Ante un salón semivacío, el primer ministro israelí defendió su ofensiva en Gaza, rechazó la solución de dos Estados, contradijo los informes que alertan de hambruna y negó que el 80% de las muertes en el enclave son de civiles.
Los líderes mundiales se encuentran reunidos para hacer frente a los desafíos de la humanidad. Dentro de ellos, se encuentra la cuestión Palestina. Mientras casi 160 países reconocen al Estado palestino, el poder de veto de EEUU sigue prevaleciendo.
En el marco de la Asamblea General de la ONU, cada vez más naciones se suman a este gesto político y diplomático que, en medio de los ataques incesantes de Israel, queda atrapado en un sistema internacional incapaz de detener un genocidio.
En entrevista con Radioanálisis, el académico analizó el conflicto palestino-israelí como un paradigma global, cuestionó el rol de los medios y propuso una lectura anticolonial para la situación en Gaza.
La medida deja a un millón de personas atrapadas en una crisis humanitaria extrema, mientras que el ataque a negociadores en Doha, la capital de Catar, paraliza por completo las conversaciones de paz y supone una escalada sin precedentes.
Las tropas israelíes buscan a Hamás entre una población atrapada por el hambre y los bombardeos. A su vez, en Jerusalén, Netanyahu apuesta por una escalada sin precedentes: moviliza a 60 mil reservistas, pese a las advertencias del Ejército.
Acorralado por protestas internas y una frágil coalición, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, sopesa una riesgosa invasión al enclave palestino. En paralelo, expande el conflicto para afianzar su poder regional.
El premier israelí llegará a Buenos Aires a principios de septiembre para reunirse con Milei en medio de una orden de captura internacional por crímenes contra la humanidad. Activistas advierten que no detenerlo sería un golpe a la justicia global.
Entre la presión de sus aliados de ultraderecha, Benjamín Netanyahu confirmó su intención de aceptar una tregua en el enclave palestino. En paralelo, la ofensiva militar continúa cobrando vidas y el hambre amenaza a más de 300 mil niños.
¿Constituye la crisis humanitaria que se vive en Gaza un genocidio? Las definiciones del derecho internacional son claras y razones para afirmarlo, hay de sobra, pero el coste político de reconocerlo devela el fracaso del sistema internacional.
Mientras la ONU alerta consecuencias “catastróficas” por la ocupación total de Gaza, más de 100 niños han muerto por inanición y 62 mil palestinos han perdido la vida desde el inicio de la ofensiva israelí.
El asesinato del equipo periodístico de Al Jazeera en Gaza por parte de Israel pone en alerta al mundo. Así, el control de la información se convierte en un arma más. Si nadie lo cuenta, nadie lo ve; si nadie lo ve, nadie se siente obligado a actuar.
Mientras millones de palestinos siguen atrapados entre escombros, bombas y el hambre, el primer ministro de Israel logró que el Gabinete de Seguridad aprobara su ofensiva militar para anexar por completo el enclave palestino.
Israel evalúa ocupar toda la Franja mientras crece la presión internacional y la crisis humanitaria se agrava. Más de 180 muertos por hambre, prisioneros sin liberar y divisiones internas marcan una catástrofe sin salida a la vista.
Con más de 20 mil niños desnutridos y ataques que no cesan, el enclave palestino se hunde en una catástrofe irreversible. Aunque líderes mundiales exigen un alto al fuego, Netanyahu avanza con operaciones militares y planes de anexión.
El primer ministro israelí negó que existiera una crisis alimenticia en la Franja, aun cuando hasta Trump reconoció que “hay muchos niños con hambre”. Mientras, por primera vez ONGs de Israel calificaron la ofensiva en el enclave como un “genocidio”.
“Una farsa”, así catalogó el anuncio la ONG Première Urgence Internationale, cuyos equipos desplegados en Gaza no han sido informados por las autoridades israelíes de la reanudación de los lanzamientos.