene preso acusado de corrupción, según comenta a Radio y Diario Universidad de Chile el periodista y director de Opera Mundi, Breno Altman.

La marginación de Lula, señala Altman, permitirá a los sectores conservadores de Brasil la privatización de las riquezas del país, como por ejemplo la petrolera Petrobras, la empresa eléctrica y otros sectores estratégicos que puestos al servicio de la gente permitieron una mejora en la calidad de vida de los 207 millones de brasileños a partir de 2003 cuando llegó por primera vez a Planalto, la sede de gobierno.

Para el periodista, el golpe de Estado contra Dilma Rousseff que la destituyó a través de un proceso en el Parlamento en 2016, fue un duro golpe para la izquierda brasileña, pero más significativamente para la situación de los sectores más pobres que eran atendidos con el sistema de protección social implementado desde la primera administración de Lula.

“Las consecuencias de este modelo ultra liberal aplicado por el gobierno del señor (Michel) Temer después del impeachment, después del golpe de Estado, se ven también en los números sociales: el país volvió a tener un crecimiento de la mortalidad infantil, un crecimiento de la mortalidad materna, el número de la gente que vive en la calle ha subido de manera alarmante. El país ve una situación social de una acelerada decadencia después del implante de esa agenda”, apunta Altman.

El director del medio brasileño recordó que una de las medidas más de fondo aplicadas por la administración de Temer en este periodo fue la reforma laboral que terminó con conquistas sociales de los trabajadores, incrementando también de manera significativa la precariedad de los asalariados.

Todo esto sólo sería posible de mantener de continuar los sectores que están detrás de la destitución de Dilma Rousseff y que ahora tienen a Lula encarcelado, lo que aseguraría además continuar con este plan de saqueo del país, dice Altman.

“Si hay elecciones libres en el país, gana el ex Presidente, ganan las fuerzas anti golpistas. Es por eso que ese bloque conservador que se articula alrededor de los partidos del golpe de Estado de 2016, tratan de poner fuera del juego al ex Presidente. En eso están comprometidos no sólo esos partidos, sino también los medios monopolistas de comunicación, parte del sistema de justicia, del Poder Judicial y de la Policía Federal, de la Fiscalía. Es una operación política que transforma las elecciones presidenciales en un fraude destinado a impedir que vuelva al poder el Presidente Lula”, agrega el periodista.

En este escenario cabe la pregunta sobre la posibilidad de que Lula efectivamente no pueda participar de la elección de octubre, tal como exigen los partidos de la izquierda brasileña e incluso organizaciones internacionales como el Comité de Derechos Humanos de la ONU.

Y si bien el golpe de Estado contra Rousseff fue un retroceso duro para la izquierda, según Breno Altman esta situación ha variado significativamente a raíz de las políticas económicas restrictivas en áreas sensibles como salud y educación impuestas por la administración de Temer.

“La izquierda brasileña ha recuperado bastante de su fuerza en los últimos dos años. La izquierda brasileña mantiene una importante influencia electoral, mantiene movimientos sociales en su campo político que tiene bastante representatividad y unidad. Tiene una influencia fuerte en el mundo de la cultura, tiene una presencia institucional y tiene herramientas de gran capacidad y accionar político, como es el caso del Partido de los Trabajadores, del Movimiento de los sin Tierra y de la Central Única de Trabajadores”, agrega.

En esa misma línea, Altman señala que “si uno de los objetivos de las fuerzas conservadoras con el golpe de Estado y con la manipulación de la lucha contra la corrupción a través de la operación Lava Jato era marginar a la izquierda y sus líderes, sus organizaciones, ese objetivo no se ha cumplido. Y no se ha cumplido porque la reacción del pueblo ante de la agenda ultra liberal que es seguida por los partidos del golpe, fue volver poco a poco su apoyo a la izquierda y al mismo PT. El PT ha recuperado su prestigio social y según las encuestas tiene cerca del 20 por ciento de la preferencia política electoral, lo que había caído a menos de 12 por ciento hace dos años”.

A esto se suma el importante respaldo que tiene Lula según las encuestas y lo colocan con un 39 por ciento, 17 puntos sobre su contendor Jair Bolsonaro.

Sin embargo, aún la candidatura de Lula es una incertidumbre y depende de lo que decida el Tribunal Superior Electoral que podría vetar su inscripción a seis semanas de que los brasileños acudan a las urnas.