El pasado 27 y 28 de abril, el Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Chile organizó las Primeras Jornadas de Estudios de Política Exterior de Chile. Instancia que reunió a académicos, investigadores y profesionales para discutir el estado actual, los desafíos y las proyecciones de la política exterior del país.
Desde la organización, Ximena Ubilla, estudiante de Estudios Internacionales, explicó que uno de los principales objetivos fue abrir espacios de reflexión y diálogo que permitan comprender mejor el rol de Chile en el mundo. En ese sentido, en encuentro buscó convocar no solo a especialistas, sino también a estudiantes y público general con el fin de ampliar la conversación.
Según planteó Ubilla, se trata de analizar cómo el país enfrenta fenómenos globales complejos, entre ellos, los cambios en el equilibrio internacional, la cooperación, el comercio o la emergencia de nuevas agendas como el cambio climático y el género. Así, y en sus palabras, el desafío es entender cómo estas dinámicas globales terminan impactando directamente en el país.
En una línea similar, el académico y organizador Cristóbal Bywaters sostuvo que estas jornadas responden a “una necesidad dentro del campo de las relaciones internacionales”. A su juicio, existe una brecha entre el debate político —donde la política exterior suele abordarse desde lo contingente— y el trabajo académico, que muchas veces queda menos visibilizado. Por eso, enfatizó que estos espacios buscan fortalecer una comunidad que dialogue, intercambie perspectivas y genere redes de colaboración. La idea, explicó, es conocerse, debatir y proyectar un trabajo conjunto a largo plazo.

Uno de los elementos más relevantes del encuentro fue la diversidad de temas abordados. Se discutieron desde relaciones vecinales y cooperación fronteriza hasta el posicionamiento geopolítico de Chile, pasando por debates teóricos y metodológicos. Amplitud que refleja que la política exterior ya no puede entenderse como un ámbito aislado, sino como un espacio que cruza distintas dimensiones de la vida social, económica y política.
Sin embargo, esta creciente relevancia contrasta con la percepción ciudadana en Chile, donde la política exterior sigue apareciendo entre las últimas prioridades en encuestas de opinión. Algo que, para Ubilla, no implica falta de impacto. “Normas de tránsito, estándares energéticos o regulaciones comerciales responden a acuerdos internacionales que inciden directamente en las personas, aunque no siempre sean visibles”, clarificó el experto. Temas como migración, comercio o género tienen efectos concretos en la vida cotidiana, desde las oportunidades económicas hasta las condiciones de desarrollo. En ese sentido, la política exterior deja de ser un asunto abstracto y se convierte en un componente central del bienestar de las familias.
Ahora bien, esta necesidad de acercar la política exterior a la ciudadanía convive con una característica estructural. Bywaters introduce un matiz importante al señalar que “las políticas exteriores son, por definición, conducidas por élites”. No se trata solo de una crítica, sino de una condición propia del sistema internacional son pocas las personas que pueden representar al Estado frente a otros actores. Por eso, más que negar esta realidad, “el desafío es entender cómo operan esas élites y generar mayor conocimiento sobre sus decisiones”, señaló el académico.

Aun así, el profesor Bywaters insistió en que Chile es hoy una sociedad altamente internacionalizada, especialmente desde la década de 1990. Esto implica una mayor conexión con el mundo y una creciente interdependencia. En ese contexto, la academia cumple un rol clave, no solo en la producción de conocimiento, sino también en su difusión hacia la ciudadanía. Desde esta perspectiva, las universidades actúan como un puente entre la investigación y la práctica diplomática.
Desde una mirada histórica, el Premio Nacional de Historia 2024, profesor César Ross, refuerza que la relevancia de la política exterior no es nueva. En ese sentido, explicó que la integración internacional es “un proceso de larga duración, aunque hoy se perciba como más intenso debido a la velocidad de los cambios y al desarrollo tecnológico”. Para él, lo que ha cambiado es el nivel de interdependencia y la forma en que esta afecta la vida cotidiana.
Ross destacó que desde los años noventa esta integración se ha acelerado significativamente, haciendo que la vida diaria dependa cada vez más de lo que ocurre en el exterior. Desde la energía hasta la conectividad digital, múltiples aspectos de la vida están condicionados por dinámicas globales. Por lo mismo, una interrupción de estos flujos tendría consecuencias mucho más profundas que en el pasado, como pasa hoy con el petróleo.

En ese contexto, subrayó que “dada la posición de Chile como un país pequeño en el sistema internacional, la política exterior no es opcional, sino una herramienta fundamental para su inserción y desarrollo”. Y, entonces, Chile está obligado a diseñar una política exterior eficaz que le permita defender sus intereses y relacionarse con actores más poderosos, en un equilibrio complejo entre autonomía y pragmatismo.
Este equilibrio se vuelve especialmente evidente en el contexto de tensiones entre grandes potencias. Ross advirtió que, aunque puedan existir presiones externas para limitar vínculos con ciertos países,“la estructura económica chilena hace inviable adoptar posiciones rígidas”. China, por ejemplo, representa una parte significativa del comercio exterior, lo que obliga a mantener relaciones estratégicas. En ese escenario, la política exterior debe navegar cuidadosamente entre distintos intereses.
Por su parte, Bywaters observó que en los últimos años la política exterior ha ido ganando mayor visibilidad desde el último gobierno de Piñera. Según planteó, existe un patrón de mayor discusión y cuestionamiento en torno a estas materias, lo que indica que han comenzado a salir del ámbito estrictamente técnico. Sin embargo, persiste una tensión entre la necesidad de tomar decisiones rápidas —propia de la política exterior— y la exigencia de mayor control democrático.
En ese marco, la academia juega un rol relevante al generar conocimiento que permita comprender mejor estas decisiones y contribuir a un mayor escrutinio público. “No se trata solo de analizar la política exterior desde la práctica, sino también desde una perspectiva que permita explicar sus efectos y alcances”, afirmó el investigador.

Finalmente, Ross introdujo una mirada crítica sobre los desafíos institucionales. Destacó que la política exterior es una atribución del Presidente de la República, lo que genera una primera vulnerabilidad: la dependencia de la capacidad o visión de quien ocupe ese cargo. A esto, se suma el rol de la Cancillería como órgano técnico, encargado de equilibrar intereses permanentes con presiones coyunturales.
Además, advirtió sobre la creciente influencia de actores económicos en la definición de la política exterior, especialmente desde la apertura de los años noventa. Esto ha llevado a priorizar relaciones en función de su peso económico, lo que puede dejar en segundo plano otras dimensiones estratégicas, como las relaciones vecinales o los conflictos regionales.
A esto se suma la dependencia de la Cancillería respecto del Ministerio de Hacienda, lo que introduce restricciones en su capacidad de acción. Muchas decisiones están condicionadas por criterios presupuestarios, lo que refleja tensiones internas dentro del Estado.
En síntesis, la política exterior de Chile se encuentra en un momento de transformación. Aunque sigue siendo percibida como un tema lejano, sus efectos son cada vez más concretos y visibles. En un mundo interdependiente, comprender estas dinámicas no solo es relevante, sino necesario para entender cómo decisiones globales terminan influyendo directamente en la vida cotidiana.






