El conflicto entre Irán, Israel y EE.UU. acelera el quiebre del orden en Medio Oriente, expone la fragilidad del comercio energético global y redefine alianzas, dando paso a un escenario multipolar marcado por la inestabilidad.
El canciller iraní, Abás Araqchi, se reunirá este lunes en San Petersburgo con el presidente de Rusia, Vladimir Putin, luego de responsabilizar a Estados Unidos por el colapso de la última ronda de diálogo en Pakistán.
EE.UU. e Irán se acercan a un punto crítico entre bloqueo naval, presión militar y diplomacia al límite. El Estrecho de Ormuz tensiona la economía global y fractura a la OTAN, mientras el mundo entra en cuenta regresiva.
El Ejército israelí atacó posiciones de Hezbolá en territorio libanés, desafiando el cese de hostilidades de tres semanas que Irán exigió para frenar la escalada regional.
La guerra en el sur del Líbano escala con miles de muertos y más de un millón de desplazados. Bombardeos, ocupación y una tregua frágil configuran una crisis que revive el fantasma de Gaza y evidencia la parálisis internacional.
Aunque se logre un acuerdo en Medio Oriente, la crisis ya gatilló una escalada en el precio de los combustibles, una crisis de insumos para la minería y la agricultura, y reavivó viejas tensiones por el control del Estrecho de Magallanes.
El canciller iraní declaró que el paso permanecerá abierto durante la tregua. El presidente Donald Trump celebró la noticia pero afirmó que el bloqueo de EE.UU. a puertos iraníes seguirá hasta que haya un acuerdo.
El partido-milicia chií Hezbolá aseguró este viernes que sus milicianos “tienen el dedo en el gatillo” ante posibles violaciones por parte de Israel del alto el fuego de diez días pactado el jueves, tras cerca de un mes y medio de combates.
La guerra en Medio Oriente no solo tensiona la región, sino que profundiza una crisis entre Estados Unidos y Europa. La OTAN enfrenta fracturas internas, dudas sobre el compromiso de Washington y una Europa que ya no quiere depender de Washington
Si bien el anuncio de una tregua de dos semanas suspende momentáneamente la escalada, la factura de más de cinco semanas de guerra contra Irán ya asciende a varias decenas de miles de millones de dólares para Estados Unidos.
El presidente estadounidense ha modificado sus plazos en cuestión de horas, mientras se ejecuta la primera fase de una estrategia llamada “Golpe Final”, que incluye bombardeos a infraestructura crítica petroquímica, universitaria y de inteligencia.
Las autoridades iraníes advirtieron que el paso marítimo ha cambiado su estatus de forma permanente tras la ofensiva de Estados Unidos e Israel, y que ningún país podrá transitarlo sin permiso de Teherán.
Este conflicto bélico no trata solo de geopolítica: también refleja profundas tensiones religiosas. Desde la división entre suníes y chiíes hasta visiones mesiánicas en Irán, Israel y EE.UU. Las hostilidades mezclan poder, fe e historia.
Frente a los reparos por las medidas del Gobierno, el Mandatario aseguró que “hoy día vivimos una crisis mundial que nadie esperaba” y responsabilizó a la administración anterior por el estado de las finanzas públicas.
“No ha habido ninguna negociación con EEUU”, afirmaron en Teherán, acusando a Donald Trump de querer manipular el precio del crudo, el que se mantiene con un comportamiento volátil ante la posibilidad de que la guerra se alargue más de lo esperado.
El mandatario dio un nuevo giro de 180° con respecto a Irán. Pasó de dar un ultimátum de 48 horas a dar un plazo de cinco días para negociar, tras supuestas conversaciones que niega Teherán. Mientras los mercados se calman, los bombardeos siguen.
El académico de la Universidad de Chile señaló que pueden hacerse modificaciones al mecanismo, tal como propone el Gobierno, más no se debe eliminar del todo debido al complejo efecto que tendría en la población.