La guerra en Ucrania parece estar viviendo sus últimos momentos, o al menos, ha entrado en una nueva fase. La confirmación de una eventual reunión entre los presidentes de Rusia y Estados Unidos abre la puerta a una salida negociada.
Aunque el Kremlin calificó el diálogo como “constructivo”, las exigencias rusas —como la renuncia de Ucrania a la OTAN— siguen siendo inaceptables para Kiev. Mientras, Washington intensifica sanciones a India y China por comerciar con Moscú.
En respuesta a los dichos del expresidente ruso, Dmitri Medvedev, quien afirmó que “cada nuevo ultimátum es un paso hacia la guerra”, el jefe de la Casa Blanca tomó “precauciones” en caso de que las declaraciones fueran “más que solo palabras”.
La semana pasada un nuevo conflicto armado entre dos países sacudió al mundo, esta vez en el Asia-Pacífico, Tailandia y Camboya viven uno de los momentos más tensos en sus relaciones diplomáticas y militares. La razón: fronteras de la época colonial.
Ciudades ucranianas vivieron las primeras manifestaciones masivas contra Zelenski por una ley que debilita las agencias anticorrupción. En las negociaciones, Moscú exigió concesiones territoriales y Kiev rechazó la legitimación de la ocupación rusa.
Las cifras, reflejadas en las madres que ven morir a sus hijos por desnutrición, superan cualquier umbral de humanidad. Al mismo tiempo, las Fuerzas de Defensa de Israel amplían sus operaciones militares en el centro del enclave palestino.
La ofensiva israelí responde a la escalada de violencia entre comunidades en Sweida, donde milicias enfrentadas han dejado cientos de muertos. Tel Aviv actúa en defensa de una minoría aliada, mientras Damasco denuncia una violación a su soberanía.
La Fundación Humanitaria de Gaza está en el foco de la críticas: más de 800 palestinos han sido asesinados cuando buscaban ayuda. Mientras, Israel avanza con un plan para encerrar a 2 millones de gazatíes en una “ciudad” vigilada.
Mientras el Kremlin intensifica los bombardeos contra su adversario, el jefe de la Casa Blanca articula una respuesta inédita: los aliados europeos financiarán los sistemas antiaéreos y Washington dispondrá el armamento.
Mientras las bombas y el hambre siguen matando a miles de personas en el enclave, las negociaciones en Doha avanzan lentamente. Por otro lado, Estados Unidos impuso sanciones a la relatora especial para Palestina de la ONU.
La avanzada militar rusa en territorio ucraniano, el giro de Trump respecto al conflicto, acusaciones de espionaje y las críticas de la UE por el apoyo inquebrantable de China a Rusia diluyen las alternativas para dar fin a la guerra.
En medio de intensos ataques a Gaza, los líderes de Estados Unidos e Israel defendieron el desplazamientos de la población palestina durante su encuentro en Washington. Organizaciones humanitarias denuncian hambruna y ataques a civiles en la Franja.
Con tropas agotadas y menos armas, Kiev resiste una ofensiva que mezcla avances territoriales y ataques a civiles. Aprovechando la distracción mundial, Moscú presiona al enemigo mientras busca rearmarse urgentemente.
Washington impulsa una tregua de 60 días en el enclave palestino. La comunidad internacional exige frenar la catástrofe, que ya acumula más de 56 mil muertos, pero las posiciones enfrentadas entre Netanyahu y Trump complican el camino a la paz.
Mientras Irán e Israel se enfrentaban, los ataques rusos contra Ucrania aumentaban. La reciente cumbre de la OTAN reforzó el apoyo a Kiev, pero también reveló divisiones y una estrategia occidental que se redefine frente a la amenaza rusa.
Trump anunció la tregua entre Irán e Israel, pero los bombardeos continúan y ambas partes se acusan de violarla. Mientras se celebran supuestas victorias, persisten dudas sobre el futuro del programa nuclear iraní y la estabilidad regional.
Mientras aún no hay confirmaciones oficiales de ningún lado, esto es lo que se sabe sobre la supuesta tregua entre Irán e Israel. En paralelo, siguen los bombardeos en Teherán, Irán.