Comercio, tecnología, inteligencia artificial, Taiwán, Irán, Rusia y seguridad global estarán sobre la mesa en una cumbre centrada en definir hasta dónde puede llegar la rivalidad entre Washington y Beijing sin derivar en una confrontación mayor.
DeepSeek ha dado a conocer los avances chinos en todo el mundo, pero la empresa está lejos de ser la única. ¿Quiénes son los demás actores del sector en China? ¿Y están en condiciones de acortar la brecha con Estados Unidos?
Las alertas sobre los riesgos de la inteligencia artificial aumentan, pero también la carrera por desarrollarla. Estados Unidos y China temen que frenar primero entregue al rival una ventaja capaz de transformar el poder global.
La cumbre de Bishkek mostró cómo la OCS avanza desde la cooperación regional hacia una arquitectura económica, tecnológica y estratégica que busca reducir la dependencia de occidente y ensayar un orden alternativo regional alternativo
Pekín es uno de los actores más relevantes y menos visibles de la crisis en Medio Oriente. Pero si la guerra escala y se cierran rutas como Ormuz y Bab el-Mandeb, al gigante asiático podría no quedarle palancas para evitar una crisis global.
Durante su encuentro en el Gran Salón del Pueblo de Pekín, las partes destacaron la importancia de poner fin al conflicto y reducir los problemas en la cadena de suministro energético para dar estabilidad a los mercados globales.
Es la primera vez que los presidentes de Estados Unidos y Rusia realizan visitas bilaterales consecutivas al mismo país. Entre guerras, energía y tensiones, el líder asiático no elige un bando, construye la mesa de negociación desde donde se negocia.
Tras reunirse con Xi Jinping, el mandatario estadounidense rechazó una eventual declaración de independencia de Taiwán, priorizando la estabilidad y el statu quo con China.
El académico de la Usach aseguró que la fallida estrategia estadounidense en Medio Oriente erosionó la posición de Washington frente a Beijing y abrió espacio para que China aumente su influencia política, económica y diplomática a nivel global.
La visita de Trump a China refleja un mundo en transición: EE.UU. y China combinan rivalidad e interdependencia, mientras el nuevo orden internacional se configura en un lógica más incierta, fragmentada y definido por la relación de las potencias
Mientras apunta a un posible papel de Pekín en la estabilidad del estrecho de Ormuz, la Casa Blanca insiste en que la política estadounidense sobre Taiwán no ha cambiado, pese a las advertencias chinas.
La visita de Trump a China reabre la disputa entre las dos mayores potencias del mundo. Comercio, tecnología y Taiwán marcan una cumbre donde la cooperación es frágil y el riesgo de conflicto sigue latente.
Poco después de las 20.00 horas en China, tocó suelo el avión presidencial “Air Force One” que transportaba a Trump y su nutrida delegación que incluye a casi una veintena de líderes empresariales de grandes multinacionales.
“El estrecho debe ser reabierto a la navegación normal. Esto va en el interés de todos”, aseveró Xi Jinping durante una conversación telefónica con el príncipe heredero de Arabia Saudí, Mohamed bin Salmán.
Expertos estadounidenses cuestionaron la posible ventaja de Washington sobre Pekín en un escenario que implique a Taiwán. No obstante, aseguran que en el corto plazo, las “tendencias son bastante preocupantes para China”.
El académico Andrés Bórquez visualiza la continuidad de las relaciones entre ambos países, pese a que proyecta que el nuevo Ejecutivo será “más cercano a temas ideacionales” con Washington, traduciéndose en menor convergencia con el gigante asiático.
La tensión entre China y Japón alcanza su punto más crítico en décadas tras la decisión de Tokio de apoyar abiertamente a Taiwán. Pekín responde con presión militar, económica y diplomática, mientras EE.UU. observa y respalda discretamente.