La cita deportiva movilizó a millones y generó récords de ingresos, pero evidenció la brecha entre el discurso de apertura y las políticas de exclusión de la Casa Blanca, en un evento que Donald Trump convirtió en extensión de su estilo personalista.
Washington declaró que los bombardeos buscan socavar las posibilidades de Teherán de atacar buques comerciales en el estrecho de Ormuz. Además, el presidente Donald Trump lamentó la muerte de tres soldados en una base en Jordania.
Las dos monarquías árabes activaron alarmas nacionales de emergencia ante oleadas de misiles balísticos y drones. Teherán aseguró haber apuntado a bases norteamericanas, mientras que Kuwait denunció graves daños en su principal planta desalinizadora.
Irán amenazó con una “ofensiva total” tras los ataques estadounidenses, que causaron al menos tres muertos en Hormozgan, mientras persisten los incidentes en el estrecho de Ormuz.
El Gobierno chino negó las acusaciones del presidente estadounidense sobre una supuesta injerencia en las elecciones de 2020 y emplazó a Washington a dejar de realizar “acusaciones sin base alguna”.
El mandatario estadounidense afirmó que los archivos respaldaban denuncias de fraude e intervención extranjera y ordenó investigaciones. China calificó las acusaciones como un invento y una difamación.
La guerra entre Estados Unidos e Irán escala en el estrecho y amenaza con extenderse a Bab el-Mandeb, abriendo un escenario de mayor presión sobre el petróleo, el comercio marítimo, la inflación y la estabilidad económica global.
El gobierno de Venezuela conserva las formas de la soberanía, pero el control real sobre petróleo, seguridad y finanzas quedó en manos de Estados Unidos. Una fórmula de dominación indirecta que podría trascender el mandato de Donald Trump.
Las declaraciones de Trump llegan poco después de que el propio Rubio anunciara que Washington seguirá empleando “todas las herramientas a su disposición” para “impulsar” reformas “políticas y económicas” en Cuba.
La ruptura del alto el fuego entre Estados Unidos e Irán abre una etapa más peligrosa de la guerra. Ormuz, Yemen y Líbano amenazan con expandir el conflicto y trasladarlo a los mercados, la energía y la estabilidad global.
La Guardia Revolucionaria de Irán anunció ataques contra bases militares con presencia de Estados Unidos en Jordania, Bahréin, Kuwait y Omán, en represalia por los recientes bombardeos estadounidenses.
En un texto fechado el viernes 10 de julio, Mójtaba Jamenei aseguró que vengará la muerte de su padre sucedida el 28 de febrero tras los ataques de Israel y Estados Unidos que desataron el conflicto en Medio Oriente.
Donald Trump aseguró que dispone de hasta un millar de proyectiles preparados para responder a Irán si la República Islámica concreta sus amenazas y atenta contra la vida del mandatario estadounidense.
EE.UU. busca imponer condiciones por la fuerza, pero enfrenta un dilema: evitar el control iraní sobre el estrecho de Ormuz sin que eso derive en una escalada difícil de contener, sin abrir otra guerra larga y sin desestabilizar el petróleo mundial.
La cumbre de la organización transatlántica en Ankara abre una nueva etapa de la alianza. Trump empuja a Europa a gastar, producir y asumir más defensa, mientras Estados Unidos redefine su liderazgo global avanzando a nuevos frentes.
Tras el fin de la tregua, los analistas internacionales Mladen Yopo, Gilberto Aranda y Cristián Garay coinciden en que Teherán mantiene su influencia regional y el control del estrecho, punto estratégico para el comercio mundial.
El barril de petróleo West Texas Intermediate (WTI), de referencia para EEUU, subía un 6,5%, hasta 75,05 dólares, también en máximos desde el pasado 22 de junio, tras haber llegado a estar a punto de bajar de 67 dólares hace menos de una semana.