El enfrentamiento entre Washington y Teherán se mantiene en una fase de estancamiento, sin espacio para la diplomacia. La prolongación del conflicto, las nuevas escaladas y las restricciones energéticas vuelven a presionar al alza del petróleo.
El analista internacional cuestionó el acuerdo entre Washington y Caracas y advirtió que permitiría a Estados Unidos acceder a parte de las reservas petroleras venezolanas, con efectos para la autonomía de la región.
Rafael Ramírez, exministro de Petróleo de Venezuela y expresidente de la empresa estatal, fue el hombre más poderoso del país después de Hugo Chávez. Incluso fue su mano derecha, antes de ser apartado del poder por Nicolás Maduro.
La guerra contra Teherán no ha reordenado Medio Oriente como esperaba Washington. Irán sobrevivió, los aliados diversifican su seguridad y China gana espacio en una región cada vez más multipolar.
Al menos dos personas han muerto y dos más han resultado heridas en un ataque estadounidense sobre la isla de Larek, una isla iraní situada en el estratégico estrecho de Ormuz, en el golfo Pérsico.
La presidenta encargada de Venezuela afirmó que el acuerdo abarca 17 campos estratégicos y aportará US$ 210 mil millones al Estado. “Todo esto permitirá apalancar la recuperación del país”, destacó.
El presidente estadounidense, Donald Trump, aseguró que el acuerdo bajará el costo del combustible, mientras la mandataria venezolana, Delcy Rodríguez, destacó un ingreso fiscal de US$ 209 mil millones para su país.
El Brent superó los 93 dólares y alcanzó su mayor precio desde fines de julio, mientras el WTI también registró avances. El crudo acumuló un alza de 6% desde el vencimiento del plazo entre Washington y Teherán.
Washington negocia la reapertura del corredor marítimo tras fracasar en sus objetivos iniciales, mientras Teherán busca convertir su resistencia militar en poder político y control regional.
Ambos conflictos entran simultáneamente en fases críticas. La tensión sobre comercio marítimo, energía, armamento y diplomacia transforma dos focos bélicos en un riesgo para el orden internacional.
Pekín es uno de los actores más relevantes y menos visibles de la crisis en Medio Oriente. Pero si la guerra escala y se cierran rutas como Ormuz y Bab el-Mandeb, al gigante asiático podría no quedarle palancas para evitar una crisis global.
La guerra entre Estados Unidos e Irán escala en el estrecho y amenaza con extenderse a Bab el-Mandeb, abriendo un escenario de mayor presión sobre el petróleo, el comercio marítimo, la inflación y la estabilidad económica global.
La ruptura del alto el fuego entre Estados Unidos e Irán abre una etapa más peligrosa de la guerra. Ormuz, Yemen y Líbano amenazan con expandir el conflicto y trasladarlo a los mercados, la energía y la estabilidad global.
EE.UU. busca imponer condiciones por la fuerza, pero enfrenta un dilema: evitar el control iraní sobre el estrecho de Ormuz sin que eso derive en una escalada difícil de contener, sin abrir otra guerra larga y sin desestabilizar el petróleo mundial.
El barril de petróleo West Texas Intermediate (WTI), de referencia para EEUU, subía un 6,5%, hasta 75,05 dólares, también en máximos desde el pasado 22 de junio, tras haber llegado a estar a punto de bajar de 67 dólares hace menos de una semana.
El titular de Hacienda defendió las medidas adoptadas por el Ejecutivo y aseguró que el Gobierno ha realizado “todo el esfuerzo posible” en materia fiscal para contener el alza.
Rusia intensifica ataques masivos mientras Ucrania golpea su economía energética. El conflicto se redefine más allá del frente, con desgaste asimétrico, presión interna en ambos países y un equilibrio cada vez más frágil que amenaza con romperse.