Fueron varias horas de expectativa. Tras dos días y cuatro intensas jornadas de votaciones, los 133 cardenales apostados en la Capilla Sixtina definieron este jueves 8 de mayo al nuevo Pontífice que liderará a la iglesia católica tras los 12 años del papado de Francisco.
Así, Robert Prevost -cardenal de origen estadounidense que igualmente goza de nacionalidad peruana, a raíz de su larga estancia en el país en el marco de misiones y formación de aspirantes agustinos-, terminó siendo alzado desde el balcón central de la Basílica de San Pedro como el nuevo Papa. De esta forma, el religioso asumirá una nueva era como el 267° sucesor del apóstol Pedro bajo el nombre de León XIV.
Sin embargo, su llegada al Vaticano también trajo consigo una serie de dudas, principalmente sobre su posición respecto a ciertos conflictos valóricos que generan divisiones dentro del mundo eclesiástico, y también en torno a si su papado representa -o no- una línea de continuidad a las reformas iniciadas por Jorge Bergoglio. Interrogantes que se suman a los cuestionamientos que han reflotado en las últimas horas, y que tienen que ver con denuncias hechas en contra de Prevost por encubrimiento a casos de abuso sexual durante su tiempo como obispo de la ciudad peruana de Chiclayo.
Para Luis Bahamondes, académico y director del Centro de Estudios Judaicos de la Universidad de Chile, el arribo de León XIV abre una nueva etapa para la iglesia: “Durante todo este tiempo estuvimos debatiendo respecto a si iba a corresponder al ala conservadora o progresista, como algunos medios lo tildaron. Pero, en definitiva, con Prevost nos encontramos con una suerte de mediador entre esas dos posturas, entre la conservadora y la más ‘progresista'”.
“Me atrevería a decir que es de un perfil moderado, que puede tender puentes entre esas dos posturas que a veces aparecen como irreconciliables, y también es una suerte de continuador de lo que ya había emprendido el Papa Francisco”, sumó.

– ¿De qué forma se podría ver expresada esa continuidad?
Creo que hay una continuidad de Francisco, pero con matices, pensando en que Prevost no está dispuesto a, por ejemplo, ceder ante la postura de que la mujer pueda acceder al sacerdocio. También se manifestó moderado respecto a la posibilidad de bendecir a parejas del mismo sexo, y apuntó a que esto debía ser evaluado de acuerdo al contexto cultural en el que se generaban las discusiones.
Sí tiene un elemento que es bien interesante y que podríamos denominar casi estratégico desde afuera. Y es que es un Papa norteamericano, pero que tiene una cercanía muy alta con América Latina, en un contexto donde el continente en total concentra sobre el 46% de los católicos del mundo. Asimismo, hay una suerte de nexo entre la mirada del norte, más cargada al conservadurismo o al tradicionalismo, y una mirada desde el sur que, a ratos, también aboga por ciertas transformaciones, ampliaciones o propuestas sobre la mesa que pueden ser, de alguna manera, controvertidas para los sectores más tradicionalistas.
– Al observar en detalle el sendero que podría tomar este nuevo papado, ¿dónde podríamos ubicar las sensibilidades sociales de este Pontífice?
Si analizamos el discurso que realizó hace pocas horas, podemos notar que coloca un acento bien fuerte en la búsqueda de la justicia. Por lo tanto, uno podría leer que va por la línea de justicia social, la caridad, estar de parte de los que más sufren, y que es algo en lo que Francisco tuvo un fuerte liderazgo. Por lo tanto, debiese continuar por la misma senda.
Me parece también interesante este vínculo que establece como representante de las periferias. Él habla en español y hace un saludo a su feligresía, con la cual compartió durante mucho tiempo en Perú. Siendo estadounidense, no habló en inglés en esta oportunidad, sino que lo hizo en italiano y español, y eso puede ser leído como algo bien simbólico, como un guiño a la región.

– Por otro lado, su llegada al Vaticano también hizo reflotar las denuncias que pesaban en su contra en Perú, donde se le acusa de encubrir casos de abuso sexual. ¿De qué forma puede impactar esto el inicio de su papado? ¿Puede ser un punto de presión para que tome rápidamente una postura sobre los abusos en la iglesia?
Me parece que eso es efectivo. Va a tener que enfrentar, sobre todo de aquellos sectores que van a comenzar a indagar en sus acciones pasadas, cuál fue su posicionamiento respecto a los casos de abuso sexual, de poder y de conciencia. En particular los que le tocó encarar durante su estancia en Perú.
Y ahí, nuevamente, creo que se va a colocar en el tapete la reacción por la posición que institucionalmente va a tener la Iglesia de aquí en adelante para continuar abordando estos casos. Ya hay algunas notas de prensa que destacan, efectivamente, esta idea de que habría tendido al encubrimiento, a trasladar sacerdotes acusados o denunciados de una diócesis a otra. Se le abre un flanco bien delicado, y que es nuevamente volver a posicionar la temática y aspirar a acciones que sean bastante más concretas respecto a cuestiones de orden estructural, y no solamente en el plano discursivo.
– Apelando a la tradición católica, ¿Qué implica que León XIV sea un Papa de formación agustina?
Significa que es partícipe de una orden histórica, de alrededor del año 1200, que tiene presencia en más de 40 países del mundo, y que comparte algunos elementos que son parte de su identidad. Entre ellos, el tema de la justicia, de la caridad, de la austeridad. Y es por eso que algunos de estos elementos permiten hacer un nexo con esta imagen de cercanía, de respaldo hacia los más necesitados, que son sellos de bastante proximidad con la feligresía. Es un Papa que, en este caso, y ya lo vimos desde el primer día, tiene bastante carisma, se nota bastante sencillo, y creo que eso también va a marcar parte de lo que es su pontificado de aquí en adelante.






