Ricardo Lagos fue el presidente más amado por la derecha y el empresariado. Siendo nominativamente de izquierda, impulsó políticas pro empresariales. Sebastián Piñera es una suerte de “Don Teflón”. Aunque esté salpicado en alguno de los escándalos actuales como el de SQM, nada parece adherirse lo suficiente como para hacerle daño.
“América Latina era el mundo feliz en que se exportan principalmente materias primas y se importan bienes manufacturados. El precio de aquéllas permitía la importación de éstas”. ¿Quién dijo esto? Ricardo Lagos Escobar.
Por eso, basta de hablar de la DC, que desde las presidenciales de 1993 intuyó que nunca más –o al menos no durante mucho tiempo- ocuparía el sillón presidencial, de ahí sus pataletas, y pongamos el foco en un poder permanente e inalterable de nuestra república andina: El Mercurio.
El mayor movimiento social desde los años 80, el de los estudiantes en 2011, terminó en nada. Es verdad, algunos de los dirigentes estudiantiles y sociales ahora están en el Congreso. Y el lema de “No al Lucro” caló hondo. Pero también es verdad que, transcurridos más de cuatro años desde esa explosión ciudadana, nada ha cambiado de manera sustancial.
Lo triste de todo esto es que, después de 25 años, los oráculos de nuestro país sean todos de derecha. Al igual que los principales medios de comunicación. Al igual que el discurso de una parte importante de la Nueva Mayoría. En el país de los ciegos, el tuerto es rey. Y Chile parece ser, a la luz de la encuesta del CEP, un país de ciegos.
Los llantos de La Moneda y de gran parte del oficialismo respecto del fallo de la semana pasada parecen ser lágrimas de cocodrilo. Después de todo, fue recién en enero de este año en que el Senado controlado por la Nueva Mayoría designó a dos nuevos miembros de ese tribunal. En la previsible lógica del duopolismo, uno fue un ex diputado UDI.
Los discursos derrotistas del club Universidad Católica, como también los cánticos triunfalistas de Colo Colo, son sólo un reflejo del inmenso fracaso social de nuestro país. Un país dividido entre los derrotados por el modelo económico y los “winners” de este mismo, los ganadores del sistema que viven cómodamente en el sector oriente de la capital.
Su gran papel ha sido bajar las expectativas de los chilenos. Como la economía ya no crece tanto como hace unos años –porque los chinos ya no nos compran tanto cobre– el ministro Valdés se ha convertido en el vocero de la nueva austeridad. Sin embargo, es tan austero, que hasta Andrés Velasco, parece hoy en día un keynesiano abierto a gastar sin chistar.
Lo cierto es que, a la luz de lo que muchos chilenos sabemos o intuimos hoy en día, la Teletón parece ser una institución más heredada de la dictadura militar y del neoliberalismo chileno, que una iniciativa de los tiempos actuales.
Pero en los últimos 40 años, la diplomacia chilena petrificó su postura. El discurso ha sido invariablemente el mismo: Chile no tiene nada que negociar con Perú o Bolivia.
Los empresarios y los políticos del duopolio actúan como la aristocracia europea antes de 1789. Sí, se dan cuenta que las cosas están cambiando, que la sociedad demanda cambios, pero algunos (como la Nueva Mayoría) creen que ello se arreglará con concesiones políticas menores, mientras que otros (como la derecha) no quieren conceder nada.
Seamos honestos. Matte, al igual que decenas y acaso centenares de empresarios chilenos, han estrujado a su antojo a este país. Las palabras de buena crianza son sólo eso. Don Eliodoro sabe que nada le pasará, que nada cambiará.
¿Tienen estos casos importancia en el Chile actual? Desde luego que sí, porque son hechos que reflejan algo que, hasta el día de hoy, sucede en Chile: el enorme abismo que existe entre las gentes de este país y su elite política y empresarial.
Ejemplo de la poca importancia que el gobierno le otorga al tema laboral es que el candidato de la Presidenta Bachelet para ser el próximo Fiscal Nacional, Jorge Abbott, aparece mencionado en una queja que la Federación Nacional de Trabajadores del Ministerio Público efectuó ante la Organización Internacional del Trabajo (OIT). En efecto, en ésta se menciona a Abbott por vulnerar la libertad sindical al interior de la Fiscalía.
Gran parte de la clase política y empresarial del país ha identificado al Ministerio Público como su principal enemigo. Y tienen razón. Después de todo, las investigaciones, citaciones y formalizaciones tienen al establishment chileno de cabeza. La Fiscalía ha destapado la olla dentro de la que había una cazuela rancia e incomible. Ahora se trata de volver a poner la tapa.
La derecha permanente de nuestro país –léase los grandes empresarios y El Mercurio– continúa con su campaña del terror en contra de las reformas y en contra del espíritu de nuestros tiempos.
No hay que ser ni experto ni economista para darse cuenta que el sistema de las AFP no es realmente un modelo de pensiones, sino que es un mecanismo de acumulación y redistribución del capital.