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Año XII, 30 de mayo de 2020

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Jorge Arrate

Virus + virus: las dos pandemias

Jorge Arrate | Domingo 17 de mayo 2020 15:35 hrs.

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¿Puede lo “normal” ser monstruoso? Sí, porque lo “normal” no es necesariamente lo “correcto”, lo “humano” o lo “justo”. Aunque no lo sea, en una sociedad conviven distintos grados de acostumbramiento a las reglas de lo “normal”, a la forma como se sostiene el edificio social. 

En Chile la desigualdad y la pobreza de un gran sector de la población han sido desde tiempos inmemoriales algo normal. La izquierda, un segmento hasta ahora minoritario compuesto por diversas corrientes emancipatorias, ha sido consistente en denunciar esa “normalidad” e incluso se aventuró, hace cincuenta años, a convocar una mayoría para llevar a cabo un épico intento por modificar de manera radical nuestro modo de vivir.

En el medio sigo transcurrido el mundo entero adoptó nuevos patrones y Chile no fue la excepción. Con más fuerza que nunca, la racionalidad del mercado consagró sus leyes como pautas rectoras de nuestra existencia e impuso la monstruosa “normalidad” que vivimos. Esa misma que puso en cuestión el levantamiento social que se desarrolló a partir del 18 de octubre de 2019. El llamado “estallido” sorprendió a la derecha y su gobierno, pero también a los diversos componentes opositores, no obstante que con anterioridad fuertes movimientos sociales, de ecologistas, feministas, estudiantes, pensionados, grupos de la diversidad sexual y pueblos originarios habían estremecido diversas áreas de la vida colectiva. Las capas dirigentes de la sociedad habían asumido, sin quererlo, a veces lamentándose o denunciándola, que la “normalidad” monstruosa parecía inexpugnable, al menos por ahora, y que terminaría imponiendo su manto de disimulo y falsedad.

La pandemia sanitaria ha terminado por poner en cuestión nuestra forma de vida desde el ámbito de la salud, una esfera clave, porque tiene que ver con la vida y la muerte de cada uno de nosotros.

El virus COVID 19 es un enemigo poderoso, según lo ha calificado el Presidente de Chile con razón; pero, combinado con el otro virus, el virus de la desigualdad, es mucho más poderoso aún. La desigualdad, esa otra pandemia que nos aqueja y que todos, o casi, decimos condenar, provoca hambre, desintegración social, muerte prematura. En el universo de ese otro virus, la desigualdad, también el “distanciamiento social” tiene su significado: es todo aquello —que es mucho, que es todo— que separa al 1% más rico del 1% más pobre, al 10% más rico del resto de la población.

La política del gobierno conducirá a incrementar las diferencias sociales injustas: los trabajadores pagan con sus fondos de cesantía sus propios sueldos jibarizados, no pueden disponer ni de una fracción de “sus” recursos depositados en las AFP para enfrentar la dura contingencia,  ya está claro que las mayoría de las PYME no logra pasar el cedazo avaro de los bancos para acceder a medios que las sostengan, los sujetos sin trabajo estable recibirán, según propuesta gubernativa, un ingreso mensual que, a ojos vista, no es suficiente para sobrevivir. ¿Qué deben hacer para cubrir sus necesidades familiares? ¿Romper cualquier cuarentena?, ¿asaltar?, ¿robar?, ¿mendigar?

Todos juntos debemos superar la pandemia. Cualquier medida que contribuya a evitar más enfermedad y muerte debe ser acatada y apoyada. Es verdad: no debe haber pro gobiernistas ni anti gobiernistas en este punto. Pero no hay que ser demasiado avisado para percibir que la forma en que se enfrente el COVID es una cuestión política, en el mejor sentido de la palabra. Es una cuestión de políticas, no solo sanitaria sino económica, fiscal, monetaria, financiera, laboral, educacional, porque lo que se impulse en estos campos puede favorecer al otro virus, el de la desigualdad. Insinuar que el debate que esto implica debe suspenderse u ocultarse no tiene ningún sentido. O, si lo tiene, es acallar las voces que difieren de un gobierno de derecha que ejecuta políticas de derecha y que, al final del día, quiere cubrir sus espaldas con un “pacto social” que disimule sus falencias.

Sí, pongámonos de acuerdo, pero con políticas que ataquen los dos virus. Luchemos contra las dos pandemias: el COVID y la desigualdad.