Continúa la polémica a raíz de los oficios enviados por el Ministerio de Hacienda, en los que se proponía “descontinuar” un total de 142 programas estatales, entre ellos el Programa de Alimentación Escolar (PAE), el Plan Calles Sin Violencia, el Programa de Derechos Humanos y el fondo del Consejo Nacional de Televisión (CTNV). En ese escenario, el cientista político Mario Herrera analizó la respuesta del Gobierno frente a una nueva crisis comunicacional.
Esta martes, en diálogo con Radio Infinita, el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, intentó salir del paso de las críticas e indicó que filtrar comunicaciones entre ministerios es como dar a conocer las “cartas de una pareja”.
Además, Quiroz insistió en el planteamiento del Gobierno: con descontinuar se referían a cambiar el diseño de los programas estatales, pero no necesariamente eliminarlos.
“El oficio ocupa palabras que a lo mejor no son las perfectas en términos de comunicaciones, porque no está diseñado para ser comunicado al público general, está diseñado como un instrumento de trabajo”, se defendió el ministro.
Requerido sobre el manejo del Ejecutivo, el director de la Escuela Ciencia Política y Administración Pública de la Universidad de Talca, Mario Herrera, sostuvo que la versión del Gobierno es “poco creíble” y que su actuación en esta coyuntura deja en evidencia un problema mayor de desorden comunicacional al interior del Ejecutivo.

— ¿Qué puede decir de las acciones que ha ido tomando el Gobierno para enfrentar la crisis de los recortes presupuestarios?
Esto es un error comunicacional desde el inicio. Si bien los presupuestos se tramitan habitualmente desde abril en adelante, no es normal que estemos discutiendo sobre el presupuesto 2027 en abril. Esta es una discusión que normalmente se traslada hacia octubre (…) y vamos a estar prácticamente seis meses, adicionales a los que normalmente tiene la discusión del presupuesto, hablando sobre estos temas.
Eso supone un riesgo no solamente en términos comunicacionales y políticos, sino que también en términos de aprobación del presupuesto para el próximo año. De alguna forma, lo que se hace es adelantar la jugada, anticipar cuáles son las cartas que va a jugar el Gobierno.
Dicho eso, lo han manejado mal también desde el punto de vista de la tramitación interna. Este tipo de oficios o requerimientos, a pesar de que puedan tener un carácter de reservado o tienen un destinatario específico, son oficios que son material oficial del Gobierno. Es algo que se pueda solicitar por Transparencia, que se va a distintos servicios públicos y eventualmente se puede filtrar.
En este tipo de documentos hay que tener cuidado con la forma en la que se utilizan las palabras y la forma en la cual se quiere comunicar. Hay que entender que todo acto administrativo es, en sí, una comunicación.
— ¿Cómo ve esta aclaración del término “descontinuar”? El Gobierno, en su control de daños, ha recalcado que descontinuar significa, para ellos, reformular un programa.
Esa explicación parece insuficiente en el sentido de que en algunos programas sí se habla de reformular o de ajustar presupuesto y en otros se habla derechamente de descontinuar. Eso vuelve poco creíble la explicación del ministro, porque si la idea era reformular o ajustar, entonces, ¿por qué crearon una categoría que es descontinuar? Eso va abriendo nuevos focos de debate. Normalmente, lo que uno hace en términos de contención de crisis es tratar de pasar al siguiente tema y el Gobierno es bastante bueno en eso. Como tiene tantos temas dentro de la agenda, lo esperable era que pasarán hacia otro tema, no entrar a dar más explicaciones.

— De todas maneras, ¿quién debería responder? ¿Quién debería ser el vocero en esta crisis?
Están todas las condiciones para que el Gobierno pueda tener una buena comunicación. No obstante, los errores son errores no forzados del propio Gobierno. Si tú lo piensas fríamente, el Gobierno entró con una luna de miel, esa luna de miel ya se disipó, pero se disipó producto del mismo Gobierno. Tiene, además, una mayoría construible en la Cámara y mayoría en el Senado, por lo tanto, tiene la agenda legislativa controlada. Es un gobierno que además no ha tenido grandes incidentes, en términos de conflicto social la calle está tranquila, no han habido grandes manifestaciones, etcétera. Tiene todas las condiciones dadas para que pueda impulsar este tipo de medidas, pero por este tipo de errores termina no pudiendo hacerlo. Porque contamina el debate, porque le genera problemas en términos legislativos y porque comunicacionalmente no hay una dirección.
Yo no recuerdo un gobierno desde los años 90 en adelante en el cual el rol comunicacional haya estado dividido entre tantos actores, donde prácticamente tienes dos jefes del Segundo Piso, que es la disputa entre Cristián Valenzuela y Alejandro Irarrázaval; donde tienes ministros del Comité Político que representan dos almas distintas, García-Alvarado por un lado y Quiroz por el otro; y donde la figura presidencial es una que tiene que salir a defender a sus propios ministros, que es algo muy extraño. Eso de lo que habla es de un desorden en términos comunicacionales donde no hay una persona que lidere la comunicación.

Lo normal en este tipo de situaciones es que el vocero sea el que sale a hablar y luego el ministro del sector, el ministro que es más especializado en lo técnico, sale a dar esa explicación técnica. Por eso es que terminan pasando problemas comunicacionales como los del día de hoy, que el ministro Quiroz no da la explicación que es comunicacionalmente acertada, porque se le está pidiendo hacer algo para lo cual él, en teoría, no está capacitado.
— ¿Y cómo se pueden ir solucionando esos problemas comunicacionales? ¿Teniendo un vocero o vocera más potente?
Sí. Y dividiendo los roles, asumiendo que el rol de un vocero es precisamente comunicar, no leer solamente minutas y que el rol de los ministros sectoriales es un rol técnico, es un rol desde el que se dan los antecedentes desde el punto de vista de la administración financiera, pero el rol de la comunicación política tiene que residir en el vocero.
— Usted mencionaba el tema de Valenzuela e Irarrázaval. ¿Detrás de esta crisis hay una responsabilidad del Segundo Piso de La Moneda, como decía el senador Arturo Squella?
Es un Segundo Piso que todavía no se adapta al cambio entre tener un Kast en campaña, a tener un Kast Presidente. Eso significa comunicar de forma distinta. Mientras en campaña lo que uno busca es atraer la atención comunicacional con cuestiones que pueden ser eventualmente polémicas, en la Presidencia se tiene que hacer todo lo contrario. El rol del Segundo Piso es despejarle el camino al Presidente, tratar de contener las crisis y de que se vean más los logros sectoriales, que muchas veces no atraen mucha atención mediática.

— ¿Hay alguna manera en que se pueda enfrentar esta crisis en particular? De contrarrestar el mensaje que se instaló con la posible descontinuación del Plan de Alimentación Escolar, por ejemplo.
Son mensajes que están anclados en la emoción, que no están anclados en la racionalidad y como están anclados en la emoción, son muy difíciles de revertir o cambiar. Normalmente, la mejor estrategia en estos casos es tratar de pasar al siguiente tema y asumir que esto es costo político y costo comunicacional para el Gobierno. Además, se debería ordenar la casa, ordenar el Comité Político y ordenar al Segundo Piso también. El rol de un buen asesor es precisamente no notarse. El asesor nunca tiene que ser noticia, el que tiene que ser noticia es el Presidente y los ministros sectoriales. El Comité Político y el Segundo Piso están para hacer contención y para despejar el camino de polémica.
— Eso no es lo que está pasando ahora.
Está pasando todo lo contrario. Durante estas últimas dos semanas no hemos hablado de ningún ministro sectorial, de la ministra de Educación, de Vivienda o de Obras Públicas. Todo eso parece ser una discusión totalmente olvidada porque estamos centrados en polémicas que son polémicas políticas. Ese tipo de polémicas son precisamente las que espantan a la ciudadanía. La ciudadanía escapa del conflicto y sobre todo del conflicto político.
— ¿Cree que esta polémica vaya a tener alguna consecuencia en la tramitación del proyecto de reconstrucción nacional?
En términos de la discusión de la ley de Presupuesto, yo te aseguro que sí, porque están anticipando las cartas y evidentemente eso va a crear un problema. La oposición va a saber qué es lo que quieren recortar y por ende va a tener más conocimiento dentro de esa negociación. En en el caso de la ley de reconstrucción, creo que puede terminar siendo una arma doble filo, puede eventualmente terminar favoreciendo a la ley si es que lo que se argumenta es que con esos recortes o con algunos de esos recortes eventualmente van a poder contrarrestar la disminución de la recaudación. Pero, en general, va a tener un efecto negativo porque los parlamentarios, los legisladores, obviamente van a tratar de estar en contra de un Gobierno que quiere hacer este tipo de recortes. Si esa es la justificación para disminuir la recaudación, entonces lo natural para un congresista es estar en contra.






