Este 7 de abril conmemoramos por primera vez en la historia el Día de Gabriela Mistral. Una fecha que reconoce, 80 años después de que se convirtiera en la primera persona latinoamericana en recibir el Premio Nobel de Literatura, comienza a saldar una deuda histórica que Chile mantiene con ella.
Gabriela Mistral no fue solo una poeta brillante, sino también una pensadora profunda, diplomática, una educadora incansable y una defensora férrea de los derechos de las mujeres y de los niños. Su figura trasciende nuestras fronteras. Su voz aún resuena con fuerza en América Latina y el mundo.
Sin embargo, durante demasiado tiempo, su país la mantuvo en un rincón de la memoria, como si su grandeza incomodara, como si su libertad de pensamiento y su vida intensa no cupieran en los moldes estrechos que intentaron imponerle.
El proyecto de ley que crea el Día de Gabriela Mistral, que presentamos el año pasado y que fue aprobado con amplio respaldo, hoy es celebrado por primera vez, dando un paso firme hacia el reconocimiento que siempre debió tener. No es solo una fecha en el calendario, es una invitación a releer su obra, a estudiar su legado, a dejar que su pensamiento nos interpele en este presente que tanto necesita voces lúcidas y valientes como la suya.
Porque Gabriela fue una mujer adelantada a su época. Lo fue en su escritura —tan moderna, tan desbordante— y también en su visión política y social. Fue maestra rural y diplomática, una crítica feminista en tiempos donde la palabra aún ni se pronunciaba y lesbiana, sí, lesbiana. Porque conocer más sobre su vida, no es intromisión, es poder entenderla en toda su dimensión. Habló de justicia, de amor, de dignidad, con una fuerza que aún hoy nos estremece y que permanentemente se reinterpreta.
Su obra no solo no ha envejecido: sigue sorprendiéndonos, sigue desafiándonos, sigue interesando a nuevas generaciones que encuentran en ella una guía, una inspiración, un espejo.
¿Qué más tiene que hacer Gabriela Mistral para merecer todo tipo de reconocimiento?
Desde la región de Coquimbo, que la vio nacer y crecer, hay muchas voces que hemos propuesto renombrarla como Región de Gabriela Mistral, en un acto de justicia simbólica, porque es lo mínimo que podemos hacer por una mujer que puso el nombre de Chile en lo más alto. Porque tenemos la certeza de que la identidad mistraliana vive en cada valle, en cada escuela, en cada niño que se atreve a escribir versos. Y porque ese proyecto, que cuenta con el patrocinio del gobierno del Presidente Gabriel Boric, es también un gesto de memoria, de futuro y de país.
Mistral es Chile. Es su alma más profunda, su voz más luminosa. Hoy, al conmemorar su día, no solo la celebramos, también nos comprometemos a seguir difundiendo su legado, a mantener viva su palabra, a llevarla con nosotros y nosotras en la construcción de una sociedad más justa, más libre, más humana.
Todas íbamos a ser reinas, escribió alguna vez. Pero la que más brilló con luz propia fue Lucila, la gran Gabriela. Y que la luz de sus versos nos siga guiando a generaciones de niñas, niños, mujeres y hombres de todo el mundo y por mucho tiempo más.






