Las alertas sobre los riesgos de la inteligencia artificial aumentan, pero también la carrera por desarrollarla. Estados Unidos y China temen que frenar primero entregue al rival una ventaja capaz de transformar el poder global.
La experiencia colombiana muestra que la paz no comienza cuando termina la violencia. Lo anterior, fue parte de las reflexiones de un seminario que se realizó en la Universidad de Chile. Los desafíos: fortalecer instituciones, diálogo y prevención.
El enfrentamiento entre Washington y Teherán se mantiene en una fase de estancamiento, sin espacio para la diplomacia. La prolongación del conflicto, las nuevas escaladas y las restricciones energéticas vuelven a presionar al alza del petróleo.
Sabotajes, amenazas, cierres diplomáticos, sanciones y nuevas operaciones militares empujan a Moscú y a la UE hacia una confrontación que desborda cada vez más las fronteras ruso-ucranianas.
La guerra contra Teherán no ha reordenado Medio Oriente como esperaba Washington. Irán sobrevivió, los aliados diversifican su seguridad y China gana espacio en una región cada vez más multipolar.
La visita del director de la CIA a Moscú revela el nivel de preocupación estadounidense sobre que Rusia, presionada por el desgaste interno y militar, prepare tras las elecciones de septiembre una nueva fase de movilización y escalada sobre la OTAN.
Ante los comicios parlamentarios del 27 de octubre en Israel, el rechazo de Netanyahu al nuevo plan para la Franja vuelve a trabar negociaciones para desarmar a Hamás, mientras millones de palestinos siguen atrapados entre el hambre y las bombas.
El pacto redefine la seguridad regional. Aumenta la disuasión entre los tres países, pero también conecta crisis antes separadas y eleva el riesgo de que una guerra local termine arrastrando a otros actores.
Washington negocia la reapertura del corredor marítimo tras fracasar en sus objetivos iniciales, mientras Teherán busca convertir su resistencia militar en poder político y control regional.
Tres movimientos en los últimos días encendieron las alarmas en los mercados y en Occidente, que ve cómo el desarrollo propio del gigante asiático en semiconductores e inteligencia artificial desafía los bloqueos sin pedir permiso.
Pekín es uno de los actores más relevantes y menos visibles de la crisis en Medio Oriente. Pero si la guerra escala y se cierran rutas como Ormuz y Bab el-Mandeb, al gigante asiático podría no quedarle palancas para evitar una crisis global.
La guerra entre Estados Unidos e Irán escala en el estrecho y amenaza con extenderse a Bab el-Mandeb, abriendo un escenario de mayor presión sobre el petróleo, el comercio marítimo, la inflación y la estabilidad económica global.
Donald Trump aseguró que dispone de hasta un millar de proyectiles preparados para responder a Irán si la República Islámica concreta sus amenazas y atenta contra la vida del mandatario estadounidense.
EE.UU. busca imponer condiciones por la fuerza, pero enfrenta un dilema: evitar el control iraní sobre el estrecho de Ormuz sin que eso derive en una escalada difícil de contener, sin abrir otra guerra larga y sin desestabilizar el petróleo mundial.
La cumbre de la organización transatlántica en Ankara abre una nueva etapa de la alianza. Trump empuja a Europa a gastar, producir y asumir más defensa, mientras Estados Unidos redefine su liderazgo global avanzando a nuevos frentes.
El barril de petróleo West Texas Intermediate (WTI), de referencia para EEUU, subía un 6,5%, hasta 75,05 dólares, también en máximos desde el pasado 22 de junio, tras haber llegado a estar a punto de bajar de 67 dólares hace menos de una semana.
Rusia intensifica ataques masivos mientras Ucrania golpea su economía energética. El conflicto se redefine más allá del frente, con desgaste asimétrico, presión interna en ambos países y un equilibrio cada vez más frágil que amenaza con romperse.