cargando ... | Santiago Tº: 4º mínima / 19º máxima

Juventud, sociedad civil y cambio institucional

Eduardo Saavedra Díaz

Juventud, sociedad civil y cambio institucional

Confieso que esta columna la escribo con entusiasmo y escepticismo. Entusiasmo, porque luego de más de dos décadas, vuelve a manifestarse libremente por las calles de Chile toda una generación de jóvenes, esta vez en contra de un sistema educacional, que juzgan indignamente desigual, impuesto por una institucionalidad heredada de una dictadura militar, subordinado a las altas esferas del poder económico y legitimado por una clase política, tanto de derechas como de izquierdas, que no los representa. Escepticismo de que se esté creando, por primera vez en nuestra historia republicana, una sociedad civil conformada por actores sociales independientes, capaces de demandar un auténtico cambio institucional.

Es dable pensar que más bien nos encontramos frente a un problema de “percepciones de la ciudadanía”, al que nuestra élite política debiera tomarle peso, como de buena fe planteó hace muy poco un joven columnista de centro-derecha. Si así fuera, bastaría con que los políticos mejoraran el cuidado de las “formas” de ejercer su poder para mantener (o restaurar) en las personas ese “convencimiento de justicia” llamado legitimidad, y que se traduce en el uso adecuado de los recursos o facultades económicas y jurídicas, así como de las estrategias o técnicas de persuasión en las creencias y emociones más arraigadas.

Sin embargo, cuando tal “convencimiento de justicia” ya no existe entre un número importante de personas, cuando éstas “perciben” que son las propias “formas” o reglas del juego las que no responden a sus preferencias o necesidades, entonces el problema ya no es un asunto de “percepciones” al que la clase política debiera poner atención, sino de legitimidad de las reglas. De modo que si estas últimas no se reputan legítimas o justas, porque precisamente no representan las pretensiones de muchos, sino más bien obedecen a los privilegios de unos pocos, es la institucionalidad misma la que debe cambiar.

Contra esto se podrá argüir que tal cambio es innecesario, porque la minimización de la injerencia estatal contra la que actualmente los jóvenes protestan, particularmente en el ámbito de la enseñanza universitaria, es lo que ha permitido proteger la libertad de los individuos en la esfera pública respecto del poder del Estado. Pero tal minimización, ¿acaso no ha dejado un enorme vacío en la esfera privada, donde quienes detentan mayor poder económico condicionan la vida de los que tienen menos poder en la sociedad?

¿Acaso la inversión privada en educación universitaria no ha sido fomentada por un indiscriminado aporte fiscal en detrimento de la educación técnico-profesional? ¿Acaso la formación de técnicos no es necesaria para calificar la mano de obra y, por consiguiente, mejorar los salarios y las condiciones del mundo trabajador? ¿Acaso la desigualdad de recursos económicos no está afectando, dese hace tiempo, el ejercicio de las libertades de los más débiles en el ámbito público, especialmente en lo que respecta a los derechos sindicales y la negociación colectiva?

Si en una democracia constitucional el poder del Estado debe ser limitado para proteger los derechos fundamentales de todas las personas, desde el momento que tales derechos asisten a los más diversos individuos y grupos que conforman el tejido social, por cierto que este cambio institucional –además de realizarse pacíficamente- debe ser promovido por iniciativa de una sociedad civil independiente de los intereses partidistas, que represente la compleja pluralidad de nuestra sociedad. Y no por actores políticos o grupos económicos, que han alcanzado tal nivel de desprestigio por causa de su excesiva contención de poder bajo el alero de la misma institucionalidad, que durante más de treinta años ha operado en función de sus privilegios.

En este sentido, la duda que me asalta es hasta qué punto esta revuelta social, encabezada por los estudiantes universitarios de nuestro tiempo, abrirá las puertas para crear una sociedad civil capaz de reivindicar un cambio institucional, que sea lo más representativo posible para el libre ejercicio de todos los derechos fundamentales: civiles, políticos, económicos, sociales y culturales. Más aún cuando tal ejercicio no sólo conlleva un cuidado de las “formas” por parte del poder político llamado a protegerlos, sino un esfuerzo responsable y serio de voluntad política por parte de quienes los detentan, los ciudadanos.

Sin embargo, soy optimista. Pienso que detrás de los cambios institucionales que demanda nuestra juventud no sólo está presente, en palabras de Max Weber, una “ética de la convicción” o aspiración de los ideales, sino también una “ética de la responsabilidad” o precaución de las consecuencias. Vale decir, no solamente una aptitud para defender los derechos, como el de una educación pública digna y de calidad igual para todos, sino además un conocimiento de los deberes, particularmente de tolerancia, empatía y respeto recíproco, para no alimentar la “excusa perfecta” del poder arbitrario y la tiranía; y así lograr que “la desastrosa herencia de la esclavitud económica”, como dijo el gran pensador Bertrand Russell, deje de dar forma a nuestros instintos y, consecuentemente, las relaciones humanas dejen de contemplarse de este modo.

Sería sea una verdadera ironía de la historia que la misma “sociedad de mercado” del Chile del siglo XXI –impulsada por economistas “neoliberales” durante la dictadura militar, mientras los jóvenes bailaban “Grease” o “Thriller” en las fiestas de toque a toque- desechara nada menos que a la Constitución de 1980 como mercancía política… El fantasma de Schubert y el sonido libertario de sus “Impromptus” insiste en hacerse oír desde el Conservatorio de la casa de Bello.

* Abogado. Egresado de magíster en Derecho Constitucional y Derechos Humanos, Universidad de Talca.

5 Comentarios

  • Thumb up 0 Thumb down 0
    avatar enrique dice:
    Es dificil ir a negociar con un gobierno que no ha concedido un ápice de sus posiciones ideológicas-mercantiles acerca de la conducción del país.
    Cuando lo acostumbrado en las negociaciones, es que en este caso dos partes, se encuentren para negociar, las cuales deben renunciar como mínimo, a la mitad de su tabla de intereses, en aras de lograr una negociación que arribe a buen puerto.
    La gente lo dice hasta el cansancio. Las soluciones mercantiles a los conflictos políticos, no funcionan.
    Si hacemos un seguimientos de todas las medidas adoptadas por este gobierno, ninguna ha funcionado en la practica! Lo que ha logrado este gobierno ha sido cero!
    Y la plata sigue entrando, y que hacen? Muestrán ufanos un crecimiento del 6%! Haciendonos creer que es mérito de ellos.
    Todos entienden que eso es solo estadisticas publicadas por el mercado de los metales.
    El crecimiento real, es igual a cero!
    Eso todos lo sabemos, y es uno de los motivos latentes del descontento.
    Este gobierno es uno de los mas ineptos para la historia de Chile.
    Otra cosa es, si seguimos las estadisticas de los contratos logrados por los empresarios, en medio de toda esta trifulca. Se han hecho diez veces mas ricos!
    El que ideologiza acá, es este gobierno dogmatico.
    Que se plantea a negociar con estudiantes, profesores, y academicos de la educación, con actitud de tener al frente al PC de los años 70.
    Habráse visto, que dogmatismo e ideologización?!
  • Thumb up 0 Thumb down 0
    avatar Eduardo Saavedra Díaz dice:
    Antes que todo, agradezco a Enrique, Rodrigo y Manuel por sus comentarios. A Rodrigo: Sí, la participación es un elemento esencial para el funcionamiento de una democracia que se precie de tal, en todos los órdenes sociales, incluso más allá del orden estrictamente político. De ahí que sea necesario el fortaleciiento de una sociedad civil, conformada por actores independientes, capaces de concitar el apoyo ciudadano para demandar cambios a la burocracia, sobre todo cuando los actores políticos ya no son los que dibujan el mapa social, y además están desintonozados con la realidad social del país, que de hecho está cambiando muy radicalmente. Te recomiendo un libro que trata de manera bastante entretenida estos temas: "La democracia liberal y su época" de C.B. Macpherson (Ed. Alianza). A Manuel: En efecto, los jóvenes que hoy se manifiestan no están buscando abrir puertas para crear una sociedad civil, sino -como bien dices tú- cambiar este sistema educacional, que ha sido la principal fuente de nuestra desigualdad. Sin embargo, lo que intento decir es que independiente del propósito inmediato de estos jóvenes, su masiva movilización, nunca antes vista, podría llegar a ser una gran oportunidad para que, por primera vez en la historia republicana de Chile, logremos tener una sociedad civil fuerte, que sea capaz de demandar aquellos cambios institucionales, que -precisamente- son indispensables para superar esta indignante desigualdad, que está afectando desde hace tiempo la dignidad de muchos seres humanos que residen en este territorio, sean nacionales o extranjeros. Desigualdad que, por cierto, está afectando el ejercicio de las libertades públicas en quienes tienen menos poder en la sociedad. ¿Será esta una gran oportunidad de tener sociedad civil? ¿Será bien aprovechada? De ahí mi escepticismo. Un fraternal saludo.
  • Thumb up 0 Thumb down 0
    avatar Manuel dice:
    Excelente artículo. Sin embargo me parece que lo que los estudiantes buscan - y esto es perfectamene legítimo - no es abrir "las puertas para crear una sociedad civil capaz de reivindicar un cambio institucional"; sino cambiar un sistema educacional que ellos estiman está en la base de las desigualdades que precisamente no le permite a la mayoría participar de los beneficios que la institucionalidad imperante genera.

    Muchos saludos a todos!
  • Thumb up 0 Thumb down 0
    avatar Rodrigo Lara Fernández dice:
    Las actuales demandas sociales no son fruto del azar, no son una epifanía esporádica, ni menos accidentales. Las cuestiones políticas que actualmente ocupan la atención de intelectuales, académicos y politólogos (más no de los medios de comunicación), dicen relación con gastados y desarticulados engranajes sociales, que quedaran desmantelados por la historia golpista, usurpante y mercantilista, y que se profundizaron reposadamente en un caldo amargo, ponzoñoso y turbio durante las últimas décadas.
    Existe un tejido social que fuera deshilachado por la intervención de la fuerza y la imposición del neo-liberalismo individualista y consumista. Este tejido, ha mantenido ciertas fibras que durante muchos años se han ido componiendo, pese a las formas y procesos de nuestro mal denominado "desarrollo". Lo que vemos en las calles de Chile, las marchas estudiantiles y las tomas, las protestas en Dichato, las reclamaciones por el Cobre, el cansancio de los Pueblos Originarios, entre tantas otras expresiones de hastío; representan la punta de una maquinaria, de una sub-estructura social que bajo la tierra, en las sombras, se ha ido levantando, reclamando justicia, igualdad, libertad y ante todo: la reivindicación de su pisoteada DIGNIDAD.
    Hay una esencia que ha quedado en esta sociedad fragmentada, es la memoria que se ha multiplicado, que ha corrido de antiguas bocas a nuevos oídos. Esta memoria, repleta de historias tristes, románticas e idealistas, ha nutrido a nuevas generaciones que no solo creen, están seguros, que otro Chile es posible.
    Es necesario reencontrar políticamente a esta juventud, volver a los espacios democráticos, recuperar las voces, la valentía y la unión. Pues sin organización política, no hay futuro que viable a la gran demanda social.
    Es misión de todos el volver a encantar al pueblo con estas memorias pisadas, fomentar la esperanza, invertir en soñadores y conquistar nuevamente el espacio que los dirigentes traicioneros vendieran por tan poco: Un Chile participativo, comunitario, educativo y entusiasmado.
    ¡Gracias a la juventud por despertar aquella bestia adormecida, y gracias a los viejos por recordarnos su valor y su ejemplo!
  • Thumb up 0 Thumb down 0
    avatar enrique dice:
    Interesante; La clase política se tiene que cambiar el traje, pero hay un problema. Todas las prendas disponibles en el mercado político de la ropa, tienen la particularidad de que las prendas superiores (chaquetas, blusas) llevan rayas verticales y coloridos chillones.
    Las prendas inferiores (pantalones, faldas) llevan rayados horizontales,y son de colores oscuros!
    Es el gran dilema de esta clase, LA CLASE POLÍTICA, el que la vestimenta no hace juego con su imagen, haciéndose el hazme reír, de toda la farándula política.
    Esta ridiculez es representada en las protestas carnavales, para el jolgorio de la gente.
    Esta observación puede parecer tragicómica, y lo es.
    La clase política tiene DUALIDAD de personalidad como distorsión.
    Por su estilo de vida, sus valores, sus haberes, le correspondería reconocerse en lo que se denomina como la economía del libre mercado y el lucro.
    Esa descripción de personalidad, sería la que realmente le corresponde, la que le permite relacionarse armónicamente con su medio.
    La distorsión es, el tipo de personalidad investigativa acerca de las posiblidades de abrirse otros caminos, sin disputas jerárquicas, ya que las neuronas que conforman este tipo de personalidad, gozan de rango inferior en esta contradicción entre estas dos personalidades, considerandose la última como una distorsión, que tiene que ser rigurosamente tratada, para volver al orden establecido a una PERSONALIDAD sana, a saber.
    Fuera de todo esto, es otro mundo el que nace, como en apretado parto.
    Nos promete el nacimiento de algo único, nunca visto, que será?!
    Eso está por verse!