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Cumbre China – EE.UU.: Tigres con dientes atómicos

Pese a su compromiso mutuo y a la promesa conjunta para reducir sus emisiones contaminantes en la lucha contra el calentamiento global, asumido en la reciente cumbre de Glasgow, ambas superpotencias siguen discrepando en el gran tema de fondo: el control de los mercados mundiales. Discrepancias que ha llevado a algunos a hablar de una nueva Guerra Fría e, incluso, a que resuenen ecos bélicos, afortunadamente lejanos.

Luis Hernán Schwaner

  Martes 16 de noviembre 2021 15:31 hrs. 
BIDEN XI


Inusualmente, la cumbre virtual sostenida este lunes por Xin Ping y Joe Biden duró más de tres  horas, lo que da cuenta de la importancia que ambos jefes de Estado otorgan a los temas que los enfrentan: la autonomía de Taiwán, la situación de los derechos humanos en la República Popular China o su presunta participación en ciberataques. En ese contexto, Xi Jinping advirtió a Biden que respaldar a Taiwán es «jugar con fuego» Y los que juegan con fuego terminan quemándose, le recordó. Por su parte, Joe Biden afirmó que ambas naciones tienen una responsabilidad común  con el mundo y también con sus respectivos pueblos.

Pero, además, Washington mira cada vez con mayor recelo las ambiciones territoriales del gigante asiático en el Pacífico, en medio de un creciente deterioro de las relaciones entre las dos mayores potencias económicas y militares del planeta. Algo no menor cuando se advierte un inquietante refuerzo castrense de Pekín, que lo mantiene enfrentado a  disputas territoriales con Japón y la India, así como en expansión por el mar del sur de la China, zona geopolítica estratégica por la que fluye la mayor parte del comercio mundial. Un próximo tablero de ajedrez mundial con la reciente alianza militar entre EE.UU., Australia y el Reino Unido (Aukus). Sin olvidar que en este juego quedó fuera Francia y su afán por contribuir con submarinos a la dotación australiana.

En este panorama del Asia suroriental hay que considerar también el declive militar de Estados Unidos representado por su desastrosa retirada de Afganistán, ante lo cual Pekín ha redoblado sus provocaciones sobre la isla de Taiwán, cuya soberanía reclama. Pero, además, ha endurecido su represión interna en el Tíbet y en la región musulmana de Xinjiang, donde se calcula que un millón de uigures son mantenidos en “campos de reeducación”. También sobre Hong Kong, donde el autoritarista régimen de Xi Ping ha desmontado las libertades de las que gozaba ese enclave en su condición de antigua colonia británica, criminalizando a la oposición política con la imposición de la  draconiana Ley de Seguridad Nacional gracias a sus aliados internos. Una situación que levanta las críticas de la comunidad internacional, algo que a China parece no importarle, consciente de que su gigantesco mercado resulta ser un inmejorable acicate para aquietarlas.

Otro elemento a tener en cuenta es la pandemia mundial de coronavirus, que no ha hecho más que agrandar la división entre el duro régimen comunista de Pekín y las llamadas democracias occidentales. A las sospechas sobre el origen del coronavirus y las trabas de China para investigarlo se suma su cada vez más agresiva postura en la escena internacional, lo que lleva a endurecer la creciente rivalidad entre ambas superpotencias.

Finalmente, también hay que tener en cuenta  que la ambición militar de China es cada vez más evidente -acaba de hacer pruebas con su una nueva arma nuclear de velocidad hipersónica y construye unos 250 almacenes para misiles de largo alcance- todo lo que conlleva a acentuar un clima de beligerancia en la región Indo-Pacífico.

Pese a todo lo anterior, no todo pareciera estar perdido. Xi Jinping ha recordado que las dos economías más importantes del mundo y miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, necesitan fortalecer su comunicación y cooperación mutua, abordando correctamente sus respectivos asuntos domésticos, pero también  asumiendo sus responsabilidades internacionales para “trabajar juntos en la promoción de la noble causa de la paz y el desarrollo de la humanidad”, ha dicho el líder chino esta mañana.

Al tenor de la transcripción de sus declaraciones iniciales difundida por el Ministerio de Exteriores de China, Xi Ping se ha mostrado “preparado para trabajar” con Biden “con el fin de construir consenso y dar pasos decididos para que las relaciones bilaterales avancen en una dirección positiva”, señaló.

Es que Washington y Pekín saben que necesitan cooperar. Estados Unidos es un mercado prioritario para China y, por otra parte, la agenda climática de Biden no va a ningún lugar sin la participación de la otra gran potencia industrial del mundo. El objetivo será, entonces, reconducir sus deterioradas relaciones, que tocaron fondo durante el mandato de Donald Trump.