En Abu Dabi, Kiev, Moscú y Washington negocian el fin de la guerra bajo el plan de Trump, con el futuro del Donbás y la crisis energética como ejes centrales.
Trump llegó al FEM 2026 imponiendo agenda: anunció un polémico acuerdo sobre la isla danesa, lanzó su propio organismo internacional y reactivó negociaciones por la guerra europea. Movimientos que reconfiguran la diplomacia global y tensionan a la UE
Mientras la atención mundial se desplaza a otros conflictos, Rusia intensifica sus ataques sobre el territorio ucraniano. La crisis energética, el desgaste y las tensiones entre aliados abren una peligrosa ventana de oportunidad para el Kremlin.
El presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, confirmó que su encuentro en Florida con su homólogo estadounidense, Donald Trump, tuvo “resultados significativos” y anunció que sus respectivos equipos mantendrán una reunión la próxima semana.
La guerra entre ambos países tensiona al límite a Bruselas. El apoyo financiero a Kiev, el temor al Kremlin y el desgaste social por la deuda y los recortes profundizan las divisiones internas de un bloque que enfrenta su mayor prueba de cohesión.
El destino de los fondos congelados del Kremlin tensa la cohesión del bloque y pone a prueba los pilares de su seguridad jurídica y económica. Entre el riesgo financiero y las amenazas de Moscú, el conflicto bélico redefine el futuro del continente.
El veto a los contratos a largo plazo para importar gas desde Rusia se aplicará a más tardar en noviembre de 2027. La medida busca privar al Kremlin de una fuente de ingresos que financia su guerra en Ucrania.
La caída de esta ciudad marca un giro crítico en el conflicto bélico: Rusia rompe la principal ruta logística ucraniana mientras Washington negocia con Moscú, elevando la presión militar, política y diplomática sobre Kiev.
EE.UU. impulsa un acuerdo acelerado para terminar la guerra en Europa y liberar recursos militares que le permitan reorientar su estrategia hacia América Latina, con Venezuela como principal foco de presión y despliegue.
Estados Unidos y Rusia negocian en secreto un plan de paz mientras Zelenski y la UE miran sorprendidos. La corrupción golpea al gobierno ucraniano, mientras Washington presiona para acelerar un acuerdo que redefiniría la seguridad europea.
Según la presidencia francesa, se trata de su “excelencia en materia de industria armamentística al servicio de la defensa de Ucrania” y “permitirle adquirir los sistemas necesarios para responder a la agresión rusa”.
Cuatro personas murieron y al menos 24 resultaron heridas este 14 de noviembre en un ataque “masivo” ruso con misiles y drones, que afectó la mayoría de los distritos de la capital de Ucrania.
La cancelación de la cumbre con el presidente de Rusia, Vladimir Putin, y las duras medidas contra el sector energético ruso marcan un giro en la estrategia del republicano, en un escenario donde los combates continúan y la diplomacia parece agotada.
El presidente estadounidense canceló el encuentro al considerarlo infructuoso ante la falta de avances. Según analistas, el verdadero objetivo del Kremlin habría sido retrasar el envío de misiles Tomahawk a Ucrania.
El presidente ucraniano subrayó que, ante la posibilidad de ceder terrenos, “tenemos que quedarnos como estamos, no darle más a Putin”. Incluso, advirtió que el líder ruso es “parecido, aunque más fuerte que Hamás”.
Los 47 países de la Comunidad Política Europea se unieron en Copenhague para reforzar su apoyo al presidente ucraniano, Volodímir Zelensk, desafiando las advertencias del Kremlin y marcando una nueva fase de escalada en el conflicto.
El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, calificó de “irresponsables” estas declaraciones. “El dirigente ucraniano lanza amenazas a diestra y siniestra, lo que parece bastante irresponsable”, afirmó en su rueda de prensa diaria.