El analista internacional ve poco probable que Trump declare una guerra armada, entre otros factores, porque no es una medida popular. “Si se van a meter en Venezuela va a ser a través de acciones específicas”, pronosticó.
El presidente Donald Trump afirmó anoche que el despliegue naval estadounidense en las costas de Venezuela es “solo un bloqueo”, tras los rumores de que declararía la guerra contra el régimen de Nicolás Maduro.
Hasta este momento, ni la Casa Blanca ni el Departamento de Estado han confirmado que el mensaje presidencial vaya a contener una declaración de este tipo o el anuncio de una acción militar contra el país petrolero.
La designación del régimen de Nicolás Maduro como una organización terrorista y el bloqueo naval de sus recursos marcan un giro tanto legal como militar del conflicto, que revive los fantasmas de Irak y amenaza con desestabilizar a toda la región.
Detrás de la presión de Washington contra Caracas no solo está la lucha contra el narcotráfico, sino también una contienda entre la Casa Blanca y las grandes empresas energéticas que ven como riesgosa una intervención en Venezuela.
La llegada de José Antonio Kast a La Moneda abre un nuevo ciclo en el rumbo internacional de Chile. Alineamientos estratégicos, seguridad regional, litio, migración y pragmatismo económico se perfilan como ejes de acción en un mundo fragmentado.
El mandatario estadounidense reiteró que comenzará ataques por tierra contra objetivos relacionados con el narcotráfico que ingresa desde Venezuela a EE. UU. Incluso, mencionó que estas operaciones no necesariamente serán en territorio Venezolano.
Washington eleva la presión sobre el país petrolero y advierte ataques inminentes, mientras el régimen busca apoyo de Rusia y crece la posibilidad de una transición liderada por María Corina Machado en medio de una latente crisis regional.
La fiscal general estadounidense, Pam Bondi, aseguró el jueves que el buque cisterna incautado fue utilizado durante años por Venezuela e Irán para transportar crudo a pesar de las sanciones internacionales en su contra.
La líder opositora venezolana valoró la ayuda del presidente Donald Trump para llegar a Oslo. Desde Caracas, acusaron a Washington de “apropiarse ilegítimamente” del petróleo venezolano, luego de que incautaran un buque en el mar Caribe.
El doctor en Estudios Americanos analizó los intereses geopolíticos detrás del Nobel de la Paz. Para el académico, el galardón responde a una estrategia de Washington para presionar al gobierno venezolano y redibujar la influencia en la región.
La líder de la oposición venezolana María Corina Machado reapareció el jueves en público por primera vez en casi un año, un día después de ausentarse de la ceremonia de entrega del Premio Nobel de la Paz en Noruega, recogido por su hija.
Tras meses de vida en la clandestinidad y en medio de críticas por su cercanía a EEUU e Israel, la líder opositora venezolana arribó a Oslo para recibir un galardón que reaviva el debate sobre el destino democrático de Venezuela.
Ana Corina Sosa recibió el galardón en nombre de la líder opositora venezolana. Por su lado, el presidente del Comité Noruego, Jørgen Watne Frydnes, instó a Nicolás Maduro a renunciar a su cargo para sentar las bases hacia una “democracia”.
Mientras la candidata oficialista acusó al republicano de entregar datos falsos y evadir preguntas, éste insistió en que el dilema del próximo domingo será “entre continuidad y cambio”.
EEUU vuelve a enfocar su poder en Latinoamérica. Migración, crimen organizado y el freno a la influencia china marcan el “Corolario Trump”, una actualización de la Doctrina Monroe que deja a Venezuela en el centro de su prioridad militar y política.
Nicolás Maduro propuso acuerdos de seguridad con países vecinos para luchar contra bandas criminales y narcotráfico, alardeando que su país ya venció a grupos como el Tren de Aragua, al que Estados Unidos designó recientemente como terrorista.